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El goliardismo en España coincidió con el dominio islámico en gran parte de la península

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Félix O. Martín Sárraga. Investigación personal. 2012.


Los datos históricos hallados señalan que la herencia goliárdica en España hunde sus raíces en la Francia del siglo XII con el nacimiento de los primeros Estudios. Los goliardos, también llamados "clericis vagantes", eran:

 

a) estudiantes (generalmente tonsurados) que habían recibido algunas de las órdenes menores a fin de disfrutar de ciertos beneficios eclesiásticos, aunque sin aspiraciones de alcanzar la dignidad sacerdotal; o 

b) monjes giróvaros que, por no sujetarse a la vida regular de los cenobitas y anacoretas, escapaban de los monasterios. 

 

Llevaban una existencia errante y disoluta frecuentando burdeles y tabernas en el camino entre las ciudades, proporcionando entreteniendo al pueblo con sus bufonadas y canciones  para ganarse el sustento. Sólo les interesaba el amor carnal  en su particular mundo de borracheras, partidas de dados e historias de cama, y se  situaban siempre en una postura crítica ante todo, especialmente contra la eclesiástica (1). 

 

Escena de carnaval. Cuadro de Goya 1746-1828. Coleccion Casa Torres

 

Escena de carnaval. Cuadro de Goya (1746-1828). Colección Casa Torres (A)

 

 

Para comprender mejor el momento histórico en el que este movimiento goliárdico tuvo lugar en España hemos de conocer los valores que tenía la sociedad que habitaba la península ibérica entonces puesto que, desde el año 711, la mayoría del territorio peninsular estaba en poder musulmán y se llamó al-Ándalus, territorio en el que el Islam decretaba la obligación religiosa de dar limosna al escolar, particularmente a modo de alimento (6). El escaso territorio restante era cristiano (que fue creciente hasta 1492, fecha en que se dió por finalizada la Reconquista), constituyó inicialmente una estrecha franja del norte peninsular y sería el escenario potencial de los goliardos de la época. 

 

En este entorno, y a pesar de que en las sátiras goliárdicas al estado clerical subyacía un espíritu pagano, los goliardos eran perfectamente católicos y sus críticas nunca se dirigían contra la fe y ni los dogmas religiosos. Aun así, la base libertaria que sustentaba al goliardismo nunca fue vista con buenos ojos por la Iglesia y el orden social establecido. 

 

La Iglesia endureció sus críticas al extenderse geográficamente el movimiento goliárdico, cambiando su indiferencia inicial en condena directa que tomaba como pretexto “la vida licenciosa de los clérigos, el hecho de que parodiasen la liturgia y acaso el que algunos introdujesen espectáculos o pantomimas en las Iglesias". De esta manera acontecieron algunas decisiones eclesiásticas (1): 

  

▪   Concilio de Tréveris (1227): prohíbe a los “vagos scholares aut goliardos” que participaran en el oficio divino al Sanctus y al Agnus Dei, cantando versos como “Item praecipimus ut omnes sacerdotes non permittant trutannos et alios vagos acholares aut goliardos cantare versus super Sanctus et Agnus Dei aut alias in missis vel in divinis officiis”.

▪   Concilio de Valladolid  (1228): los obispos de Castilla y León establecieron que “Todos los clérigos diligientemente se aguarden muy bien de gargantez et de bebedez, et que non usen de los oficios desonestos de los quales usan algunos legos. Item stablecemos que los clérigos no sean en compañas do estan joglares et trashechadores, et que escusen de entrar en las tabiernas, salvo con necesidat et con priesa, non lo podiendo escusar yendo de camino; et non joguen los dados nin las tavlas”.

▪   Sínodo de Lieja  (1287): prohibió a los clérigos el ejercico de ciertas profesiones tenidas por viles, entre ellas las de histrión y goliardo. 

▪   Concilio de Salzburg  (1291):  cargó nuevamente contra los “escolares vagabundos que se profesan clérigos”, a los que describe muy vivamente como miembros de la “sectam vagorum scholarium” manifestando “Licet contra quosdam sub vagorum scholarium nomine discurrentes, scurriles, maledicos, blasphemos, adulationibus importune vacantes, qui se clericos in vituperium clericales ordinis profitentur, nonnulla pio zelo pro salubri forum correctione emanaverint instituta, ex his tamen nullus fructus aut modicus iam provenit. Publice nudi incedunt, in furnis iacent, tabernas, ludos et meretrices frequentant, peccatis suis victum emunt… Ideoque… denunciamos in hac sacra sínodo, sub poena privilegii clericales, publice prohibentes, n equis sectam vagorum scholarium reprobatam assumat, seu in ea permaneat, vel eam exercere praesumat". 

Casi finalizado el siglo XII, en 1298, el Papa Bonifacio VIII añadió a los 5 libros de las Decretales de Gregorio IX el Liber Sextus, que contenía el siguiente mandato: “Los clérigos que no lleven con dignidad sus órdenes, y hagan de juglares, goliardos o bufones, sean amonestados por ello, y si a la tercera advertencia no se corrigen, príveseles de todo privilegio eclesiástico” (1), poniendo mayor cerco a los goliardos. 

  

Con posterioridad a esa fecha se siguieron produciendo concilios donde “se reprenden las costumbres de los malos clérigos, vagabundos histriones, frecuentadores de tabernas y garitos. García Villoslada señala y Asencio González lo cita, que los goliardos van cayendo en el olvido porque los antiguos escolares errantes, poetas y cantores, los típicos goliardos, habían desaparecido al tropezar con sus dos grandes enemigos: la Iglesia y la nueva cultura” (1,5). 

  

Ya en 1309 Arnaldo de Vilanova, en un Razonamiento hecho en Aviñón, mencionó a los "goliarts" o "goliardos" y, aunque no parece que el nombre fuese conocido en Castilla, cabe la posibilidad de que esa clase de estudiantes juglarescos, vagabundos y tabernarios anduviese por España en el siglo XIV (2). 

  

Es común que algunos contenidos de las Cantigas escritas por Juan Ruíz, Arcipreste de Hita (1284-1351), sean considerados como destinados a los goliardos, citándose preferentemente la copla 1514 que dice "Cantares fiz algunos de los que dicen los ciegos, e para escolares que andan nocherniegos, e para muchos otros por puertas andariegos; cazurros e de bulrras, non cabrían en diez priegos". No obstante hay que recordar que había también postulantes del otro lado del Pirineo, como los "boni pueri", y "manteístas sopistas", aunque éstos recurrían preferentemente a la sopa de los conventos (6,8,9,11,10,11,12,13,14,15,16,17,19). No debemos olvidar que hasta 1492 el sur peninsular era de dominio islámico, debiéndose ubicar estos escritos de la España cristiana en el tercio norte de dicho territorio y haciendo esta coexistencia de civilizaciones más evidente la posibilidad de la persistencia de costumbres islámicas en los territorios que, poco a poco, iban ganando los ejércitos cristianos. Entre esas costumbres islámicas esta la del ‘paseo mendicante’ que hacían los escolares islámicos al caer la tarde por sus ciudades para mendigar la cena (conocido como la ‘nazãha’) que entendemos fueron reflejadas por el mismo Arcipreste tde Hita cuando, en las coplas 1650 a 1660 de su Libro, escribe: “¡Señores, dat al escolar que vos vien demandar!", "¡Señores, vos dat a nos escolares pobres dos!". Compartimos la opinión de Oliver Pérez cuando concluye que fueron escritas para escolares mendicantes que seguían la costumbre islámica del ‘paseo mendicante’, prueba de lo cual la aportarían: 

  

a) Unos zéjeles de Ibn Quzmán, autor andalusí del siglo XII, que hablan de que a la caída de la tarde los estudiantes musulmanes imploraban a la puerta de las casas limosna o ración para la cena (4). 

b) Amador de los Ríos, que en el siglo XIX recordó que en las Cantigas la estudiantina [término usado para designar al conjunto de estudiantes] aparece "llamando de puerta en puerta para pedir el sustento corporal en nombre de la religión” (7). 

c) Durante el siglo XIV hubo 'escolares mendicantes' en ciudades y pueblos de Castilla la Nueva, Toledo, Guadalajara y Talavera que fueron escenarios del Libro del Buen Amor, escolares que al anochecer se dispersaban por la ciudad para pedir, de puerta en puerta, ración o alimento para su cena. 

  

Oliver Pérez destaca que los estudiantes de Juan Ruíz han de considerarse antecesores de los 'escolares mendicantes' (por tanto de los manteístas sopistas y no de los goliardos) porque, al igual que los del Arcipreste, imploraban caridad de puerta en puerta haciéndolo siempre con la fórmula islámica de "por amor de Dios", hipótesis que parece confirmarse con la comedia "El Dómine Lucas" de Lope de Vega (1841) cuando habla de estudiantes mendicantes que iban de Salamanca a Alba de Tormes a pedir "por Dios" y que se les abrían las puertas de las casas para entregarles de limosna un trozo de pan (4). No obstante, es probable que este 'paseo mendicante' de los manteístas pudiera desarrollarse en sus travesías, bien de ciudad en ciudad buscando los mejores maestros (costumbre adquirida del escolar musulmán) o bien en pequeños grupos o cuadrillas durante sus vacaciones en el trayecto de la Universidad a su casa y viceversa como parte de lo que se conoció como 'correr la tuna' ya que gran cantidad de fuentes señalan la 'sopa boba' de los conventos como principal fuente de alimentos para ellos (6,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,19). 

  

Por todo ello hemos detectado dos maneras diferentes de entender la actividad mendicante en España: 

  

a)    Menéndez Pelayo, que la equipara a los goliardos cuando señala que los versos del Arcipreste eran cantares compuestos para escolares que andan nocherniegos a la vez que equipara a los “estudiantes noctámbulos” con “infelices lisiados”, con “truhanes chocarreros” o con “clérigos vagabundos y tabernarios (de los llamados en otras partes goliardos)”. Para este escritor “la juglaría era el modo de mendicidad más alegre y socorrido” y en ella se refugiaban “todos los desheredados de la naturaleza y de la fortuna que poseían alguna aptitud artística” (3). 

  

b)    Oliver Pérez, que considera que no eran goliardos, pues piensa que no se ha entendido debidamente el significado de ‘nocherniegos’ en las Cantigas dado que los escolares del Arcipreste no se parecen a los goliardos ni a los escolares "que tanto temía Alfonso X". Aquellos escolares (los del Arcipreste) eran estudiantes pacíficos y religiosos que se limitan a pedir a los dueños de las casas una ración para cenar que sólo andan de noche durante las horas que preceden a la cena (entendemos que podrían haber sido manteístas). Por otra parte argumenta a su favor que no resulta lógico ni tolerable pedir limosna cuando los ocupantes de las casas duermen, y que cantan coplas que invitan a la meditación sobre la vida eterna y no canciones de amor o de entretenimiento como los goliardos. Por todo ello cuando el Arcipreste habla de ‘nocherniego’ esta autora interpreta una actividad nocturna evocadora de costumbres propias de hombres piadosos que actúan como los ‘tulba’ musulmanes, estudiantes nocherniegos que en el siglo XX siguen siendo muy característicos de países africanos (4). Esta hipótesis parece perfectamente compatible con lo postulado por García Villoslada, que Asencio González cita, relativo a que los goliardos cayeron en el olvido debido a las presiones de la Iglesia y la nueva cultura que la sociedad presentaba. 

Para las posibles causas de la desaparición del goliardismo sólo hemos encontrado el análisis de Luis Antonio de Villena (18) que le atribuye una doble causa: destruido desde fuera por el rechazo social (de lo cual da buena muestra los Concilios y Sínodos antes citados) y desde dentro por los efectos de la relajación que suele producirse en estos movimientos (falta de vocación y exigua moralidad, entre otras).

Coelho, Silva, Sousa y Tavares recuerdan que la goliardía desapareció de la Península Ibérica antes de que en ella se cumpliera el primer siglo de la aparición de los Estudios Generales / Universidades (19), por lo que su fugaz paso por la Península Ibérica no supone origen ni influencia alguna para con las Tunas Académicas actuales, surgidas sobre 1870 a partir de las Estudiantinas de carnaval que aparecieran en la década de 1830. 

 

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Imagen:

 

La Esfera (Madrid). 01-03-1930.

 

Fuentes:

 

1-  Asencio González, R. Investigación personal sobre las primeras universidades europeas. Entrevista realizada por el autor en 2012.

2-  La Gaceta Literaria, nº 82; pag 14; 15/05/1930

3-  Menéndez Pelayo, M. Antología de poetas líricos castellanos, XI. Pp: 19-23, 33-34 y 268. 1903.

4-  Oliver Pérez, D. Antecedentes islámicos de las Cantigas de Escolares del Arcipreste de Hita. AM, 5; pp 218. 1997.

5-  García Villoslada, R. La Poesía Rítmica de los Goliardos Medievales, Ed. Fundación Universitaria Española, Madrid 1975, pp. 303.

6-  Oliver Pérez, D. Antecedentes islámicos de las Cantigas de Escolares del Arcipreste de Hita. AM, 5; pp 203-222. 1997.

7-  Amador de los Rios, J. Historia critica de la Literatura Española, tomo IV. Madrid 1863. pag 532-533. 

8-  Laborda, A. Nueva relación, y entretenida, en donde se refiere alguna parte de la vida del estudiante tunante, en particular algunos hechos de seis estudiantes vagamundos, compuesta por un ingenioso Murciano. Imprenta Laborda, Valencia. 1746-1774.

 9-  de la Fuente, V. "Costumbres estudiantinas. La tuna". Semanario Pintoresco Español.  nº 19; pp. 149-152. 08-05-1842.

10-  de la Fuente, V. La sopa de los conventos. Capitulos 3: La bazofia, Imprenta de el pensamiento español, Madrid. 1ª edición en el periódico El Pensamiento Español de 1868. 2ª edición en 1871, corregida. pp 19-23.

11- de la Fuente, V. La sopa de los conventos. Capitulos 13. Imprenta de el pensamiento español, Madrid. 1ª edición en el periódico El Pensamiento Español de 1868. 2ª edición en 1871, corregida.

12-  Boletín de Medicina, Cirujía y Farmacia, nº 163; pp 23. 21-01-1844

13-  Fuentes y Ponte, J. Murcia que se fue. pp 228-234. Imprenta de la Biblioteca de Instrucción y Recreo. Madrid. 1872. 

14-  El Periódico para Todos, semanario ilustrado, nº 1; pag 6, 1876.

15-  Revista Contemporánea, nº 41; pags 228-233. Enero-Marzo de 1886.

16-  La Ilustración Española y Americana, nº 8; pag 139, 28-02-1886.

17-  de Santiago Cividanes, M. Tretas de capigorrones y estudiantes de la tuna. El Adelanto. 1919.

18-  de Villena, L.A. Dados, amor y clérigos. Cupsa Editorial. 2010.

19-  Coelho,  E., Silva,J-P. Sousa, JP, y Tavares, R. QVID TVNAE? A Tuna Estudiantil em Portugal. CoSaGaPe. pp. 41-46. 2012.

Documentos de apoyo:

Martín Sárraga, FO. Mitos y evidencia histórica sobre las Tunas y Estudiantinas. 2016.

Martín Sárraga, FO y Asencio González, R. Dicciobnario histórico sobre vocablos de Tunas y Estudiantinas, así como de escolares del Antiguo Régimen. 2014.


Publicación: 12/12/12  Actualización: 26/04/16