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Anécdotas de un viaje de Tuna a Berlín en 1990

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Rafael Asencio González. Tuna de Medicina de Córdoba. 2014.


 

En Berlín, Weltstadt mit Herz, ocurrieron innumerables sucedidos dignos de mención pero destacan por su emotividad una actuación callejera y una orgía (al menos ésta entiéndase en su original sentido romano). La primera tuvo por escenario la archifamosa Puerta de Brandemburgo, a sus pies entablaron los tunos conocimiento con una familia hebrea formada por más de cien personas, (quizá por ser los dos únicos grupos humanos que vestían de forma diversa a la usual en esa tierra y en ese siglo) que se reunía en tal punto para dirigirse hacia el campo de concentración de Spandau donde honrarían a sus ancestros fallecidos en el mismo. Solicitó el que descollaba como patriarca, ataviado al uso de los rabinos, si conocíamos algún cantar judío y si, en tal caso, seríamos tan amables de interpretarlo para ellos. Asentimos, pues no andaba mal encaminado, y comenzamos a entonar el "Aba naguila aba" (al menos se pronuncia de esta manera), con lo que se armó corro en derredor nuestra, salieron a bailar las jóvenes y cantaron todos con nosotros a la par que batían rítmicas palmas de acompañamiento. El sarao, que expresaba la felicidad por el reencuentro del clan, fue de armas tomar y sólo se interrumpió brevemente por el avistamiento a lo lejos de un grupo de cabezas rapadas que, aunque pudiera parecer increible, tuvo el seso suficiente para saber de cuentas, constatando se encontraban en franca minoría. Concluyó la fiesta con la despedida lacrimógena del rabí y su gente y el ofrecimiento de un óbolo por nuestra música que, fue cortésmente rechazado por los estudiantes sabedores de haber vivido una experiencia difícil de olvidar.

Berlin 1990 - 3La saturnal a la que hice referencia con anterioridad sucedió la última noche de estancia en Berlín. Habíamos dado noticia de la fecha de nuestra partida a los propietarios de tres restaurantes españoles con los que trabamos gran amistad ("El Burrito", "El Pepito" y "El Pulpo Flamenco", sitos todos en Kantstrasse), y cada uno de ellos tuvo a bien convidarnos a la cena de despedida en su local. El dilema que se planteaba era de embarazoso arreglo pues, o yantábamos por triplicado con lo que la prueba cometicia podía sobrepasar el lógico relleno del intestinal tránsito alcanzada ya la epigastria, o dábamos plantón al menos a uno de los figoneros, en cuyo caso seríamos tachados por él de infames y desagradecidos, lo que no casaba con las corteses costumbres de la Muy Gastronómica. Al final tomóse una determinación basada en las sabias reglas de las orgías romanas. Quedóse a cenar en cada sitio a diversa hora mediando un intervalo de vuelta y media en la manecilla grande del reloj, se planificó cuidadosamente la ruta a seguir, abonando "El Pepito" al zaguero lugar pues gustábamos de sus veladas nocturnas en las que ejercía la Tuna el papel de orquesta en el baile organizado cada vigilia una vez cerradas las puertas del negocio y arrinconado el mobiliario para hacer espacio a los danzantes, y se decretó un ayuno voluntario desde el almuerzo que se hizo por demás suave.

Berlin 1990 - 1

El autor de este artículo en la extrema izquierda de la imagen, porrón en mano.

Berlin 1990 - 2

El autor de este artículo en la extrema izquierda de la imagen, con la mano derecha alzada

 

"El Burrito" obsequiónos con chuletas de cordero y ensalada compuesta de lechuga y otras exquisiteces tan del agrado de la orden de vegetarianos. El "Pulpo Flamenco" nos sirvió tradicionales tortillas españolas y pimientos fritos, y aquí se puso en marcha el plan "B". Llegadas que fueron las digestivas copas de licor acudieron los tunos por turno al retrete y practicaron la "vomitorium digitalis" romana, vaciando el andorga cabalmente. Aunque extrañóse el mesonero de que todo escolar que visitaba el mingitorio volviera con la geta descompuesta y los ojos llorosos no supo atribuir causa a tales síntomas e insistía en la calidad de las viandas ofertadas y en la limpieza y pulcritud de sus aseos, de todo lo cual da fe el relator. Aliviados y hambrientos arribamos a "El Pepito" donde el gallego que lo regentaba regaló nuestra gula con una paella de mariscos de las que roban el sentido, protagonizada por cigalas de talla XL, mejillones de las rías, almejas, gambas, langostinos, trozos de pez y algún que otro percebe despistado. La cotidiana gala estuvo animadísima, si bien la pleta de los estudiantiles buches elevó el diafragma de los tunos con lo que la megafonía se vio dificultada. Retomado el resuello acabóse con dignidad la tarea y, con el amanecer se rezaron maitines báquicos recitando el credo etílico. Creo en el Alcohol todopoderoso, creador de formidables melopeas, creo en el Aguardiente su hijo y mi amigo predilecto, el cual fue concebido por obra y gracia del Alambique, nació de la purísima Caña, y padeció bajo la presión de los Molinos, fue derramado y sepultado en la Cántara, al tercer día resucitó de la Garrafa y ascendió gracioso y triunfante a la Caldera, y está en el Tonel bien tapado a mano derecha de las barbas del Orujo, desde donde ha de venir a alegrar a una pandilla sin fin, dar vista a grandes y pequeños, ricos y pobres, doctores y asnos, santos y diablillos. Por tanto, creo en la repetición de la bebida, en la Santa Vendimia anual, en la Hermandad de Bebedores, en la renovación de los barriles vacíos y en la bebedera eterna, Amén.


Publicación: 03/11/14