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La imitación de la Tuna por grupos no integrados por escolares también surge en el siglo XIX

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Félix O. Martín Sárraga. Investigación personal. 2015.


El ser humano se caracteriza por imitar conductas y actividades que le gustan y/o han impactado en alguna manera, tendencia que entendemos determina el origen de las Tunas no académicas. Para valorar debidamente este asunto hemos de recordar dos determinantes históricos:

a) Que el Carnaval no tuvo permanencia anual en España hasta 1836, siendo los previos a este año autorizados puntualmente y debidos a un evento determinado (bautizo de un heredero de la Corona, conmemoración específica, boda regia, etc.) (1).

b) Que en 1835 se suprimió el fuero académico y prohibió a los estudiantes (excepto a los que estuviesen ordenados) el uso del uniforme escolar (formado por tricornio, manteo y sotana) al no estar “en armonía con las costumbres del siglo”, aunque su erradicación definotiva no llegó hasta 1837 (1). 

Es en un entorno sociopolítico complejo (*) cuando entendemos que, como manifestación de la rebeldía que caracteriza a la juventud, los estudiantes conformaron comparsas que salieron a la calle por Carnaval vestidos con la indumentaria que había sido recientemente prohibida en clara manifestación de protesta no sólo por su pérdida (pues, al no vestir de modo diferenciado, no se les podía identificar entre el común de los ciudadanos) sino porque habían perdido el fuero académico (jurisdicción privativa de la Universidad para tratar los asuntos judiciales que afectaban a cualquiera de los inscritos en la matrícula)(6). Posiblemente como señal solidaria de personas ajenas a las Casas de Estudio, también surgieron comparsas que se vistieron de escolares sin serlo.

A ambos grupos dió en llamárseles "estudiantinas" por vestir como el antiguo estudiante como recoge Navas y Carrasco en 1918 ("Conjunto de estudiantes, o más bien cuadrilla de gentes vestidas como los antiguos estudiantes") (14) y los diccionarios de la Real Academia Española desde 1925 en una de sus acepciones ("Comparsa de carnaval que imita en sus trajes el de los antiguos estudiantes")(15).

La denominación de "Estudiantinas" se generalizó a partir de la década de 1830, apareciendo por primera vez como sinónimo de "tuna" en 1914. Durante aquellas primeras décadas ambos tipos de Estudiantinas Académicas (integradas por verdaderos escolares y las conformadas por personas disfrazadas de estudiante sin serlo) convivieron generalmente sin problemas (7) pero en el último tercio del siglo XIX entre las integradas por escolares surgió la necesidad de diferenciar unas de otras. Para ello se comenzó a cambiar la denominación de "estudiantina" por la de "tuna", mostrando durante varias décadas (1870 a 1930) una interesante variedad de apelativos y llegando extremo de que, ante comentarios que ponían en duda su carácter escolar, la Estudiantina Española que viajó al Carnaval de París en 1878 publicó nombre por nombre las carreras que sus integrantes cursaban (8), transmitiendo la impresión de que el hecho de que la Estudiantina fuera Académica era una cuestión muy importante entonces.

Estudiantina Espanola en Paris foto 1878

Estudiantina Española en París (1878), imagen facilitada por Rafael Asencio González (11)

La primera referencia al tema que nos ocupa aparece en 1850 en el cuerpo de un artículo crítico a los planes de enseñanza que decía ".....no darían desde 1821 á 1850 entre todas las universidades de España tantas comparsas de tuna como las que con la ocasión ó el pretesto de las máscaras suministró durante el último carnaval á los moradores de Madrid su sola Universidad" (12), manifestación que lleva implíicita el hecho de que, desde los orígenes de las estudiantinas, las no integradas por escolares salieron por carnaval. Otra evidencia de su existencia, así como intento de control y obtener ingresos económicos con todas ellas, fue el hecho de que en 1868 se obligara por primera vez en Madrid para salir en comparsa de estudiantes durante el Carnaval, muestra de lo cual es un bando del alcalde-corregidor que decía: "queda prohibida la circulación por las calles de esta capital los expresados días [Carnaval] a toda estudiantina o comparsa si no van provistos del oportuno permiso que se expedirá por esta secretaría" (9).

En 1870 se publicó un  artículo (13) que reiteraba que la mayoría de las Estudiantinas "se compone de personas que nada tienen que ver con la Universidad" a la vez que desglosaba los instrumentos que en ellas se utilizan:

«Alguna estudiantina hay, sin embargo, fiel a la tradición, que sale a la calle con tricornio y manteo; pero la mayoría de esas músicas ambulantes se compone de personas que nada tienen que ver con la Universidad, y ya no se limitan a las vihuelas, flautas, violines y panderetas, que tan buen efecto producen manejadas por manos hábiles, sino que también llevan instrumentos de viento, y algunas no llevan otros que estos....» 

Ya en la primera década del siglo XX la prensa granadina de 1901 publicó rumores que afirmaban que no todos los integrantes de una estudiantina que salía con la bandera de Derecho fueran verdaderos escolares, pidiéndose al Decano de dicha facultad que averiguara lo que de cierto hubiera en ellos (9), y en 1907 una denuncia de la Tuna Escolar Universitaria permite apreciar debidamente las críticas entonces realizadas (10):

“Carta de la Tuna Escolar Universitaria al Director de El Liberal:

Muy señor nuestro y de nuestra consideración más distinguida. Rogamos a usted haga en su ilustrado periódico la siguiente aclaración:

El primer premio otorgado a las estudiantinas lo ha obtenido la Tuna Escolar Universitaria que, además de ofrecer el mejor concierto, está totalmente formada por estudiantes auténticos, siendo por ello la preferida, contestación dada por el jurado a la titulada Tuna Filarmónica. La Unión Escolar Madrileña, a la que aluden algunos periódicos, no ha existido como estudiantina sino como Círculo, el cual ha desaparecido también.

Al mismo tiempo rogamos a usted, señor Director, haga presente nuestra protesta de que algunas comparsas o rondallas, titulándose estudiantinas, se apropian de derechos que no les corresponden usando lazos con los colores de las Facultades de la Universidad, abuso que no deben tolerar las autoridades.

Además hemos de censurar la conducta de tres de esos titulados estudiantes que, con lazos del color de las Facultades de Derecho, Medicina y Veterinaria, separandose de la titulada estudiantina a la que pertenecían, pretendieron atropellar a los estudiantes de la Tuna Escolar Universitaria. Rechazada con dignidad la agresión y reconocidos que fueron los apócrifos estudiantes, que resultaron ser unos honorables industriales, tal vez analfabetos, se les obligó a despojarse de los atributos que no les correspondían. Hacemos constar que, en lo sucesivo, la clase escolar de todas las Universidades de España no tolerará que grajos se adornen con plumas de pavo real.

Por la Tuna Escolar Universitaria, el presidente, estudiante de Derecho,

José Fraile Carrillo"

La intención de estas líneas no es generar polémica sino mostrar que este asunto no es nuevo, que continuó durante la dictadura franquista y que permanece en la actualidad sin posibilidad alguna de erradicación porque la propia esencia y filosofía de vida de la Tuna es tan atractiva (gracias ser una costumbre estudiantil) que suscita constantemente la aparición de imitadores. 

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Nota:

(*) Históricamente fue un periodo convulso pues en 1836, primeros tiempos del reinado de Isabel II (bajo la regencia de Maria Cristina), se planteó un nuevo Plan de Estudios (2); la Desamortización de Mendizabal extinguió los diezmos eclesiásticos, que constituían la fuente de financiación de las universidades (desde entonces las universidades se financiarán a partir de los derechos de matrícula y académicos, así como de las cantidades otorgadas por los presupuestos generales del Estado) (3), decretándose la venta de todos los bienes que hubiesen pertenecido a las corporaciones religiosas suprimidas (4); una Instrucción firmada por Álvaro Gómez Becerra declara "suprimidos todos los monasterios, conventos, colegios y demás casas de comunidad o de instituto religioso de varones, incluso los de clérigos regulares, y las de las cuatro Órdenes Militares y San Juan de Jerusalen existentes en España y África" (4); el ministro Joaquín María López ordena lel traslado a Madrid primero de la Facultad de Jurispridencia y después, para el curso de 1837, del resto de las enseñanzas de la Universidad de Alcalá (5). Estos hechos puntuales, así como los acontecimientos sociopolíticos ocurridos durante el siglo XIX no pusieron precísamente fácil la aparición de las primeras Estudiantinas.

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Fuentes: 

1- Rafael Asencio González. Entrevista personal. 30/10/11.

2- Javier Fuentes y Ponte. Murcia que se fue. Imprenta de ka Biblioteca de Instrucción y Recreo. Madrid. 1872.

3- Reseña historica de la Universidad de Salamanca. Algunas fechas. En:http://centenario.usal.es/index.php?option=com_content&view=article&id=21&Itemid=144&lang=es Visto el 28/12/11.

4- Francisco Simón Segura. La desamortización española del siglo XIX. Instituto de estudios Fiscales. Ministerio de Hacienda. Impreso en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. 1973.

5- Anuario 1932-1933. Universidad de Madrid. Gráfica Universal. 1933. 

6- José Martos de la Fuente. Discurso de la Solemne apertura del curso académico 1928-1919. Librería López Guevara, Granada. 1928.

7- Rafael Asencio González. Las Estudiantinas del Antiguo Carnaval Alicantino. Origen, contenido lírico y actividad benéfica (1860-1936). Cátedra Obispo Loazes. Universidad de Alicante. 2011

8- El Magisterio Español, nº 670. 30-03-1878.

9- Rafael Asencio González. Historia de la Tuna. Conferencia impartida en el Museo Thyssen con motivo del XXX Aniversario de la Tuna de Magisterio de Málaga. 2 de mayo de 2014.  

10- El Liberal. 14/02/1902. 

11- Euskal-Erria Revista Bascongada, tomo XLI, segundo semestre de 1899.

12- La Esperanza, periódico monárquico. 06/06/1850.

13- La Ilustración Española y Americana. 25/02/1870 

14- Manuel Navas y Carrasco. Diccionario general y técnico hispano-americano.  Madrid, Cultura Hispanoamericana, 1918. Pag. 760.

15-Real Academia Española. Diuccionario de la lengua española. XV edición. Madrid. Calpe. 1925. Pag. 543.

 


 Publicación: 30/05/15      Actualización: 06/06/15