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Carnaval, pinceladas de su historia hasta que tuvo periodicidad anual

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Félix O. Martín Sárraga. Revisión monográfica. 2016.


Al lector asiduo de nuestros artículos de investigación y conferencias no le pilla de sorpresa al binomio Carnaval – Estudiantinas y su relación con las Tunas Universitarias actuales, pero no se ha abundado en lo relacionado a su aparición y primeros desarrollos salvo las pinceladas aportadas por Asencio González. Es por ello que, basándonos en datos aportados por la magnífica obra de Buezo Canalejo y aprovechando que mañana comienzan los tres días de Antruejo, nos decidimos a escribir estas líneas.

Con referencias a las Saturnales romanas (en las que amos y criados comían juntos y se permitía a los segundos criticar a los primeros), el Carnaval español se desarrolla en «en función –y como contraposición» a la idea cristiana de la entrada de la Cuaresma y la llegada del ayuno». De esta manera Buezo Canalejo (1) comenta que los nombres más antiguos hacen referencia a ello de una u otra manera:

- Carnal: que se puede comer carne.

- Carnestolendas: que la carne ha de abandonarse.

- Antruejo: introducción o introitus al ayuno.

Es importante señalar que en los tres días de Carnaval (los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza) desaparecía la jerarquía social, tan marcada durante la Edad Media, con lo cual se vivía en la fantasía de que todas las personas eran iguales. Durante este breve periodo de tiempo se parodiaba todo y se invertía la lógica de las cosas, incluyendo los roles de género.

Junto a todo tipo de desenfreno la otra característica del Carnaval era la gula, de lo cual aporta buena idea el entremés de Calderón de la Barca titulado «Las Carnestolendas», que dice:

«¡Oh, loco tiempo de Carnestolendas,

diluvio universal de las meriendas,

feria de casadillas y roscones,

vida breve de pavos y capones

y hojaldres, que al doctor le dan ganancia,

con masa cruda y con manteca rancia».

Comenta la referida investigadora que «a partir de mediados del siglo XVII los ritos y divertimentos carnavalescos populares entran en un proceso de falsificación y empobrecimiento progresivos» que considera consecuencia de la regulación de la vida festiva por parte del Estado y por hacerse cotidiana la fiesta en la vida privada y doméstica.

Durante la época de los últimos Austrias, principalmente con Felipe IV, las celebraciones festivas públicas y privadas alcanzaron su esplendor, coincidiendo con un periodo de crisis socioeconómica que se agravaría posteriormente con el reinado de Carlos II (1665-1700).

Las fiestas regias tenían lugar «en cualquier época del año con lujosas mascaradas a caballo», de noche y con hachones (antorchas), llegando a participar en alguna de ellas el propio Felipe IV. Sobre estas mascaradas leemos en la “Dicha y desdicha del hombre” de Calderón de la Barca:

«Mira: un capote, un sombrero,

un hacha, una mascarilla,

mezclándote a la cuadrilla

de cualquier disfraz, primero

lo hace todo…»

Este modo de diversión era popular, habiendo entre los integrantes de estas cuadrillas personas de la nobleza, gremios, estudiantes de colegios y universidades («las tradicionales ‘estudiantinas’»), iglesia y vulgo según la siempre citada autora, que apunta que cada una de ellas finalizaban en sus respectivos domicilios lógicos: las de la nobleza en casa de nobles o en palacio, las estudiantiles en colegios o universidades, las gremiales en la sede social de su gremio, y las eclesiásticas en templos y conventos.

Estudiantina - El Fandango1845

Estudiantina 

Las máscaras se prohibieron en varias ocasiones, constando que en 1523 las Cortes de Valladolid vetaron su uso en el reino «para evitar los males que se derivaban del ocultamiento del rostro». Se dictó, por Carlos V un doble rasero para quién desobedeciera: «Si fuere persona baja la enmascarada le den azotes públicamente, y si fuere persona noble la destierren de la ciudad»; dictando su hijo Felipe II pragmáticas similares.

No obstante las prohibiciones hay constancia que señala que no se abandonó el uso de máscaras pues el municipio de Madrid organizó una mascarada en 1570 para celebrar la entrada en la Villa de la reina Ana, esposa de Felipe II; otra en 1590 por la llegada de Dª Margarita, esposa de Felipe III; y en 1608 por la jura de Felipe IV, rey que finalmente las impulsó… celebrándose mascaradas casi ininterrumpidamente entre 1621 y 1640 (antes de la decadencia política y militar).

También hubo grandes festejos en 1649 para celebrar la entrada en Madrid de la nueva reina y relacionadas con el nacimiento del heredero de la Corona, el príncipe Felipe Próspero, pero los habidos en 1661 para celebrar el nacimiento de Carlos II superaron a todos los precedentes. No obstante, con la muerte de Felipe IV terminó un periodo de diversión constante, no recuperándose esplendor palaciego con su hijo Carlos II ni con los primeros Borbones, reyes austeros inmersos en una época de cambios políticos y guerras. 

Mascarada de los barrios bajos - La Ilustracion Espanola y Americana 1873

Mascarada de los barrios bajos de 1873

Hubo celebraciones en 1701 por la entrada de Felipe V, destacando la derivada de la toma de Portugal en 1704 por dicho rey en la que salió a la calle un carro triunfal tirado por un burro, un caballo y una mula en el que «aparecían ridiculizados el reino de Portugal y la reina de Inglaterra». También hubo celebraciones para recibir a Felipe V tras su campaña bélica en la que, además de los carros, hubo músicas, y en las que los integrantes de los diferentes gremios tuvieron una participación importante.

Felipe V prohibió las máscaras en bandos dictados en 1716, 1717, 1719 y 1745, señalando Buezo Canalejo que «si se reiteraron estas leyes  ello es prueba de su incumplimiento», prueba de lo cual es que en 1722 los gremios sacaron a la calle un carro triunfal y una mascarada de doscientas parejas para celebrar los enlaces reales de la Infanta Dª Mariana Victoria y del príncipe de Asturias con Dª Isabela de Borbón. También hubo mascaradas en 1725 para conmemorar la llegada a la Corte de los reyes con la infanta María Ana Victoria, y otra en 1732 para las fiestas de Madrid.

Carnaval de Madrid - 1888

Carnaval de Madrid de 1888

Aunque Fernando VI no derogó las prohibiciones dictadas por su padre, su coronación en 1746 se celebró con una mascarada en Madrid con carro triunfal a cargo de diversos gremios. En Sevilla una mascarada con carro triunfal en 1747 para celebrar la exaltación al trono de Fernando VI y Bárbara de Braganza (3). El resurgir de las máscaras tuvo lugar durante el reinado de Carlos III, discurriendo una mascarada con carros alegóricos en 1765 con motivo de la boda regia entre Carlos Antonio (hijo de Carlos III) con la princesa de Parma; y en 1767 se introdujeron los bailes en el teatro. 

Carro triunfal de la Alegria que desfilo en Sevilla en la Mascara organizada con motivo de la exaltacion al trono de Fernando VI y Barbara de Braganza 1747 - Asencio Gonzalez. Historia de la Tuna. Conferencia. Museo Thyssen. Malaga. 2-5-2014

Carro triunfal de la Alegría que desfiló en Sevilla durante las mascaradas organizadas por la exaltación al trono de Fernando VI y Bárbara de Braganza en 1747 (3)

También apunta la aludida investigadora que hubo carros triunfales, mascaradas y bailes para conmemorar la proclamación de Carlos IV en Écija, Ejea de los Caballeros, Málaga, Ronda, Tauste y otras poblaciones; y que ciudades como Zaragoza, celebraron en 1814 la vuelta de Francia de Fernando VII con celebraciones similares, habiendo datos que apuntan que en Madrid se abrieron  casas particulares para celebrar bailes de máscaras.

Es bajo la regencia de María Cristina que se autoriza a las sociedades y teatros a realizar bailes públicos y se autoriza el Carnaval, que a partir de 1836 pasa a poderse realizar anualmente. Muestra de su arraigo inmediato en la ciudadanía se sabe que en 1855 se publicó que «los gastos referidos al Carnaval habían llegado a 4,600.000 reales en entradas de teatro, trajes, coches y comidas, sin incluir vinos y licores. Diez años más tarde desfilaron 1.223 carruajes por la plaza de la Cibeles». Para esta época ya venía cobrándose una tasa por desfilar dado que Buezo Canalejo comenta que «aunque la tarifa se había elevado a trescientos reales, resultaba empresa árdua encontrar uno [carruaje] disponible durante los Carnavales de 1871»

Carnaval de 1901 

Dibujo de Méndez Bringa sobre la mascarada de 1901 para celebrar la boda de la princesa de Asturias con Carlos de Borbón (2)

Es este el preámbulo y entorno histórico en el que, a partir de 1836, surgen las comparsas de escolares que, por vestir con ropa talar y manteo (indumentaria abolida en 1835 por la regenta María Cristina) dieron en llamarse ‘estudiantinas’ y que, en el periodo comprendido entre 1870 y 1930, generalizadamente cambiaron su denominación por ‘tunas’ para diferenciarse de las que les copiaron vestimenta y denominación pero no estaban conformadas por verdaderos estudiantes.

Mascaras - 1934

Máscaras carnavalescas de 1934

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Ilustraciones:

Estudiantina: El Fandango. 15-02-1845.

Mascarada de los barrios bajos de 1873: La Ilustración Española y Americana. 1873 (únicos datos aportados en la subasta en quye se compró).

Carnaval de Madrid de 1888: La Esfera, 1888 (únicos datos aportados en la subasta en quye se compró).

Máscaras de 1934: Crónica (Madrid). 01-02-1934.

Fuentes:

  1. Buezo Canalejo, C. El Carnaval y otras procesiones burlescas del viejo Madrid. Editorial Avapiés. Madrid. 1992.
  2. Blanco y Negro 16-02-1901.
  3. Asencio González, R. Historia de la Tuna. Conferencia impartida en el Museo Thyssen. Málaga. 2 de mayo de 2014.

Publicación: 06/02/16