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¿Puede la Tuna 'tocar cualquier cosa'? (Reflexiones sobre la organología y el repertorio de la Tuna)

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José Carlos Belmonte Trujillo. Investigación personal. 2013.


Es esta una cuestión que atañe a todos los grupos musicales existentes en el mundo, y que todos los componentes, aficionados y detractores se habrán hecho en alguna ocasión. En lo relativo a la Tuna habría que hacer un distingo entre organología (o instrumentación) y repertorio.

Empezando por el repertorio, en la Tuna han tenido, tienen y tendrán cabida prácticamente todos los géneros musicales que uno pueda imaginarse, Por citar algunos ejemplos mencionemos el tema hebreo “Hava Nagila”, versionado por la Tuna de la Universidad Complutense de Madrid, el rock and roll titulado “El Licenciado”, compuesto e interpretado por la Tuna de la Facultad de Derecho de Málaga, o por poner un ejemplo reciente, la versión del tema “El hombre del piano”, hecha por la Tuna de la Facultad de Biología de Sevilla y estrenada durante el último certamen provincial de tunas. Por mucho purista que haya en la Tuna, siempre habrá componentes de dicha institución que miren más allá de las “fronteras” musicales que les puedan imponer algunos, y contribuyan a enriquecer el repertorio tunantesco con estas “innovaciones”.

Pero ahora bien, ¿se trata de verdaderas innovaciones, o en realidad es un puro ejercicio de “esnobismo” de alguna tuna? O aún más, ¿es reflejo del agotamiento de la inspiración de los compositores de la Tuna?

Partitura - Estudiantina vals de Emile WaldteufelEstas cuestiones siempre han estado rondando el mundo de la Institución, y en mi opinión, es complicado establecer unos parámetros que establezcan con claridad la existencia de un “repertorio de Tuna”. Fijémonos en temas como “La morena de mi copla”, “Luna de España”, o “Termina la feria”. Si preguntamos a cualquier tuno de los que ahora están en activo, seguro que nos dicen que esas son canciones de tuna “de toda la vida”, y seguramente tendrán razón, porque cuando ellos vinieron al mundo, ya las cantaban los tunos por las calles de sus respectivas ciudades. Pero en su génesis no fue así, y de hecho, por poner un ejemplo, “Termina la feria” fue compuesta por Méndez Vigo (el mismo que compuso “Tuna Compostelana”), y popularizada por la cantante de moda allá por los años 50, Gloria Laso. Es decir, en su origen, estas canciones no fueron específicamente “de Tuna”, pero poco a poco fueron calando en el repertorio de la Institución de tal modo que terminaron por añadirse a él, e incluso pervivir en el tiempo gracias a su uso frecuente por parte de la Estudiantina. Esto es, la integración en el repertorio de la Tuna fue producida por la asimilación e  interpretación de todos estos “cantares” (en palabras de  Antonio Luis Morán Saus) de manera continuada por prácticamente la totalidad de las tunas existentes  en ese momento.

Pero volviendo la vista a  los ejemplos que propusimos anteriormente, “Hava Nagila” no ha sido versionada e interpretada más que por la Tuna de Medicina de la Complutense, y con las otras dos (“El Licenciado” y “El hombre del piano”), ocurre otro tanto.  Y aunque nos equivocásemos y fueran dos o tres tunas más las que hubieran versionado e interpretado esos temas, ¿podría decirse que forman parte del repertorio de la Tuna?

Poniendo otro ejemplo que me toca más directamente por mi pertenencia a ésta, la Tuna de Económicas de Sevilla, durante los últimos años, se ha autodenominado “Tuna Pop”, ya que ha versionado temas como “Fallen”, “Hoy, “Una rosa es una rosa”, etc. Pues bien, este repertorio, aunque ha llamado la atención de otras tunas que lo han oído, no “ha calado” especialmente entre ellas, y, al menos que yo sepa, no ha habido otras tunas que las  hayan incluido en su repertorio.

¿Quiere decir esto que es la misma Tuna la que “autorregula” su repertorio en función de los gustos de sus componentes? ¿Llegará un día en el que las tunas toquen con asiduidad “rock”, “twist”, o “ska”. ¿Quiere decir esto que hay estilos musicales que están más acordes a la sonoridad de la Tuna, mientras que otros tendrían menor cabida? ¿Llegaremos a ver a los Rolling entonando “Las cintas de mi capa”….?

Y esto nos da pie a adentrarnos en la cuestión de la organología o instrumentación de la tuna. ¿Existe una plantilla instrumental en la Tuna? ¿Pueden introducirse los instrumentos que se quieran? ¿Veríamos con buenos ojos que, como ocurre con algunas tunas, introdujeran bajos y otros instrumentos eléctricos en las orquestas sinfónicas o en las bandas de Semana Santa?

El tema de la asimilación de instrumentos, músicas, tradiciones, etc.  de unas culturas con respecto a otras está muy  estudiado por la Etnomusicología. Términos como aculturación, transculturación, etc., se han acuñado para denominar esos procesos, y que en algunos casos podrían tener cabida para denominar o calificar fenómenos que se han dado en la Tuna  como la desaparición de algunos instrumentos en favor de otros, la introducción de aquellos venidos con un repertorio de éxito en la Tuna, y la de otros en favor de una mayor sonoridad o simplemente de mayor comodidad para transportarlo. Si hacemos un distingo tenemos:

1) Instrumentos añadidos a la plantilla de la Tuna y que en la actualidad ya forman parte de la misma: es el caso del timple, si bien en un principio eran pocas las tunas en las que aparecía (la Tuna Hispanoamericana del Colegio Nuestra Señora de Guadalupe, de Madrid,  fue una de ellas, allá por los años 60); pero también, remontándonos más atrás en la historia de la Tuna, podríamos incluir en un momento dado, en este apartado a la bandurria, instrumento cuyo lugar en un principio era ocupado por la mandolina, y que posteriormente se iría imponiendo a ésta debido a su mayor sonoridad; así como al contrabajo, añadido ya de modo definitivo (de nuevo, pues tenemos referencias de estudiantinas  de finales del XIX  en las que aparecía como parte de su plantilla instrumental) desde hace relativamente poco tiempo (mediados/finales de los 70)

2) Instrumentos añadidos por mor del repertorio: podríamos decir que los últimos cuarenta años, la Tuna ha añadido a su repertorio muchísimos temas del folklore latinoamericano, y con ellos también han procurado darles mayor fidelidad incorporando aquellos instrumentos con los que originariamente se interpretan. Es el caso de charango, cuatro venezolano, y últimamente tres cubano y cuatro puertorriqueño (en la sección de cuerda); o de maracas, bongós, tumbadoras o claves (en la sección de percusión). Podríamos hablar también incluso de quenas y sikus en algunas interpretaciones de temas andinos. Con todo, algunos de estos instrumentos tienen una mayor preeminencia en la plantilla de la Tuna (charango, cuatro), ya que su tamaño “manejable”, añadido a su gran sonoridad hacen que refuercen o suplan en su caso, el papel del timple.

La cuestión es determinar si estos instrumentos (todos los anteriores) pueden ser considerados como propios de la Tuna, o sólo utilizados para un repertorio concreto. La respuesta, en mi opinión, sigue estando en la sonoridad, en la estética sonora. Pienso que la Tuna, al igual que otras agrupaciones musicales, más que un repertorio propio, tiene UNA SONORIDAD PROPIA, que debe estar presente toque el tema que toque. Por eso, cuando se menciona a Los Sabandeños como agrupación difícil de distinguir si se oye a una “buena tuna”  sin ver a unos y a otros, debo decir que sí hay elementos de distinción acústicos: el cordaje de nylon de los instrumentos de pulso y púa en el grupo canario, el tratamiento de las voces, las cadencias armónicas (en mi opinión, serian confundibles con otro grupo similar, como Los Gofiones, pero no con una tuna).

Creo que aquí está el quid de la cuestión: ¿sería admisible (con una interpretación amplia de la palabra) una trompeta en la plantilla instrumental de una Tuna? “¿Por qué no?, dirían algunos”. Habría que distinguir entonces entre “plantilla estable” y la que se forma para interpretar según qué temas. Pienso que este sería el tema a la hora de “admitir” un bajo eléctrico. Volviendo a “Los Sabandeños”, en mi opinión de nuevo, no tiene nada que ver cuando los temas son interpretados con un contrabajo frente a  cuando es un bajo eléctrico el que interviene.

En conclusión, pienso que la Tuna tiene la gran suerte de tener una amplitud de miras en lo musical (y no solo en eso) que le permite abordar y abarcar un amplísimo panorama en cuanto a repertorio. Y en torno a este tema, debería ser la estética y el buen gusto el que nos guiase en todo momento. Y si no, pensemos en un fandango flamenco en el que el cantaor estuviera acompañado por una guitarra eléctrica…..

En resumen, en LA SONORIDAD Y EN LA ESTÉTICA, creo que podríamos hallar las llaves para abordar este interesante debate.

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Fuentes:

  1. Belmonte Trujillo, José Carlos. Las danzas negras en el origen del Flamenco (conferencia). Actas del Congreso Internacional “Danza y ritual en los países iberoamericanos”. Cáceres, 2010.
  2. Belmonte Trujillo, José Carlos. Evolución organológica y de repertorio en la Tuna o Estudiantina en España (tesis). Pendiente de publicación.
  3. Cámara de Landa, Enrique. Etnomusicología. Madrid, 2003. Música Hispana Textos. ICCMU.
  4. Cruces, Francisco y otros. Las culturas musicales, lecturas de etnomusicología. Madrid, 2001. Editorial Trotta.
  5. Elí, Victoria y Alfonso, Mª Ángeles. La música entre Cuba y España (Tradición e innovación), Madrid, 1999. Fundación Autor.
  6. Martínez del Río, Roberto; Asencio, Rafael; Gómez, Raimundo y Pérez Penedo, Enrique. Tradiciones en la Antigua Universidad: estudiantes, matraquistas y tunos. Universidad de Alicante. Alicante, 2004.
  7. Morán Saus, Antonio Luis; García Lagos, José Manuel y Cano Gómez, Emigdio. Cancionero de estudiantes de la Tuna: El cantar estudiantil de la Edad Media al siglo XX. Ed. Universidad de Salamanca, 2003.

Publicación: 13/01/2013