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La sopa boba y los sopistas

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Félix O. Martín Sárraga. Investigación personal. 2016.


Actualizado el 01/11/16 con datos de pobres en España en 1868

 

 Plasmamos aquí los datos hallados tras la edición de mi último libro el pasado 1 de abril y, para entender mejor el importante papel de la sopa conventual en la alimentación de los mendigos y clases marginales de la sociedad española anterior al siglo XX, comenzando por recordar algo básico sobre los estudiantes. Los había de dos tipos:

a) los 'colegiales': alumnos internos de un Colegio, generalmente hijos de nobles o burgueses acaudalados que podían presentar el expediente de limpieza de sangre y así acreditar que se era católico por los cuatro costados (en referencia a sus cuatro abuelos) y su vestimenta consistía en la beca que colocaban sobre la loba (traje talar), se cubrían con el manteo y portaban bonete en la cabeza.

b) los 'manteistas': escolares pobres que no podían pagar el citado expediente y, por ello, no portaban beca y vivían en posadas, casas de bachilleres para pupilos y lugares precarios de todo tipo. Tras la abolición en 1835/37 del traje talar sólo se permitió para los colegiales ordenados.

Traje talar y beca

Izquierda: traje talar (loba). Derecha: la beca sobre el pecho y el bonete en la mano derecha (1)

Del contexto histórico hemos de recordar:

  •  El número de integrantes del clero a principios del siglo XIX era, de acuerdo con el censo oficial (circa 1803) había:

- Clero de catedrales, parroquias, oficiales de Inquisición y de cruzada: 95.205 personas.

- Clero regular, religiosos: 69.664 personas.

- Clero regular, religiosas: 38.429 personas.

Simón Segura señala que estas cifras suponían entonces la presencia de 1 eclesiástico por cada 50 personas y que el clero regular disponía de 108.093 personas en claustro distribuidas en algo más de 3.000 conventos.

  • Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) continuaron medidas amortizadoras y la Junta Central dictó “que se aplicarían a las urgencias del Estado los productos de las obras pías no destinados a la Beneficencia, instrucción u otro objeto de utilidad pública” que continuaron agravando la situación de los más desfavorecidos. Con la desaparición de las Obras Pías que repartían la sopa boba por las desamortizaciones habidas entre 1798 y 1814, fulminadas por las posteriores que vendieron las fincas urbanas y rústicas (1845 y 1855 respectivamente), desapareció de España el reparto de la sopa boba como hecho generalizado y, con ello, tipo de sopistas (ancianos, huérfanos, viudas, pobres de solemnidad, tullidos, enfermos, ciegos y escolares pobres), con lo que la parte más desvalida de la sociedad quedó aún en un estado más precario.
  • En 1813 continuaron las acciones contra la Iglesia, prohibiéndose la construcción de los conventos destruidos y ordenando que no hubiera en cada pueblo más de una comunidad de la misma Orden o instituto religioso.
  • Posteriormente se declaró la hipoteca de la Deuda Nacional de las posesiones de los Jesuitas, de la Orden de San Juan, de las fincas de los Maestrazgos vacantes del resto de Órdenes Militares y de los conventos suprimidos.
  • El restablecimiento del absolutismo con Fernando VII en 1814 ordenó que se devolvieran a los conventos los bienes enajenados durante el gobierno de José I (José Bonaparte), pero esta situación duró poco porque el gobierno constitucional de 1820 restableció lo acordado por las Cortes de 1813 así como la pragmática de Carlos III que suprimía a la Compañía de Jesús, aplicando sus posesiones al erario público; un Decreto de 1 de octubre suprimió los monasterios monacales, conventos de Órdenes Militares, todos los hospitalarios, etc. redujo el número de órdenes no suprimidas, y aplicó al crédito público todos los bienes de los monasterios suprimidos; y un Decreto de 13 de noviembre extendió la expropiación y mandó a vender todos los bienes expropiados.
  • La política anticlerical habida durante el Trienio Liberal (1820-1823). Aconsejamos ver el documental Por la senda liberal, que aporta muy buena idea de la situación sociopolítica de España previa a la celebración anual del carnaval (finales de la década de 1830) como signo de liberalismo.

De esta manera vemos como las sucesivas desamortizaciones, al amortizar los bienes de la Iglesia desde 1814, pero fundamentalmente a partir de 1820 determinan la progresiva desaparición de las instituciones pías que repartían la sopa boba, en lo que más adelante abundaremos.

Es en esta realidad cuando el país, endeudado por las campañas militares e inmerso en la pobreza, sufre epidemias de las que hemos hallado los datos dejados por las de cólera habidas en 1835 y 1836 (39):

  • Pueblos afectados: 5,336.
  • Personas enfermas: 829,186.
  • Defunciones: 235,744.

Todo ello ocurrido en una España con 19,000.000 de habitantes, donde los mendigos suponían el 3% de una población privada de pan, abrigo y domicilio (39).

Aunque los hallados procedan de 1858, momento en que en España ya no se repartía generalizadamente la sopa conventual, es de gran importancia saber algunos datos que nos dan buena idea de la situación socioeconómica del país. 

  • En dicho año había 734 hospitales, 73 hospicios, 27 asilos de mendicidad, 97 depósitos para pobres, 9 montes de piedad, 6 cajas de ahorros, 4 bancos de pobres, 204 cotarros [habitaciones para gente de mal vivir], 95 inclusas, 18 casas de maternidad, 31 de asilo, 27 de provisión, 25 de socorro, 8 de desamparados, 8 de locos, 6 de partos, 20 de misericordia, 13 de refugio, 4 de incurables, 2 de conalecientes, 4 de elefauciacos, 27 de huérfanos, 61 de hospitalidad domiciliaria y 4 lavaderos y baños para pobres. 
  • España tenía 6,260 médicos, 6,943 cirujanos, 3,775 farmacéuticos, 1,430 sangradores, 250 drogueros, 507 comadrones y parteras, 8,911 veterinarios, 3,620 boticas y 27 dispensarios. 
  • Las 49 provincias de la monarquía contaban con 1,530.679 jornaleros y 314,159 mendigos.

Espana - mendigos en 1858

 Distribución de mendigos en 1858 (las provincias sin datos presentaban entre 4,000 y los 324 de Almería) (39)

Algo más tarde, en 1871, Vicente de la Fuente publicó la siguiente tabla de pobres en relación a los habitantes de algunos países (62), señalando que España tenía 14,583.333 habitantes y, de ellos, "de 1 a 30 pobres" respecto a la población dato que, si estuvo referido al porcentaje de ellos en función del total, presenta un margen demasiado elevado para que pueda considerarse debidamente.

Pobres en Espana y Europa Vicente de la Fuente - La sopa de los conventos 1868

 

Pobres por países en relación a su población (62)

Se ha publicado que acudían al reparto de la sopa boba viejos, lisiados y débiles (54), cosa que confirma el abanico de todo tipo de mendigos que mostraba la sociedad española de la segunda mitad del siglo XIX que se encuentran en los grabados realizados por Gustave Doré en 'Viaje por España', obra publicada por primera vez en 1875 como fruto del periplo que realizara entre 1862 y 1873 junto al barón Charles Davilier; posteriormente se editó en inglés bajo el título Spain. Sus imágenes aportan una buena idea de la identidad de las personas mendicantes de entonces. En ellas no aparece el reparto de la sopa boba porque ésta se dejó de repartir generalizadamente en España como consecuencia de las desamortizaciones entre 1798 y 1814, mucho antes de su viaje, aunque de forma puntual se pudo repartir posteriormente en algún lugar, como son los casos del convento de San Diego y del Colegio de la Compañía de Jesús, ambos en Alcalá de Henares (donde se repartió hasta 1834); en las madrileñas Escuelas Pías de San Fernando y de San Antonio Abad (8), en el Convento del Espíritu Santo, también en Madrid (48); en el convento de los Padres Dominicos de Ocaña (18); en el Monasterio de El Escorial (18); y en el Colegio de los Padres Escolapios de Getafe (18). 

Sopa boba - ultimos lugares de reparto

Últimos lugares donde se repartió la sopa boba tras las desamortizaciones

(entre paréntesis el último año contrastado de su reparto en dicho lugar)

Gustavo Dore - Mendigos-02

Grabado de Gustave Doré (29)

Dore - Mendigos en Iscala Salamanca y Jaen

Izqda., mendigos en Iscala (cerca de Salamanca) y, drcha., en Jaén. Grabado de Gustave Doré (29)

Gustavo Dore - Mendigos-08

Grabado de Gustave Doré (29) 

Gustavo Dore - Mendigos-09

Grabado de Gustave Doré (29)

Gustavo Dore - Mendigos-10

Grabado de Gustave Doré (29)

Gustavo Dore - Mendigos ante una iglesia andaluza 04

Grabado de Gustave Doré (29)

Gustavo Dore - Mendigos pobres de solemnidad

  Grabado de Gustave Doré (29) 

Cabe suponer que a esta legión de desdichados que acudían a la sopa conventual se les pudo unir ocasionalmente (cuando les fuera mal la colecta de limosnas) tanto las familias de músicos que, a cambio de alguna copla, deambulaban mendigando por las poblaciones españolas, como los ciegos que se apostaban en los lugares donde se refrescaban o cambiaban las caballerizas y las agrupaciones de vagabundos que había por doquier.

Gustavo Dore - Vagabundos

Grabado de Gustave Doré (29)

Gustave Dore - Desesperacion de un guitarrero 1881

Grabado de Gustave Doré (29)

Luis Vega-Rey afirmó que «La caridad mal entendida de los tiempos de fe y la bondad de las almas piadosas socorría abundantemente a los mendigos con ropas de desecho, sobras de comida y dinero. Esto era lo que más apreciaba el pordiosero porque el metálico le proporcionaba el goce de los más asquerosos placeres.....[....] .....  El mendigo vendía la ropa que le daban porque su interés y su táctica estaba en andar siempre sucio y desharrapado para mover a compasión, e igualmente vendía los restos de alimentos a los que criaban aves y otros animales en los corrales, o bien se dedicaba por cuenta propia a esta lucrativa industria donde todo era ganancias; de aquí resultaba no haber mendigo que dejara de poseer algún capital en buenas monedas de oro cosidas en los remiendos de los harapos que vestía» (52).

Como hemos podido apreciar, en esta época no fue raro que los mendigos se agruparan y recurrieran a sus habilidades musicales para llamar la atención y, con ello, obtener más limosnas a las puertas de las iglesias, cosa que también hicieron las cuadrillas que corrían la tuna.

Sobre la sopa boba

Según Luís Vega-Rey, autor de finales del siglo XIX, el reparto de la sopa conventual era una costumbre que venía desarrollándose inalterada en España desde hacía 400 años (52), deduciéndose su posible origen en el siglo XV. Pasamos a ver algunos aspectos de ella.

a) Composición

Muy poco se ha hallado, conociéndose que «la sopa era mala» pero que «si estaba compuesta de las sobras, su calidad no sería desdeñable; y si, como sucedía, siempre se aumentaba en cantidad correspondiente a los que solían acudir, la ventaja en su favor es indudable» (12). Estas sopas debían ser insípidas al aumentar su cantidad añadiéndole agua, por lo que dieron en llamarse "bobas" (19). Como reflejan Martín Sárraga y Asencio González (19) «no sabemos como se hacían estas sopas, pero conocemos algunos de los ingredientes que podían formar parte en su elaboración gracias al 'Nuevo y Curioso Romance, del Modo de Vivir de los Pobres Estudiantes que Estudian en Valencia':

Esta olla se compone

de variedad de verduras,

de verzas, y de escarolas,

de acelgas, y de lechugas,

de habas, col y cebollas,

los pimentones ayudan,

perejil, y yerba buena,

de cardos las pencas duras,

las espinacas, y nabos;

también entran en consulta

chirivías, zanahorias,

y algunos granos de ubas,

calabazas, berengenas,

menbrillos y otras frutas

también tienen su lugar

los huesos de la aceytuna,

y el caracol enredado

en las ojas de verdura;

las lentejas y tomates,

peras verdes y maduras,

el requeson, y garvanzo,

las judias, con aluvias,

los ajos, y los guisaltos

y aun pasas, si bien se apura,

las cabezas de pescado;

carne ni poca ni mucha,

tal vez atún, y abadejo,

mendrugos de pan, y en suma,

entra el arroz, como Rey

de toda aquesta mixtura». 

En palabras de Vicente de la Fuente a la escasa comida sobrante de los Dominicos españoles (siempre sobrios y austeros) añadían diariamente sobre 16 arrobas de patatas (18). Una fuente posterior (aunque republicana, por lo que no hemos de obviar su tendencia editorial) decía que la bazofia contenía "cáscaras de naranjas, mendruguillos pequeños, hueso ninguno, todo revuelto en un montón" (54).

Sobre la sopa de los conventos se publicaron en 1892 los siguientes versos (50) que nos aporta el protagonismo de las verduras en ella: 

«En un convent de franciscos (En un convento de franciscanos)

me donan la cassolada (me dan la cacerolada)

de bona menestra y pa (de menestra [verdura] variada y pan)

que‘m posa plena la pauxa» (que me llena la panza).

Antonio Velasco Zazo decía de ella lo siguiente en 1918:

«Merced de los frailes mendicantes el sustento de la gallofa era la refacción que a punto de la hora meridional se repartía en los conventos de Madrid. Aquí, donde la tropa maleante sabía condimentar de modo singular la sopa de ajo, habíase dado con el artilugio de otra sopa reparadora que no era la de arroz ni tampoco la de hierbabuena sino la llamada boba, la que consistía en el sobrante de las cocinas monásticas y hasta de las mesas acomodadas; olla castellana que los pícaros vivanderos hubieron de bautizar con necio adjetivo para perpetuar la ironía de los bellacos de jábega» (57).

Buena idea de lo que antaño se entendía por 'bazofia' la aporta su primera definición el Diccionario de Autoridades de 1726: «las heces o la porción dañada y corrompida de cualquier cosa, y más determinadamente de cosas comestibles» (20). Igualmente esta fuente señaló entonces que «algunos dicen bodrio pero se debe decir brodio por razón de su origen», así como que se usa vulgarmente para hablar de cualquier comida picada y revuelta con otros ingredientes cuando no está bien guisada ni sazonada. La edición de 1739 señalaba que sopa «significa también la comida que dan a los pobres en los Conventos, por ser la mayor parte de ella pan y caldo» (21) y en 1770 el Diccionario de la Lengua Castellana varió la definición de bazofia para significar «las heces, deshechos o sobras de comidas mezcladas unas con otras» (22). 

Sopa boba color el el Convento San Diego de Alcala - Bartolome Murillo

  San Diego repartiendo la sopa boba, óleo de Murillo

El óleo anterior, obra de Bartolomé Murillo, fue uno de los once lienzos que le fueron encargados en 1645 para el claustro chico del Convento de San Francisco (Sevilla) y permite ver claramente que, si el pintor eligió sus personajes conforme a los beneficiarios habituales del bodrio, en el siglo XVII no se prodigaban los escolares pobres entre los sopistas, tal y como sostenemos.

b) Reparto

De esta manera describían antaño la escena del reparto del bodrio (6,46), desaparecido en las primeras décadas del siglo XIX:

«Aquel pandemónium de todas las miserias humanas, de todo género de pauperismo, de bienes, de inteligencia, de previsión, debidos en su menor parte á rigores de la suerte; aquella rara variedad de enfermedades, imperfecciones, desconocidas muchas al médico más estudioso, y esto sin exceptuar ancianos y niños, mujeres y jóvenes á quienes ni aun la esperanza de muerte próxima pudiera consolar. Y casi todos reían, se agrupaban agitándose al ver salir el gran caldero de bodrio en que cifraban su ventura, sostenido por dos hermanos legos, cuyo favor no sabré decir si demandaban, ó su salida aplaudían, ó les daban la bienvenida, á través de aquel grito unánime, discordante, inarticulado, tan propio del dolor como ansiosa manifestación del hambre, que hemos oído lanzar á colecciones de seres irracionales cuando la pitanza olfateaban».

Resulta cuando menos curioso el escándalo que su reparto ocasionaba en dicha turba, publicándose

«... entre aquél agrupamiento y tumultuosa demostración, el caldero amenazaba caer, los legos perdían la paciencia, tan recomendada en tales casos, su voz se confundía en el alboroto y hasta en vano era que tratasen de imponerse a los más atrevidos enarbolando el cazo, símbolo de autoridad para todos, que llegaron a desconocer muchas veces.

 

Nadie extrañe que gritasen tan alto. Los mendigos de entonces ensordecían la calle en que habitualmente imploraban la caridad pública, y nadie lo extrañaba como ahora nadie extraña lo hagan así en los sitios más concurridos los vendedores en la forma y modo que bien les place.

 

Comenzaba la distribución y la solemnidad del acto imponía silencio. El interés se trasladaba a los ojos. Era de ver la diversidad de recipientes que allí se presentaban. Alguno fue su primer destino contener flores, quizá merced al capricho ruinoso de una señora de modesta posición dio lugar por su excesivo coste a la envidia y maledicencia de sus amigas y, ahora, desportillado, borrado el esmalte, hasta el lego duda si vaciará el cazo en tan inusitado cacharro. ¡Vaivenes de la suerte! Había también de aquellas antiguas jarras de Alcora con baño cobrizo, secreto de la industria valenciana, alcarrazas de Andújar, pucheros de Alcorcón, orteras gallegas y cazuelas de varios tamaños, pero nada en su prístino estado sino roto, derramando su contenido por cualquier parte, no siendo por donde en caso debiera tenerse.

  

Los dimes y diretes entre el lego y los postulantes no son para contarlos, ni tampoco los alegatos de cada cual a favor de su merecimiento a mayor cantidad por razones de familia, condición especial o circunstancias, adicionados con las réplicas del auditorio, siempre dispuesto a la negativa, y sentenciados sin apelación por el hermano, no sin sus considerandos y resultados respectivos porque, eso si, no había queja que no se atendiera hasta concluir la distribución» (46).

Se atribuye al bachiller Sotanillas (7) la siguiente escena publicada en 1842 que tuvo lugar en el portal del Convento de San Diego de Alcalá de Henares:

«Salió el lego [en los conventos era quien siendo profeso no tenía opción a las sagradas órdenes] con la bazofia, y yo, llegándome el primero le dige con aire marcial.

— Padre, eche V. Bodrio.

— ¡Oiga el insolente! ¿donde ha visto a la gracia de Dios llamarla bodrio?

— No hay que asustarse, hermano Legumbres, á gran cazada gran horterada. 

Pero viendo que no me echaba mas que caldo de por encima, le dige:

— Hermano, eche de profundis.

Cansado el pobre lego de mi locuacidad, alzó el cucharon, y me respondió:

— Tome de clamavis al mismo tiempo que sacudió con el cucharon un porrazo, que me entró el sombrero hasta los ojos y me dejó hecho una sopera.

En tal estado marche hacia la Redondilla, en donde habia entonces una leonera [receptáculo de sopistas] dirigida por un tal S.... que contaba 30 años de estudiante de la tuna y nunca concluía la carrera.».

 Convento de San Diego de Alcala de Henares y La Redondilla - Universidad de Alcala En portal.uah.es. Puerta NombresCalles

Izqda.: Convento de San Diego. Drcha.: Plaza de San Diego, conocida como la Redondilla (8)

El solar en donde estuvo el Convento de San Diego fue utilizado para levantar los Cuarteles antiguos (8).

Luis Vega-Rey describía el reparto de la siguiente manera (52):  

«Con bastante antelación a la hora del reparto, en todas las poblaciones, grandes y pequeñas, donde hubiese un convento que repartiera la sopa, reuníase junto a la puerta donde se tomaba una chusma de mendigos de ambos sexos, [ilegible], deharapados, asquerosos y repugnantes, que reían, bromeaban, se dirigían unos a otros en chanzas cínicas y vergonzosas, se burlaban de los transeúntes y no pocas veces criticaban con la más vil ingratitud a los mismos que les proporcionaban el alimento.

 

Al resonar la plegaria del mediodía abríase la puerta del patio del convento y aparecían dos legos llevando un enorme caldero lleno de un bodrio, más o menos bien condimentado. La presencia de los legos era saludada con un aplauso, o mejor dicho, con un aullido general, y todos los vagos pordioseros lanzábanse en confuso tropel presentando pucheros, cazuelas o fiambreras, queriendo ser servidos los primeros. Los legos, después de sostener mil disputas, porque nadie quedaba contento, iban repartiendo con un cazo aquella comida que en el lenguaje técnico de la canalla se denominaba 'gandinga'....

 

....[....]....

 

Antes y después de la hora del reparto de la gandinga los pordioseros tenían la 'intención libre', como dicen los curas; esto es, se arrogaban el derecho de importunar a todo el mundo pidiendo limosna, bien en la vía pública o bien penetrando en todas las casas». 

Velasco Zazo aportaba en 1918 los periplos de los legos buscando ingredientes antes de preparar la sopa boba, así como comentaba el reparto y hablaba de sus beneficiarios de la siguiente manera (57):

«Salían los legos muy de mañana recorriendo las posadas, los mercados y las casas nobles en busca de limosna que en dinero y especies les daba el vecindario a fin de preparar el alimento tan necesario para los infinitos pobres que se estacionaban en las puertas de los conventos sin más amparo que el de Dios y el de los religiosos encargados de la provisión de víveres. Llegaban aquellos con las alforjas repletas de bastimentos cuando ya toda la hermandad de la pobretería tomaba posiciones en el cotidiano reparto de la sopa boba poniendo sus miserias y desnudeces a la luz del sol, entreteniéndose en cantar los romances y villancicos [recuérdese que se ofrecía la sopa principalmente durante los 3 meses de invierno], en jugar con el libro de las cuarenta hojas, en armar la pelaza [riña, disputa]y en dejar suelto el bárbaro lenguaje de la 'trena' [cárcel].

 

Fingiendo humilde beatitud, los mendigos alargaban los pucheros, las cazuelas y las escudillas en torno de los legos que, con el caldero y el cucharón, abríanse paso con harta dificultad, intentando apaciguar los ánimos y las ansias de los menesterosos con estas o parecidas palabras:  

 

- ¡Orden, orden, hermanos! ¡Callen o no hay sopa! 

 

Apiñábanse todos y gruñían más que murmuraban, castigando duramente a los 'arrimones' que, burlando la buena fe, volvían a ponerse en fila, y a los descontentadizos que a la sopa llamaban bazofia». 

Según Vicente de la Fuente los Padres Dominicos de Ocaña dieron de comer, y aun daban en 1868, «a más de 300 pobres un dia con otro», afirmando que en el Monasterio del Escorial se mantuvo durante el invierno de 1867 a 1868, alimentando a más de 200 pobres, pasando algunos dias de 300 los socorridos con la comida sobrante y lo que á ella se añadia. El mismo autor indicaba que los Padres Escolapios de Getafe mantuvieron también con el sobrante de su Colegio a los pobres del pueblo y de otros adyacentes, siendo los socorridos por sus dos colegios den Madrid más de 200 (18). 

Aunque sólo hemos hallado el dato en una sola fuente, no hemos por ello de omitirla pues aseguraba que «se daba no sólo en los conventos de Madrid sino en algunas fondas y sitios particulares» (46).

 

c) Pros y contras

En 1868 Vicente de la Fuente publicó un artículo en clara defensa de la sopa boba bajo el título "Los pícaros y los holgazanes no eran los que frecuentaban la sopa de los conventos, ésta se daba y da con discernimiento" (9) en referencia a la ofrecida en el entorno de la Universidad de Alcalá de Henares que decía así en referencia al bodrio repartido en el siglo XVI y «hasta los últimos años de su existencia, de 1824 a 1834 inclusive». Dicho artículo, entre otras cosas, dice: 

«No era , pues, la sopa el recurso usual de los picaros, holgazanes y petardistas de aquel tiempo, cuyas malas mañas describían aquellos autores en estilo festivo. Y no se diga que eran estos partidarios de los frailes , que temían á la Inquisición…

....[….] ….

Pero dejando esto á un lado, lo cierto es que la limosna de los conventos tal cual se daba en ellos durante este siglo, y tal cual la alcanzamos á conocer en los últimos años do su existencia, de 1824 á 1834 inclusive, no era dada indiscretamente, ni menos á picaros y holgazanes. Los frailes sabían muy bien á quién la daban, como lo saben ahora en los conventos y seminarios y demás casas en que aún existe. Hablo de ello como testigo de vista. Más de una vez vi repartir esa limosna en el convento de San Diego y en el colegio de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares». 

Hubo más artículos reivindicando la caridad monástica y en pro de la sopa de los conventos, sobre todo los escritos publicados durante la penuria, hambruna y miseria del invierno de 1867 a 1868, circunstancias que aumentaron en el invierno siguiente. A fin de intentar paliar esta situación los diputados de Castilla la Vieja instaron a las Cortes y al Gobierno pidiéndole diez millones para poder dar un pedazo de pan a los «famélicos habitantes de vastas comarcas en que no se vé yerba ni vegetación alguna, en que se muere todo el ganado, en que los arrendadores abandonan los campos y los dueños no hallan quien reemplace á los que se van» (18).

Sobre las críticas que recibía la sopa conventual Vicente de la Fuente respondió también a quienes afirmaban que era «hedionda, era escasa y nada nutritiva, reducida á varios mendrugos de pan mojados en un caldo repugnante mezclados con huesos de carne, espinas de pescados y otros alimentos heterogéneos» que «en la mayor parte de los conventos, siempre que sus bienes lo permitían, se mezclaban en la comida sobrante una porción de pan, patatas u arroz en cantidad mayor que hacían desaparecer aquella parte sobrante entre la otra mayor cantidad de provisiones que se habian preparado aparte y no salían á la mesa. Los ejemplos citados del convento de Ocaña y monasterio del Escorial lo acreditan asi.…..[…]…. Si tuviéramos por objeto hacer una estadística de los pobres que hoy, hoy mismo, viven en Madrid y en otros puntos de España de la sopa de los conventos, tan mal traída y vilipendiada por los egoístas y sibaritas modernos, el resultado seria sorprendente de seguro. Resultaría quizá que durante este penoso invierno los conventos de monjas y los escasos de regulares que aun quedan en España hayan mantenido aproximadamente 20.000 pobres, sin presupuesto, sin ruido, sin alarde alguno de vanidad ni orgullo. Convertido en testigo de excepción, rememorando los escasos puntos en que aún se repartía entonces en Madrid y Alcalá de Henares, Vicente de la Fuente decía en 1871 (10,41): 

«…¿Quién no ha oido hablar de la bazofia de los conventos? …..[….]… Si el manjar era nocivo é insalubre, ¿cómo lo consentían las autoridades? ¿cómo lo consienten, pues que todavía se usa? Como acudían á él los necesitados y acuden con avidez, y lo solicitan con empeño, y se tienen por desgraciados los que no lo consiguen, y tienen envidia á los que pueden lograrlo? ¿No lo habéis visto? Pues yo lo he visto más de una vez. Lo he visto en Madrid y fuera de Madrid, y he visto que son falsas todas esas declamaciones….[….]…Mañana, si os place, bajad á las Escuelas Pias de San Fernando, en el pobre barrio de Lavapiés, ó pasad á las de San Antonio Abad, en la calle de Hortaleza, y podréis cercioraros de lo que era y de lo que es la sopa de los conventos.

Allí veréis en cada uno de esos colegios acudir por la tarde á más de 200 niños de lo más desarrapado y miserable entre los millares de niños miserables y desarrapados, á quienes educan los buenos hijos de San José Calasanz; y los veréis considerarse muy dichosos con poder lograr una parte del manjar que ha sobrado á los colegiales internos y á los justamente llamados clérigos pobres da la Madre de Dios, verdaderamente pobres, porque quizá lo son más qué los frailes de algunos conventos de mendicantes.

Y como por lo común no alcanza este sobrante á satisfacer el hambre de todos los niños, se ven precisados á aumentar este con manjares que no han salido á la mesa. Muchos de aquellos niños están en ayunas hasta que les toca el reparto de su ración de sopa: algunos apenas comen otra cosa en todo el dia. Cerca de uno y otro establecimiento, las hijas de San Vicente de Paul tienen dos asilos en los llamados de Santa Isabel y del Príncipe Alfonso, en que educan á millares de niñas pobres, y a las que dan también un ligero almuerzo, costeado todo ello por piadosas señoras, y sin gravamen del Estado.

Pasad á ver si es bazofia lo que reparten las hermanas de la Caridad en sus modestos asilos de párvulos…….[….]…Yo he tenido ocasión de recomendar algunos infelices para recibir este sobrante de comida en alguna de esas comunidades, y he visto el dolor de algunas madres de familia, cuando se les decia que no había posibilidad de lograrlo, al menos por entonces».

Otro alegato en su defensa decía en 1886 (46):

«Dicen que fomentaba la vagancia. Lo mismo se dice de los hospitales y casas de beneficencia. Lástima es que los que tal escriben no probasen algún tiempo, sólo por desengaño, ese trabajo incesante de fábrica o taller, y lo que más aterra, las paradas por falta de obra o de salud con su consecuencia la miseria extrema, compañera inseparable de las enfermedades en casa del obrero. De seguro rectificarían sus opiniones, si es que no escriben por espíritu de secta. 

 

Respecto a la vagancia, se castigaba con demasiado rigor. Servir a la marina o al ejército era la pena, y seguro es que por un rancho cada veinticuatro horas no habría muchos que incurriesen en tan severa corrección, acompañada de circunstancias infamantes.

 

Que la sopa era mala, dicen otros. Esa consideración debieran dejarla a los pobres modernos Tirteafueras. Si era compuesta de las sobras su calidad no sería detestable y, si como sucedía, siempre se aumentaba en cantidad correspondiente a los que solían acudir, la ventaja en su favor es indudable».

Ya a finales del siglo XIX se publicó, nuevamente desde el ámbito católico, un nuevo artículo en defensa de la sopa boba (49): 

«La sopa de los conventos era un medio del que se valía la caridad cristiana para remediar la verdadera necesidad y miseria. A la sopa del convento acudían el infeliz que por impotencia física no podía ganar con su trabajo el alimento necesario para su subsistencia, la pobre viuda a quien era difícil atender a las necesidades de sus tiernos pequeñuelos y el hijo de la pobreza, que sintiendo arder en su mente la llama del talento, remediaba con la sopa la necesidad corporal y le servía de medio pobrísimo si, pero honroso para llegar a la consecución de sus laudables deseos.

 

La sopa de los conventos no era un medio de fomentar la vagancia...»

Buena idea del cariz que entonces tomaron las manifestaciones de sus defensores es el siguiente texto, al parecer tomado de "La sopa de los conventos", capítulo del libro "Los Institutos religiosos, ensayo histórico-filosófico sobre las Órdenes religiosas" escrito por Fray Jerónimo Aguillo López de Turiso, Lector de Sagrada Teología y comisario provincial de Cataluña y Menorca que fuera publicado en 1892 por la Librería y Tipografía Católica de Barcelona pero que no hemos podido localizar aún (51): 

«….Los economistas modernos apelan a la sopa de los conventos para explicar una de las plagas sociales cual es la holgazanería; esa forma técnica que utilizan para sintetizar uno de los grandes capítulos de culpas que viene formulado entre los que llaman obstáculos tradicionales para el engrandecimiento de las naciones ha pasado a ser casi un proverbio y una verdad que basta enunciarla para que todos bajemos la cabeza y digamos con los pitagóricos: ‘Magister dixit’.

De la sopa de los conventos se han ocupado los economistas y todas las camadas de liberales han señalado al mónstruo que se traga la prosperidad de la nación, como el Polifemo de la fábula.

Monstruum horrendum, informe.

 Ingens, cui lumen adeptum.

Así como para insultar al Papa se dice ‘la Curia romana’, y para escarnecer al Clero se usa la palabra ‘jesuitismo’, y para burlarse de la religión se llama ‘fanatismo, superstición’, del mismo modo para insultar a los monjes y regulares de todos los tiempos se dice la sopa de los conventos. Comocido ahora el significado de la expresión explicaremos lo que es la sopa de los conventos y, valiéndonos del opúsculo del señor Lafuente, combatiremos a los economistas como hemos combatido a los incrédulos aunque un ataque burlesco y de mal género, como el de los economistas modernos, no merece una confutación seria.

…[….]…..

¿Qué es la sopa de los conventos? La distribución de la comida sobrante, y parte de lo que no sobra, en un convento a pobres que no tienen que comer. Es la caridad que mata al socialismo con trozos de pan y capítulos de doctrina cristiana en la puerta de un convento. …[….]….. Los frailes, al dar lo sobrante, no hacen más que cumplir con un deber. Quod superest date elecmosynam (Luc. II). Despreciar y ridiculizar a los frailes por cumplir un precepto evangélico es despreciar y ridiculizar al Evangelio…... 

…[….]…..

El fraile, en el convento, no tiene ni posee nada; la Comunidad cumple con el precepto de la limosna, sirvióndose el Superior de uno de sus individuos para entregar a los pobres lo que cada religioso ha dejado por amor de Dios para los pobres…..

…[….]….. 

No niego, responderá alguno, que se debe dar limosna, pero hay muchos modos de darla y la sopa de los conventos es una bazofia, cosa repugnante, nauseabunda, compuesta de desperdicios que causan asco. ¿Por qué hemos de dar a nuestros semejantes ese residuo de las cocinas que no se da ni a los animales domésticos? Sucios son los frailes, lo es la comida, y figúrese usted que será lo que dejan. Por otra parte el fomento de la holgazanería, y donde quiera que hay frailes hay holgazanes. ¡Hombre¡ ¡Qué razones tan concluyentes contra la sopa! ¿Si me hará Vd. Mudar de parecer? ¿Con que la sopa es sucia y mal sana, y degrada al hombre ese modo de dar limosna, fomenta la holgazanería, y donde había muchos conventos abundaban los holgazanes? Para salir de ese atolladero necesitamos muy poco, señor economista. …. La costumbre de dar limosna en la puerta de los conventos la admite Vd. como esencialmente buena y conforme al derecho natural y divino, y le hiere a Vd. el modo, que quizá no será como Vd. lo pinta ….”. 

Las manifestaciones contrarias a la sopa conventual fueron muchas, principalmente al aflorar las ideas liberales en la sociedad española y asociar su reparto al fomento de la holgazanería. De esta manera hallamos el 1873 que José Juan Madrigal, en un artículo titulado "El Partido Carlista de hoy", afirmaba que "más de 50.000 frailes de los 90.000 que comían la sopa boba en los conventos se marcharon a la facción a defender la religión de Jesucristo con el trabuco, con el incendio y con el esterminio..." (43).  

No podemos olvidar el artículo "Torquemada en la cruz" que en 1894 publicara Benito Pérez Galdós (53) dice, hablando de la dignidad de los mendigos que piden limosna: «Esa misma dignidad nos veda acercarnos a las puertas de los cuarteles, donde reparten la bazofia sobrante del rancho de los soldados, y comer de ella para tirar un día más».

Dos años después, cuando ya no se repartía sopa conventual y algunos cuarteles ofrecían las sobras del rancho, se publicó en referencia a la desaparecida sopa (54): "¿Y por comer estovan [acuden] al cuartel los viejos asilados en la casa de las hermanitas de los pobres?, dije para mi. Y como si escuchara mi pensamiento uno que pasaba dijo: Eso que antes lo daban los militares a los pobres callejeros lo exigieron las hermanitas de los pobres y se lo llevan para echárselo a los cerdos. Este año han en gordarlo nueve y los han vendido...". También en 1896 se publicó que "el prototipo de un golfo"  comía la bazofia "de las tiendas asilo o el sobrante del rancho de algún cuartel" (55).

En la primera década del siglo XX Rivera Cobos (56) publicó:

«El observador que hubiera querido transportarse a la época de los Carlos y los Felipes no tenía más que haber acudido por las tardes a las puestas de los cuarteles en esa hora en que los pobres se agrupaban en torno de los rancheros mostrando su mugriento plato, ansiosos del rancho sobrante.

 

Veíanse en ellas tipos repulsivos de enmarañadas melenas y barbas hirsutas que nos recordaban aquellos pordioseros de oficio que se pasaban el día contando miserias enternecedoras para recoger unas cuantas monedas, que alegremente gastábanse luego transformadas en libaciones.

 

No faltaban tampoco los altivos y agresivos necesitados que, a semejanza de aquellos hidalgos venidos a menos, pasaban airados por entre la muchedumbre para ir a recoger la sopa boba que el hermano lego repartía a las puertas de los conventos.

 

Allí veíase a la vieja beata y embustera, de espaldas encorvadas y carnes flácidas, pronta a dejar sus rezos y lágrimas por el agradable placer de la murmuración. Y como nota alegre de este cuadro de tristezas y miserias, el rapaz travieso y pícaro de ojos vivos y maliciosos, aficionado a lo ajeno y a la travesura.

 

De cara simpática y sinvergüenza, mezcla de ingenio y truhán, dando muestras de su fertilidad de ingenio, dice donaires, inventa burlas y lleva de un lado a otro el perfume de la alegría y de la juventud. No te estarás quieto, maldito niño -dicen las viejas- así reventaras... Pero el rapaz, en cuyas venas circula la sangre de sus doce años y en su espíritu alienta el de aquella españolería alegre y picaresca, no tiene oídos para consejos ni para reconvenciones sino para escuchar todo lo que sea estímulo a sus travesuras».

Con ello parece demostrado tanto que quienes acudían a la sopa conventual fueron los beneficiarios de la bazofia de los cuarteles como que en dicho momento, los estudiantes sopistas no recurrieron a esta beneficencia militar. 

d) Desaparición

Prueba de la desaparición generalizada del reparto del bodrio conventual en 1822 y en relación con el nombramiento de Rafael de Riego como presidente de las Cortes se publicó, relacionado a Valencia: «.......habiendo llamado particularmente la atención una soberbia estudiantina, en la que se llevaba una bandera de tela de seda verde con un letrero que decía viva Riego aunque nos quiten la sopa esto último parece que los estudiantes lo decían por habérseles negado ya la sopa que a los pobres de esta clase se les daba en algunos conventos de aquella ciudad»" (16), habiendo únicamente hallado los anteriormente citados casos puntuales de las provincias de Madrid y Toledo.

Aunque fuera publicado más tarde, un soneto de 1869 incluye a la sopa boba entre las cosas perdidas a la vez que introduce una crítica política (42):

¿Por qué no veo en tu frente dos orejas (?)

triunfal corona de tu gran valía?

¿Qué fue de aquella fe que no comía

sino espinacas, nabos y lentejas?

¿Dónde se fueron las costumbres viejas

de preferir de ayuno la judía,

que de alimento y música servía?

Triste del mundo que tu gloria dejas.

Ya no hay la sopa boba del convento,

ya no se ve la plaga de Cogulla,

ya se acabó la fe y el ardimiento,

venga Aparisi, Nocedal, Carulla,

venga D. Carlos [aspirante a la corona], vengan al momento

para que más la clerigalla engulla”.

La sopa de los conventos sufrió un largo periodo de suspensión desde que quedaron suprimidas las comunidades religiosas. Al ser restablecidos en España los frailes, en virtud al concordato establecido con la Santa Sede, y aunque el número de conventos fue aumentándose progresivamente, el reparto público de a sopa no volvió a restablecerse. Vega-Rey afirmó que sólo los Padres Escolapios continuaron dando a los mendigos las sobras de su mesa y de la de sus colegiales, teniendo al fin que suprimir el reparto a causa de los escándalos y poco edificantes escenas que en la calle producía la insolencia de los mendigos. También sostuvo a finales del siglo XIX que "los actuales religiosos, dotados de excelente criterio, conociendo las exigencias de la actual época y de la sociedad culta, y evitando presentar en público escenas repugnantes y que se produzcan escándalos en la calle, y no queriendo faltar a las prescripciones de la verdadera caridad cristiana, han abolido el reparto a los mendigos. En su lugar distribuyen diariamente cierto número de raciones de pan y de vianda hecha 'ad hoc' entre personas de notoria honradez y conocida necesidad que no piuden ni molestan y qe sin que nadie se entere van a recoger a los conventos a las horas marcadas tan caricativo donativo" (52). 

Se escribieron artículos para restablecer el reparto de la sopa conventual recordando las necesidades que remediaba, "tan apreciada por el hambriento como censurada por el harto" (en franca crítica a sus detractores)....... y que, a la sazón, no habrá quién niegue su beneficiosa utilidad (con demostraciones admisibles) si fuera dado establecerla en las setenta casa, por lo menos, que a fines del siglo anterior» (46) en referencia al siglo XVIII, pero no dio resultado.

A modo de curiosidad histórica vale la pena recuperar el siguiente texto publicado en 1875 por la Revista Europea (44):  

«Como en Inglaterra y Alemania, también en Suiza la Reforma vino a suprimir la pitanza o bazofia que diariamente recogían los pobres a la puerta de los conventos de frailes, reemplazándola con una cuota señalada a los ricos por la administración municipal y cantonal. Berna y Zurich, Lucerna, Vaud y demás cantones protestantes contribuyen cada año, por término medio, con 4.000.000 de reales para el socorro de los pobres, cantidad que distribuyen sus respectivas corporaciones municipales, unas veces en dinero y otras en especie, al domicilio de los necesitados, a las casas de trabajo, a los hospitales y hospicios. Se reconoce sólo este derecho a cuantos se vean imposibilitados de trabajar por enfermedades, vejez, defectos físicos, etc. En los cantones católicos la limosna particular está formalmente autorizada; por lo mismo está poco desenvuelta la beneficencia pública».

En 1878 se volvió a recordar la desaparición del reparto del bodrio al publicarse: «Hoy no se agrupan a las puertas de los conventos abigarradas muchedumbres, empujándose y blasfemando, queriendo cada cual ser el primero que llene su escudilla con la bazofia de aquellos reverendísimos padres, que para mejor cumplir su voto de pobreza y sobrellevar las estrecheces de la vida contemplativa..» (45). 

Durante la última década del siglo XIX, aparecieron en Madrid los llamados "comedores de la caridad", llevados por "señoras ricas, distinguidas y caricativas" abiertos diariamente "tres meses por lo menos durante el invierno (52), a los que corresponden la mayoría de fotos modernas que evidencian reparto de alimentos.

Dejamos para el final, aunque no aparezca cronológicamente, un hecho acaecido en 1834, poco antes de iniciarse la venta de las fincas urbanas y rústicas del clero, por su especial rudeza que determinó que nadie acudiera al reparto de la sopa boba en Madrid. Carlos Amer lo dió en llamar "la noche sangrienta" y fue resultado de las ideas radicales de un pueblo ignorante que dio por ver en los frailes a un enemigo que los envenenaba las aguas cuando en realidad se trataba de la epidemia de cólera que azotaba Madrid el 16 de julio de 1834 (minuto 22:33 al 23:02 de Por la senda liberal). El artículo, publicado en 1892, decía (59):

«.....circuló por Madrid la estupenda noticia de que los frailes habían inficionado las aguas de que se surtía el vecindario, y de que el veneno en ellas diluído, y no el cólera, era la causa de que se extendiera por la villa enfermedad tan terrible como aquella, que amenazaba acabar con sus habitantes. ....[....].... La nueva se esparció con rapidez increible y en la tarde del día antes citado notáronse los síntomas primeros del furor popular, que luego se tradujo en horrible tragedia.

 

Un síntoma gravísimo se observó al llegar la hora de repartirse la sopa en los conventos: a recoger la porción que le correspondía no acudió ni un lisiado, ni un ciego, ni un anciano, ni siquiera la mozuela desenvuelta que, con sus muecas significativas y sus dichos picantes, constituia la pesadilla del lego encargado de distribuir la bazofia y el pasatiempo agradable del superior de la comunidad, que desde la ventana de su celda presenciaba el reparto.

 

Amaneció el 17 y bien pronto comenzaron a formarse corrillos que fueron engrosando a medida que avanzaba el día.

 

En los barrios bajos observábase insinuado movimiento; algunas mujeres promovieron el primer motín en la Plaza de la Cebada, y la que capitaneaba el grupo increpaba a los hombres porque no exterminaban a los frailes, que se habían propuesto envenenar a todos los liberales; de la boca de aquella mujer salían, como si vomitara el infierno, blasfemias horribles y amenazas sangrientas.

 

Plaza de la Cebada en 1860 - En rebollopuntocom

Plaza de la Cebada en 1860 donde, a finales del siglo XIX se celebraron ejecuciones con garrote vil y horca.

En el centro está la Iglesia de San Millán, demolida en 1869. (Fuente: fuenterebollo.com, en Pinterest)

 

Calle de Toledo en 1890 - Pinterest

Calle de Toledo en 1890 (Fuente: fuenterebollo.com, en Pinterest)

 

El grupo subió por la calle de Toledo y, al llegar a San Isidro, en donde residían los PP. de la Compañía de Jesús, aquellas mujeres intentaron forzar las puertas, pero fueron dispersadas antes que pusieran en práctica sus propósitos destructores. 

 

Colegiata de San Isidro Colegio Imperial - Wikipedia

Colegiata de San Isidro, construida en el siglo XVII como Colegio Imperial de la Compañía de Jesús

(Fuente: Pinterest)

 

Los ánimos estaban muy enadecidos; grupos numerosos de hombres discutían en distintos sitios acerca del castigo que había de hacerse sufrir a los frailes, y la excitación llegó al colmo cuando al mediodía salió el lego de San Francisco llevando el caldero de la bazofia destinada a ser repartida entre los pobres.

 

También allí las mujeres armaron otro motín, librándose el pobre lego de ser arrastrado, gracias a la ligereza de sus piés.

 

Esparcida por el suelo la bazofia, sirvió el caldero que la contuvo de instrumento apropiado para aumentar la confusión producida por aquellas amotinadas que, según decían, no se contentaban con menos que con quemar a los frailes para que se fueran preparando al fuego que había de consumirles en el infierno.

 

La fuerza pública dispersó a las que prodijeron el motín, y parecía quedar todo tranquilo cuando a la caída de la tarde se desencadenaron las iras populares.

 

Turbas numerosas forzaron la entrada del Real Colegio de Santo Tomás, del Convento de San Francisco el Grande, del Colegio Imperial y del Convento de Mercenarios Calzados.

 

Mujeres desgreñadas y hombres de aspecto feroz, armados de palos agudos por uno de sus extremos, sables, machetes y bayonetas enmohecidas, navajas y cuchillos de gran tamaño, fusiles que acaso sirvieron en un día memorable para abatir el orgullo de los franceses, trabucos de boca tan ancha como la de un cañón y escopetas de todos los calibres. recorrieron los claustros en medio de gritería espantosa, penetrando en las celdas, destrozándolo todo, hiriendo y matando de un modo bárbaro y cruel a los religiosos que encontraban al paso.

 

En [el Colegio de] San Isidro se unió el sacrilegio a la matanza.

 

Creyó el superior del imperial colegio que, a la vista de Jesús Sacramentado y de los padres y hermanos orando en el presbiterio, con la cabeza inclinada hasta casi tocar el suelo, se contendría la turba sanguinaria, pero no sucedió así.

 

Los amotinados penetraron en el templo; al canto sublime de 'Pangue linguae' entonado por los sacerdotes, uniéronse horribles blasfemias, y pronto se mancharon de sangre el pavimento y las paredes del sagrado recinto.

 

Algunos, muy pocos, pudieron escapar pero en las calles por donde huían despavoridos fueron alcanzados por otras turbas, quedando muertos o mal heridos.

 

.....[....].....

 

El lúgubre sonido de las campanas tañidas en los conventos asaltados para pedir socorro, los ayes de los moribundos, las imprecaciones furiosas de las turbas sanguinarias, los gritos de los vecinos. que no creían estar seguros en sus propias viviendas, y el resplandor de las antorchas improvisadas y de los cirios arrebatados a los altares para alumbrar aquelals escenas de exterminio llenaban de pánico el ánimo más esforzado y de indignación el pecho más indiferente.

 

Noventa seres indefensos fueron sacrificados por las turbas frenéticas antes de que la tropa consiguiera reprimir aquellos desmanes, y los nombres y calidad de las víctimas, así como los daños que sufrieron, bien deben recordarse hoy que se cumple el 58º aniversario de aquél acontecimiento execrable». 

 

Nombres de las víctimas por localidad en que fueron agredidos y/o asesinados.

 

Alimentación de los estudiantes  que no recurrían a la sopa boba  

También hubo escolares que aprendían fuera de los Estudios Generales y Escuelas, sobre curya alimentación unicamente hemos hallado hasta el presente los datos aportados por las Octavas del estudiante extremeño de gramática Antonio Luís Dea Buitrago que vivía con un cura que le enseñaba y admitía públicamente que no había pisado Universidades ni frecuentado aulas "por no poderlo lograr, evidente signo de su pobreza. Las mismas dicen así:

«Cumplo con las obligaciones de christiano

 oyendo misa entera cada dia,

 freqüento cada mes o mas temprano

 la penitencia y la sacra Eucaristia,

 asisto cada noche con mi hermano

 a rezar el rosario de Maria,

 y tengo a mucha dicha y gran ventura

 oir quando predica el Padre Cura.

 Cuando por el oriente el Sol camina

 me levanto, compongo, y después de est

 doy una vueltecita a la cocina,

y me encuentro el almuerzo ya compuesto,

reparo el cuerpo con su medicina

 ara hallarle al trabajo bien dispuesto,

 y luego, sin que nadie me dirija,

 voy a dar tras el Arte de Nebrija.

 Estudio mis lecciones con cuidado

 para saberlas bien cuando las pida,

 doi también un repaso a lo atrasado,

 conociendo lo mucho que se olvida;

 saco la construcción que me han echado,

 que siempre es tal, que a trabajar convida,

 de modo que en un año (a medio trote)

 tres vueltas tengo dadas a Napore.

 Pero muy cerca ya del medio dia,

 quando estando el almuerzo en los rincones,

 las tripas hacen grande algarabía,

 suele tomar mi hermano las lecciones,

 siéntase con reposo y alegría

 a oírme relatar las construcciones,

 y si alguna no estima bien trabajada

 me castiga sin palo ni pedrada.

 Despues de esta tarea concluida

 nos tienen ya la mesa aparejada,

 que si no es suntuosa ni lucida.

es sin fausto ni exceso, moderada,

 suele a veces también estar surtida

 de alguna anguila o trucha regalada

 y como sin melindre y sin desgano

 lo mismo que mi padre y que mi hermano.

 Reposada algún tanto la comida

 suele la siesta echar mi buen hermano,

 costumbre que es ya en el envejecida,

 asi en el invierno como en el verano;

 y yo entre tanto suelo hacer mi huida

 a divertir mi genio vivo y sano

 con que hago alguna travesura,

 suele ser mientras que duerme el cura.

 Segunda vez emprendo mi tarea

 de dos y media a tres en adelante

 y el docto Poeta Ovidio me recrea

 con su estilo gracioso y elegante;

 mi afición mas y mas se saborea

 con su expresion rumbosa y tan brillante

 y para mas verdad traigo entre mano

 la carta que dirije a Tuticano.

 A esta diaria ocupación añado

 otro estudio también muy apreciable

 que haciéndose con gusto y sin enfado

 un rato me entretiene razonable.

 Al idioma francés me he dedicado

 por hacerme en el siglo memorable,

 pues aunque invierta en aprenderle un año

no creo que podrá servir de daño.

 Y finalmente he dado en la manía

 (y mas propiamente llamaré locura)

 de querer estudiar la poesía,

 por mas que me lo reta y riñe el cura

 y asi luego que hallo yo la mia

 suelo las riendas a mi travesura;

 y ayudada mi pluma de mi vena

 de quartetas compongo una docena».

Dichas Octavas no sólo aportan datos de la alimentación diaria de este escolar pobre que, acogido por su cura, recibe abrigo, alimento y enseñanza el clérigo sino que nos aporta pinceladas interesantes de su vida cotidiana, horarios, materias estudiadas y afición por las travesuras.

Por otra parte la única descripción -hasta el momento encontrada- sobre la comidaque se ofrecía a los alumnos en las escuelas la hallamos en los Diálogos de Luís Vives, obra de 1759 editada en Valencia (61), que utilliza una conversación entre Nepotulo (Ne), Pison (Pi), Maestro (Ma) y Repetidor (Re) que dice:

Ne: Vivís por ventura espléndidamente?

Pi: Qué dices, por ventura pregunta si nos lavamos? Cada día las manos y la cara, y muy a menudo porque la limpieza del cuerpo conviene para la salud y para el entendimiento.

Ne: No pregunto por eso, sino si coméis y bebéis a gusto de vuestro ánimo.

Pi: Nosotros no comemos a gusto del ánimo, a gusto del paladar.

Ne: Yo pregunto si coméis, como y quanto quereis?

Pi: Muchisimo, es a saber con hambre y el que quiere come, el que no quiere lo dexa.

Ne: Os levantáis de la mesa hambrientos?

Pi: No del todo hartos, ni conviene porque el hartarse es de bestias, no de racionales. Cuentan que cierto Rey (a) muy sabio jamás se sentó a la mesa sin apetito y que jamás se levantó de ella harto. (a) Cyro, Rey de los Persas.

Ne: Qué coméis?

Pi: Lo que tenemos.

Ne: Juzgava que comíais lo que no teniais. Pero finalmente, que cosas son las que teneis?

Pi: O molesto preguntador, aquellas cosas que nos da.

Ne: Mas que os dan? 

Pi: Despues de havernos levantado hora y media almorzamos.

Ne: Quando os levantáis?

Pi: De ordinario al salir el Sol, qes el capitán de las Musas, y al Alva muy agradable para las humanas letras. Nuestro almuerzo es un pedazo de pan de harina sin cerner y un poco de manteca o algunas frutas del tiempo. A medio día comemos algunas yerbas bien cocidas o una escudilla de gachas o algún poco de carne. Unas veces nabos, otras veces verzas, almidon, sémola, arroz; también en los días de pescado una escudilla de suero, del cual se hace la manteca, con unas sopas; o algun poco de pescado fresco, si es que se halla en la pescadería barato, pero si no se halla comemos pescado salado bien remojado, después averjas o garbanzos, o lentejas o havas o altramuces.

Ne: Quanto os dan de cada uno de esas cosas?

Pi: Pan quanto queremos, de las viandas quanto basta, para no hartar sino para alimentar. Buscad comidas regaladas en otra parte, no en la Escuelam en donde se instruyen los ánimos a la virtud.

Ne: Que beveis?

Pi: Unos agua fresca y clara, otros cerveza floxa; pocos y raras veces vino, y bien aguado. La merienda, o si quieres llamarla antecena, se reduce a un poco de pan y algunas almendras o avellanas, higos secos, passas o si es en el verano, peras o manzanas, cerezas o ciruelas; pero quando vamos a la granja a divertirnos entonces comemos leche, o líquida o quajada, queso fresco, leche de grano, altramuces remojados con lexía, pampanos de vides y otras cosas que nos da la granja. La cena se concluye con ensalada bien menuda con un poco de sal y aceyte de olivas de la alcuza con un poco también de vinagre.

Ne: Que? Con aceyte de nueces o banos?

Pi: Quita allá cosa tan desabrida y no saludable; también comemos carne de carnero en un plato grande, cocida en la olla con caldo, con algunas ciruelas secas o raicillas o hierbecitas que nos sirvan de almodrote, alguna vez comemos salchicha, que sabe muy bien.

Ne: Con que salsa?

Pi: Con hambre, que es la mejor salsa y la que sabe mejor; a mas de lo dicho ciertos días se la semana comemos alguna poca carne assada, en especial de ternera, algunas veces de cabrito; en el verano por postres un pedacito de rabano y queso no podrido ni rancio sino fresco, que es más sustento que el rancio; peras, priscos, membrillos. En los días que se prohíbe comer carne tenemos en lugar de carne huevos cocidos al rescoldo, fritos o estrellados o pasados por agua, cada uno de por si, o en tortilla en la sarten con un poco de vinagre o agraz; algunas veces un poco de pescado, y después del queso nueces.

Ne: Y quando os dan a cada uno?

Pi: Un par de huevos y otro de nueces.

Ne: Que? Después de cenar nunca coméis otra vez?

Pi: Muchas veces.

Ne: Dime por tu vida, que es lo que coméis? Porque esso es cosa gustosa.

Pi: El combite de Syro que refiere Terencio, o algún otro de aquellos muy sumptuosos de Atheneo, o otros semejantes que refieren las historias. Por ventura juzgas que nosotros somos puercos o hombres? Qué estómagos, que robustez podría comilonear después de quatro comidas? Oyes tu, esta es Escuela, no lugar de engordar. Tambien dicen que no hay cosa mas dañosa para la salud que beber un poco antes de acostarse.

Ne: Se me permitirá cenar con vosotros?

Pi: Facil cosa será con tal que se pida licencia al Maestro, la que se yo concederá con gusto porque lo acostumbra. De otra suerte seria mala crianza introducirte en el combite sin saberlo el Maestro y el que te traería allí quedaría corrido y afrentado delante de sus condiscípulos, espérate un poco. Señor Maestro, podrá con su licencia cenar con nosotros un muchacho conocido mio?

Ma: Muy en hora buena, no me dara pena.

Pi: Estimo el favor. Ves a este que lleva del cuello colgada la servilleta, es Refitolero de esta semana. Porque aquí tenemos cada semana Refitoleros, como los Reyes Maestresala. 

Re: Lamiam que hora es? ...[…]... El relox señala las seis. 

Re: Las seis ya? Ea muchachos daos prisa, ea levantaos, echad los libros a donde no parezcan mas; apercebid las mesas, poned manteles, aprestad sillas, poned servilletas, tajadores, pan; y esto dicho y hecho para que no se enoje el Maestro por nuestra tardanza. Saca tu la cerveza, tu saca agua del pozo, saca los vasos; que es esso? Tan apañados los traes? Buelvelos a la cocina opara que la criada los fregué y limpie bien, para que estén limpios y resplandecientes. 

Pi: Jamas lo recabaras tu esto, mientras que tendremos por criada de cocina esta mona: nunca se atreve a fregar fuertemente las cosas que limpia, de tal modo guarda los dedos; ni lava, sino una vez, y con agua tibia.

Re: Mejor sería quexarnos a la portera porque en su mano esta mudar las criadas de cocina. Pero ve allí al Maestro. Tu mismo lava estos vasos, fregalos con hojas de higuera u de ortiga, con arena, con agua, para que el Maestro no tenga hoy que reprender con fundamento. 

Ma: Esta todo apercebido? Hay algo que nos detenga? Re: Nada en verdad.

Ma: No hayamos de hacer pausa entre los platos.

Re: Platos? Mejor diría plato, y ese escaso.

 

Alimentación de los estudiantes sopistas

Por increible que parezca, aún con los adelantos tecnológicos que disfrutamos desde finales del siglo pasado, actualmente se continúa mezclando "churras con merinas" en todo lo relacionado con la Tuna y su origen. El perfil de quienes mantienen ese enredo histórico lo conforman varones, curiosamente universitarios, que aplican al vocablo "tuna" el significado que damos en la actualidad, pasando por alto que (24):

a) Hasta 1609 no se incluyó en diccionario alguno y entonces significó «higo de la India» [nopal].

b) Es en 1853 cuando aparece la primera referencia estudiantil en sus definiciones al ampliarse su segunda acepción con «vida holgazana, libre, ociosa y bagabunda [con "b", puesto que aún no se había regularizado la escritura del idioma]. Dícese especialmente de los estudiantes que recorren las calles cantando y tocando, y sacando para vivir o divertirse».

c) Hay que esperar hasta 1914 para que la Real Academia Española amplíe su segunda acepción de «vida holgazana, libre y vagabunda» con una tercera de «estudiantina».

Vale la pena recordar que los estudiantes manteístas pobres que vivían a expensas de la sopa del convento repartida a los pobres y mendigos fueron conocidos como "sopistas" (también llamados sopones, brodistas, caldistas, estudiantones o machucas) (2). La primera definición de 'sopista' en un diccionario de castellano/español apareció en el Diccionario de Autoridades de 1739 (3) que los definió como «lo mismo que sopón, que es como más frequentemente se dice», y la misma fuente definió 'sopón' como «la persona que vive de limosna y va a la sopa a las casas y Conventos. Dícese regularmente de estudiantes que van a la providencia y a pié a las Universidades».

La primera referencia que hemos hallado aludiendo a los estudiantes que acudían a la sopa boba data de 1330 cuando Juan Ruíz, Arcipreste de Hita, dice que los estudiantes solían acercarse a los conventos donde se repartía una sopa caliente conocida como la "sopa boba" e integrada por restos de alimentos añadidos a un caldo, por lo que iban provistos de una hortera (cuenco de madera) colgada del cinto, cuchara y tenedor (también de madera) con los que la tomaban (17). En una referencia relativa a principios del siglo XVIII, Martín Martínez publicó que en Oviedo «Los soportales de las casas del Campilín fueron lugar de acogida de estudiantes pobres que eran atendidos con la sopa boba del convento» (4). El mismo autor comenta en referencia a 1726 que «según cuenta un peregríno pícaro, los franciscanos repartían generosamente la sopa boba a los estudiantes ovetenses, que se reunían esperando el condumio, no sin dejar bien claro a la hora de formar las colas, el sentido jerárquico grupal, momento que se aprovechaba para entonar alguna coplilla:

'Las armas del estudiante, yo te diré cuáles son,

la sotana y el manteo, la cuchara y el perol'».

Como puede apreciarse, podría considerarse que los escolares alimentados en las Escuelas eran unos privilegiados por la variedad de alimentos, ricos en viandas y con días de pescado (fresco o en salazon) y de carne (ternera o cabrito), frutos secos, fruta de temporada y hasta queso y leche, todo ello con pan abundante y regado con agua o cerveza, al parecer aguada. Igualmente estos Diálogos aportan datos sobre los horarios en que se alimentaban los estudiantes, la higiene observada y manera de comportarse para compartir la mesa, entre otros.

Los estudiantes sopistas no sólo mendigaban para costearse los grados, títulos y otros gastos (6,46), que "la pobre comida no solía faltarle" (12), que eran la “parte inteligente entre la turba de mendigos” (4,5) y que formaban parte de un «pandemónium de todas las miserias humanas, de todo género de pauperismo, de bienes, de inteligencia, de previsión, debidos en su menor parte á rigores de la suerte» que acudían portando una «rara variedad de enfermedades, imperfecciones, desconocidas muchas al médico más estudioso, y esto sin exceptuar ancianos y niños, mujeres y jóvenes á quienes ni aun la esperanza de muerte próxima pudiera consolar» (12), datos que avalan nuestra convicción de que los escolares eran sólo una muy pequeña parte del colectivo pobres de solemnidad, viudas, ancianos, enfermos, ciegos, tullidos y otros desdichados que acudían a la sopa de los conventos.  

Sopa boba - reparto

 Reparto de la sopa boba, grabado (1)

Se ha dicho que entre ellos podía encontrarse "abuso analizando el individuo. Los había que bajo pretexto de infatigable estudio vivían luengos años con escaso trabajo y truhanesco vagar, pero al cabo el perjuicio de su conducta, aún apelando al más sospechoso discurrir, era poco y mucho el regocijo causado con sus donaires entre el vulgo...." (46). 

Según se publicara muchos años tras la desaparición de los estudiantes sopistas en España (46), éstos acudían al reparto del bodrio "con sus manteos raídos y sombrero tricornio de color indefinible", dato éste que permite datar dicha manifestación en el periodo español posterior a la abolición del traje talar (1835/37) y la adopción de la moda francesa del uso del tricornio. Se les atribuye, "como parte inteligente de la turba de mendigos" obtener la porción mejor y más abundante de la olla de bazofia, así como la tarea de recitar el Benedicte al comenzar su reparto (46). 

Vicente de la Fuente, una referencia en el ámbito de la Tuna y sus costumbres, especificó que la sopa boba no se daba a pícaros ni holgazanes, por lo que -en el mejor de los casos- sólo se pudo dar a una cantidad mínima de escolares realmente pobres, aunque ello no ha sido constatado aún para el siglo XIX. Contrariamente se publicó en 1919 que los sopistas abundaron en 1886 (15) pero no hemos hallado documento alguno que sustente dicha afirmación y que no damos crédito (aunque la mencionemos) por pronunciarse tras varias décadas de haber desaparecido la costumbre conventual de repartir la sopa boba. Sobre un incidente acaecido en Alcalá de Henares en 1834 el mismo autor refiere el siguiente incidente referente a la sopa conventual (9):

«Ocurrió, pues, en una reunión de estudiantes de leyes, que asi se llamaba entonces á lo que ahora llamamos facultad de derecho, que después de desollar unas cuantas reputaciones femeninas y algunas de catedráticos y doctores, charlando mucho y estudiando poco, se vino a parar á la cuestión de los frailes, y de una en otra cayeron los interlocutores en la sopa, sin ser moscas. Ninguno habia asistido á ella, pero todos hablaron de ella y la execraron, como si la hubieran visto.

— ¡Qué desgracia seria tener que comer eso!

—Yo primero reventaría, decia otro, que comerlo.

— ¡Oh! debe ser una cosa nauseabunda: no habría hambre que me hiciera arrimar á ese pote, ni á la portería de un convento.

— Pues yo, dijo un estudiante manchego, no tendría reparo, en echarme al cuerpo un plato de ese bodrio, si tenia buen hambre y me dejaban elegir convento. Esta salida fué acogida con general desagrado, y casi con estupor.

— Eso lo dices tú, replicó otro, pero no lo harías.

— ¿A que sí?

— ¿A que no?

— ¿Apuestas algo?

— Apuesto.

— ¿Cuánto?

— Tanto.

Se apostó media onza de oro. El manchego hizo que se depositara la media onza tangible y visible. ¡No que no! En las reglas de juego que pasaban por tradición de una generación de estudiantes á otra generación de crasos (nombre que se daba en Alcalá á los estudiantes noveles) y que se consignaban en latín macarrónico, habia una que decia: ínter scolasticos quod non ponibur non solvitur. No servia apuntar una peseta al as de oros si la peseta buena y corriente no era depositada sobre la carta. El manchego tenía esta regla presente al hacer que saliera la media onza á ser vista.

Pusiéronse condiciones, plazos, testigos, etc. Era una cosa muy formal, demasiado formal, el comer un plato de sopa en la portería de un convento, para que dejaran de tomarse precauciones. El manchego se consideraba poco menos que como el araucano Caupolican cuando iba á cargar el roble sobre sus hombros. Se purgó, se previno con dieta, eligió dia y por teatro de su hazaña la portería del Colegio de Jesuítas.

Seguido de los compañeros de disputa, que iban á cierta distancia, avanzó por la calle de Libreros y, con gran desenfado, entró en la portería. ¡Mal pecado! Lo primero que se echó á la cara fué á otros dos estudiantes de la tuna juntamente con ocho ó diez pobres lisiados, ó mujeres escuálidas con sus niños de pecho. El un estudiante era teólogo y de las montañas de Aragón: el otro, era cursante de todas las facultades: se matriculaba todos los años, pero, ó no se examinaba ó perdía curso.

Debía tener ya unos 50 años, edad poco á propósito para el estudio; pero él, en rigor, no era estudiante, era cursante de oficio, un verdadero sopista ó estudiante de la tuna. Acuerdóme de su nombre como se acordarán muchos de los que por entonces cursaban en Alcalá. Habia algo de misterioso en la vida de aquel sopista. Poco después de principiar la guerra civil desapareció de la Universidad y vagos rumores aseguraron que habia sido pasado por las armas.

Acercóse el sopista al manchego (que así los llamaremos) y le manifestó su extrañeza de verle allí.

— ¡Qué quiere V!.. una desgracia... No ha venido el arriero de mi pueblo... me veo mal. El interpelado no tenia preparada ninguna mentira para este caso y dijo las primeras que se le ocurrieron.

— No importa, le contestó el sopista, yo no puedo consentir que venga V. á la sopa. Aquí tengo yo media onza de oro para, sacar de apuros á un condiscípulo, y diciendo y haciendo, le alargó media pelucona, prima hermana de la depositada en apuesta.

— Gracias, mil gracias... yo no tomo dinero... no puedo consentir.... no faltaría más...

El pobre manchego no sabia qué responder: el sopista instaba, los compañeros atisbaban desde una casa de enfrente y otros pasaban y repasaban desde la puerta de Mártires hasta el Colegio del Rey pues querían cerciorarse de que se habia comido el execrable plato de la tan formidable y temida sopa.

Al fin manifestó el manchego que á todo trance quería comer la sopa, por lo menos aquel dia, ya que habia venido.

— Oh! se puede comer muy bien, dijo el sopista guardando su media onza de oro y mirando de reojo al nuevo comensal, pues á su astucia no se podía ocultar fácilmente que en aquello habia algún misterio.

— No crea Vd , añadió, que va á comer mal aquí ó una comida cualquiera. Yo la prefiero á la del figón por mil razones, y entre otras, porque aquella es peor y cuesta dinero.

El manchego respiró; abrióse la puerta interior. Salió el portero con la marmita, rezó las oraciones de costumbre y llamando á los tres estudiantes, les hizo seña para que entraran en el claustro. Nuevo apuro: la apuesta era que la sopa se habia de comer en la portería, y de modo que pudieran presenciar aquel acto los testigos. Entraron los dos sopistas negábase el manchego, pero el portero le instaba á entrar. Este caso tampoco estaba previsto.

— Adentro, zeñó estudiante, dijo con acento andaluz el portero, que tenia toda la pinta del beato Rodríguez, y había sido alguacil mayó en Baesa. Según él San Ignacio de Loyola, hijo de nobles padres, habia estudiado en Alcalá, y comido la sopa en el hospital de Antezana y en otros puntos por el estilo, y habia tenido siempre mucho cariño á los estudiantes. ¿Habia de consentir él que un estudiante de Alcalá se quedase á la puerta del colegio de la Compañía?

— ¡Adiós mi apuesta! dijo en sus adentros el manchego, aturullado por la erudición del portero ex-alguacil mayor, y siguió los pasos de los otros dos estudiantes. En un cuarto decente y aseado, con buena mesa y mantel limpio, con servilletas, vasos y cubiertos decentes, se les sirvió á los tres una buena, limpia y sazonada comida, que á su vista se vertió del.puchero, preparado exprofeso para los estudiantes. El manchego, gracias á su dieta, y gracias á la realidad, lo comió con apetito, y halló la sopa, el cocido y los postres superiores á los que diariamente le servia la patrona por su dinero. ¡Amarga decepcion! venia por bazofia y le habían servido una comida limpia, abundante y sazonada.

— ¡Pero esa no era la sopa del convento! Además los jesuitas no tienen conventos. Esta solución me recuerda la burla de aquel titiritero que enseñaba un gato en una jaula en la cual habia un rótulo que decia: este gato no es gato. Averiguada la verdad, en efecto, no era gato, sino una gata.

Entre los estudiantes de la apuésta se dijolo mismo y la disputa quedó sin decidir. El manchego porfiaba que él habia ganado la apuesta pues habia puesto todos los medios de su parte para comer la sopa y al fin habia comido sopa, y sopa en un convento, luego habia comido sopa de convento. Los contrarios decían que aquella sopa no era la verdadera sopa, sino una sopa apócrifa, que no la habia comido en público, y que debía repetir la tentativa en otro convento. La cosa llevó ruido por la universidad; el manchego se quedó sin la media onza de oro y los frailífobos no se apearon de su asno á pesar de la relación de su condiscípulo».

Esta cita hace pensar que, al menos en Alcalá de Henares y al final de los años de su reparto a los pobres, la sopa boba dejó de repartirse en las vasijas que los marginados aportaban a las puertas de los conventos para luego ir a tomarla en cualquier rincón y pasar a ofrecerse en un comedor con mayor comodidad y limpieza.

Al comparar la sopa boba con la alimentación que proporcionaban los pupileros de Alcalá de Henares sabemos por Sebastián de Horozco , jurista y poeta toledano del siglo XVI, que en su descripción de 'La vida pupilar de Salamanca' dice del escolar que, después de venir a casa «aguijando a más correr, que de hambre, al parecer, su alma cuelga de un hilo, siéntase a la mesa, cuyos manteles hieden a cochambre y le sirven pan como piedra de cimiento, un par de higos, o seis pasillas, alguna sutil tajada de carne, tres veces, como medidas con dedal, de vino acedo y malo, y, para postre, una manzana podrida, o bien un rabanillo trasnochado, o una tajada de queso» (13). Por Mateo Alemán sabemos que dichos pupileros de Alcalá no eran "espléndidos", sacando la carne a hebras «estendiendo la minestra de hojas de lechugas, rebanando el pan por evitar desperdicios, dándonoslo duro porque comiésemos menos, haciendo la olla con tanto gordo dé tocino, que sólo tenía el nombre, y así daban un bodrio más claro que la luz, o tanto, que fácilmente se pudiera conocer un pequeño piojo en el suelo de la escudilla, que tal cual se había de migar o empedrar, sacándolo (11,13,14).

Sobre el aspecto del estudiante sopista poco hemos hallado escrito hasta el presente, punlicándose en 1886, demasiados años tras la desaparición de esta limosna conventual a los marginados y, por ello, muy posiblemente teñida de algún grado de distorsión, pero entonces se escribió «...a la sopa conventual asistía con sus manteos raídos y sombrero tricornio de color indefinible: allí estaba como parte inteligente entre la turba de mendigos, con sus chistes picarescos en oposición á las malicias del lego repartidor de la bazofia, sacando la ración más abundante y mejor...» (6). Estas palabras de hechos presenciados por de la Fuente sirven igualmente para constatar que entonces se había restringido el colectivo que acudía al bodrio, no detectándose estudiantes, sólo y muy especialmente niños necesitados y en los contadísimos lugares donde aún se repartía. 

En similar sentido está lo escrito por Velasco Zazo en 1918 a la vez que hablaba a favor de la sopa boba:

«Prueba que el gratuito alimento no era tan malo el hecho de participar de él los muchos estudiantes desertados de las aulas de Alcalá y de Valladolid, los 'sopistas' característicos del sombrero de picos y la cuchara de madera, los de la castiza capa o manteo bajo el cual escondían la guitarra; los 'bedeles' que habían recorrido los mesones pueblerinos sin hallar cosa alguna que comer; los que salieron de sus casas cabalgando en mula y luego recorrían a pié los caminos, viviendo de limosna, contaminándose con la picardía, aprendiendo los trampantojos de los malhechores y hasta sirviendo a los penitentes de las ermitas abandonadas.

 

Vida libre y andariega de la que está saturada la clásica literatura de nuestros novelistas. Vida de truhanería, en la que había de aguzar el ingenio cuando no se podía calentar el estómago con la sopa boba. Vida de azar, vida de estudiante de la tuna, que alegraba sus andanzas con la guitarra y dormía en los pajares, y sufría en los hospitalillos. Estudiante perezoso que se sabía de corrido el romance de 'Mazapán y Chicharrón'. Estudiante que alcanzaba alto puesto en la jacarandina. Estudiante que se reía del mal de ojo y hablaba de su España como de un prodigio» (57).

Estas palabras son el más importante relato relativo a la participación de estudiantes sopistas en el reparto de la sopa boba que hemos hallado hasta el presente que, si bien puede estar distorsionado por la idealización y el tiempo transcurrido al escribirlo (en torno a 50 años después de desaparecer el reparto del bodrio) aporta datos como que que portaban sombrero de picos (en alusión al tricornio incorporado tras la abolición del traje talar e implantación de la moda francesa) y, quizás más importante, que estos sopistas eran escolares que habían desertado de las aulas de Alcalá de Henares y de Valladolid, por lo que eran realmente ex-estudiantes.

En cualquier caso existen datos de 1844 que señalan que ya no había estudiantes mantenidos por la sopa en ese año, no siendo escolares los alimentados por este medio para dicho año (23).   

 La comida en la fuente estudiantes espanoles mendicantes Jhon Bagnold Burguess  1829-1897

La comida en la fuente; estudiantes españoles mendicantes. Óleo de Jhon Bagnold Burguess (1829-1897)

La única expresión pictórica que hemos hallado con escolares mendicantes comiendo en la calle junto a mendigos la aporta el óleo de Jhon Bagnold Burguess titulado La comida en la fuente: estudiantes españoles mendicantes, obra que, como las de Gustave Doré, refleja con imágenes los comentarios que su autor escuchara respecto a los escolares del Antiguo Régimen ya desaparecidos. Resulta curioso que el cuadro no presente a nadie, mendigos ni escolares, tomando sopa en cuenco alguno, por lo que podrían ser todos ellos mendicantes pero no sopistas.

a) Su hipotética continuidad temporal hasta la Tuna contemporánea

Quienes defienden el origen sopista de la Tuna actual le atribuyen continuidad temporal desde el Antiguo Régimen hasta el presente sin publicar pruebas documentales que lo sustenten. Algunos de los datos aflorados hasta el presente señalan que:

  • En 1844 se daba por terminada la clase de estudiantes sopistas publicando: «Valencia nos ofrece un testimonio de esta verdad: En la época presente ya no hay en ella aquella estudiantina que se mantenía de la sopa, las nueve décimas que a ella [la sopa] concurren se sostienen de su propio pecunio, la mayor parte se las arregla en casas de huéspedes y, por consiguiente, éstos que han podido comprometerse debían esperimentar notables perjuicios por la repentina ausencia de los estudiantes» (23).
  • En 1855 la aparición del ferrocarril en la España peninsular fue la principal causa de desaparición de la costumbre escolar de "correr la tuna" (47).
  • En 1886 se publicó "El estudiante sopista", artículo que habalaba en pasado (refiriéndose al entorno madrileño de 1822) de este tipo de escolar (46).
  • En 1919 Ros Rafales escrinió que "la ramplonería andante con vistas a la sopa boba de la tuna escolar quedó fosilizada en el gracejo de los [escritores] clásicos y en el Laboremus de Aranda" (58), en clara alusión a la desaparición de la costumbre escolar de correr la tuna así como de los escolares sopistas.


Desamortizaciones 2

Cronograma publicado en 2015 

b) Diferencias entre las cuadrillas que corrían la tuna y la Tuna actual

El hecho de aplicar significados actuales a escritos de antaño suponen la principal parte del error, pero también lo es su alegato de una continuidad temporal ininterrumpida entre las cuadrillas que corrían la tuna con las Tunas y Estudiantinas académicas surgidas de las comparsas carnavalescas decimonónicas, estando publicadas por el autor marcadas diferencias entre unas y otras sustentadas hasta el presente por 364 fuentes bibliográficas, a saber (25):

 

Estudiantes corriendo la tuna en 1843 - El Laberinto pp 55 16-12-1843

Cuadrilla corriendo la tuna (33)

Características de las cuadrillas que corrían la tuna antes de 1840

 1.- Motivo de salida: Necesidad / pedir limosna para si mismos.

 2.- Desplazamiento de la salida: De la casa a la Universidad y viceversa, por vía recta y en vacaciones.

 3.- Continuidad temporal: Inicialmente sólo salían por vacaciones, luego también en fiestas populares.

 4.- Integrantes:

a) Tipo: No todos eran escolares.

b) Cantidad: 3 a 7.

c) Estabilidad en sus filas: No, sólo para cada salida.

d) Presencia femenina: No se ha detectado.

e) Presencia de niños: No se ha detectado.

f) Conformada por niños: No se ha detectado.

g) Conformada por mujeres: No se ha detectado.

 5.- Normas internas: Ninguna conocida.

 6.- Organización

a) Administrativa: Como mucho sólo un jefe o lider de la cuadrilla.

b) Musical: Ninguna.

c) Secciones: Una.

 7.- Vinculada a un centro docente (institucionalidad): No.

 8.- Sede social: No disponían de lugar para reunirse.

 9.- Variedad instrumental: Escasa.

10.- Repertorio: Sólo 'aires nacionales'.

11.- Bandera o Estandarte: No.

12.- Indumentaria: Vestían como podían, pudiendo los escolares llevar loba (sotana) y manteo, prendas escolares vigentes hasta 1835/37. 

13.- Ensayaban: No hay constancia.

14.- Lugar donde actuaban: Calles y plazas.

15.- Imagen proyectada: Delictiva, hampona.

16.- Prestigio social: No.

Características de las Estudiantinas y Tunas posteriores a 1840

 1.- Motivo de la salida:

a) Diversión.

b) Postular para otros:

- fines benéficos.

- fines sociales.

- fines políticos.

- fines patrióticos.

- fines religiosos.

Estudiantina del Colegio de San Fulgencio

Estudiantina del Colegio San Fulgencio de Murcia (38) en 1865, primera imagen hallada hasta el presente de una salida postulante de una estudiantina conformada por escolares para ayudar a los enfremos de la epidemia de cólera

 2.- Desplazamiento de la salida:

a) Dentro de la Península Ibérica.

b) Resto del mundo.

 3.- Continuidad temporal: Actividad continuada con reuniones y salidas durante todo el año.

 4.- Integrantes:

a) Tipos: Todos eran escolares. Actualmente también permanecen en sus filas muchos integrantes tras finalizar sus estudios.

b) Cantidad: Numerosos, hasta más de 100.

c) Estabilidad en sus filas: Si, permaneciendo durante años.

d) Presencia femenina: Si.

e) Presencia de niños: Si.

f) Conformada por niños: Si.

g) Conformada por mujeres: Si.

 5.- Normas internas: Reglamento / Estatutos.

 6.- Organización:

a) Administrativa: Presidente, vicepresidente, secretario, tesorero / contador...

b) Musical: Director musical / director de orquesta, cabo de guitarras, cabo de panderas, cabo de postulantes.

c) Secciones: Coral e instrumental.

 7.- Vinculada a un centro docente (institucionalidad): Si.

a) Universitarios.

b) Preuniversitarios.

 8.- Sede social: Disponían de ella.

 9.- Variedad instrumental: Importante.

10.- Repertorio: Aires nacionales (jotas, folías, seguidillas, pasodobles, fandangos, zortzicos, malagueñas...), Aires europeos (schottisch, barcarola, vals, mazurka, polka...), Aires hispanoamericanos (danza puertorriqueña, tango...), Aires norteamericanos (fox-trot), Sinfonías y oberturas de música clásica, composiciones propias y música popular. Quien desee pormenorizar por periodo histórico tienen a su disposición, con sus respectivas bibliografías, lo hallado en cuanto a repertorio interpretado en el siglo XIX y durante el periodo del siglo XX anterior a 1958, momento de las primeras grabaciones en vinilo.

11: Bandera o Estandarte: Si, apareciendo el cargo de abanderado y portaestandarte.

12.- Indumentaria: Aunque inicialmente hubo gran variedad de vestimentas (zuavos, arlequines, pierrots, clowns, mefistófeles, etc.), tras 1878 copiaron el atuendo de la Estudiantina Española que viajó al Carnaval de París ese año (jubón, taleguilla, camisa blanca de cuellos y puños alechugados, calzas, zapatos de hebilla, sombrero con cuchara) debido a su gran repercusión mediática.

13.- Ensayaban: Si, en su sede.

14.- Lugar donde actuaban: Calles, plazas, escenarios de teatros y, a partir del siglo XX, también en emisoras de radio y de televisión. El siglo XXI ha añadido la difusión por internet de sus actuaciones, generalmente en certámenes y Galas de Tunas.

15.- Imagen proyectada: Filántropa, humanitaria.

16.- Prestigio social: Si.

Esta comparación hace más evidente si cabe que las Estudiantinas Académicas surgen de las comparsas de estudiantes que se conformaron para salir en los días de Carnaval y que, con el paso del tiempo se organizaron y, poco a poco, adquirieron las características que actualmente reconocemos en las Tunas vinculadas a centros académicos, con permanencia temporal (actividad continuada durante todo el año y año tras año) a partir de la creación de las Tunas del S.E.U. (Sindicato Español Universitario).

No obstante todo ello no escasean las páginas web y perfiles de Facebook en los que -insistimos- sin aportar fuentes bibliográficas que lo sustenten, se publican hipotéticos orígenes sopistas de las Tunas actuales que hasta llegan a ilustrar con óleos, dibujos o fotos de repartos benéficos de alimentos o comedores de caridad que nada tienen que ver con la costumbre conventual de dar un plato de sopa. Sin reproducir intencionadamente las puestas en sus páginas y/o perfiles por tunos y/o Tunas, valgan las siguientes del reparto benéfico de alimentos en tiempos modernos a modo de prueba. 

 Sopa boba en tiempos recientes

Reparto de alimentos en tiempos modernos (derecha: fotografía de hace más de 70 años procedente del archivo de La Caridad;

izqda.: foto procedente de una web gastronómica (27,28)

Como si todos los datos anteriores no fueran suficiente cabe recordar dos cosas:

a) No todos los integrantes de las cuadrillas que corrían la tuna eran estudiantesllegándose a detectar hasta un barbero.

b) La evidencia demuestra que estas cuadrillas desaparecieron entre 1835 y 1847. Las fuentes que sustentan esto son de dos tipos (37):

Obras literarias:

– García de Villalta (30) da a entender que desapareció antes de 1835.

– Puentes y Ponte (31) afirma que se había perdido en 1836.

– Amador de los Ríos (32) sostiene que se mantuvo hasta 1845.

Posiblemente estos datos se deban a que, ya en declive, habían desaparecido en el entorno de estos primeros autores en las fechas que cada uno señala.

Prensa de la época:

– En 1843, un artículo, hablando de las «gracias [bromas] de los estudiantes de la tuna», dice que tuvo «la desgracia de no encontrar chiste en ninguna de ellas» (33), por lo que se deduce que en dicho año aún había alguna cuadrilla corriendo la tuna.

– En 1845, hablando de los escolares que corrían la tuna, un artículo dice que «existen todavía, aunque en número insigni cante» (34).

– En 1846 un artículo habla de «grupos de jóvenes que corrían la tuna» en el sevillano barrio de Triana (35).

– En 1847 un artículo relata de la siguiente manera su pervivencia: «Algunos estudiantes, de casas regularmente acomodadas, han salido de Salamanca á correr la tuna, no con el objeto que solían y suelen llevar los que se entregan, folios de medios para seguir la carrera, á esa vida, sino con el propósito de cultivar su educación y alcanzar eso que llaman conocimiento de mundo. Los viages de alpargata pronto van á arruinar las nacientes empresas de caminos de hierro» (36).

- En 1866 la prensa volvía a hablar en pasadode "los tiempos felices en que los estudiantes de la tuna recibían la sopa boba en los conventos" (40).

Como se puede apreciar el articulista anónimo de la penúltima cita erró por completo el pronóstico hecho porque la historia demuestra que fue al revés: las vías férreas acabaron con aquellos «viajes de alpargata», modo en que se re rió a la costumbre escolar de correr la tuna.

Toda la evidencia hallada habla a favor del origen de las Tunas y Estudiantinas actuales en las comparsas carnavalescas decimonónicas que a partir de 1870 cambiaron su denominación de "Estudiantina" por la de "Tuna" y que no tuvieron continuidad temporal hasta el surgimiento de las Tunas del S.E.U porque, al menos hasta 1930, las Tunas se conformaban para Carnaval y luego desaparecían

__________

Fuentes:

1- Pérez Penedo, E. La Tuna: Una tradición en constante evolución. Ponencia al I Congreso Iberoamericano de Tunas. Centro Cultural Puertas de Castilla. Murcia, España. 12-04-2012.

2- Martín Sárraga, FO y Asencio González, R. Diccionario histórico de vocablos de Tunas, Estudiantinas y escolares del Antiguo Régimen. TVNAE MVNDI y USS de Puerto Montt. 2a edición. Pags. 76-77. 2014.

3- Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua [...]. Compuesto por la Real Academia Española. Tomo sexto. Que contiene las letras S.T.V.X.Y.Z. Madrid. Imprenta de la Real Academia Española, por los herederos de Francisco del Hierro. 1739. Reproducido a partir del ejemplar de la Biblioteca de la Real Academia Española.

4- Martín Martínez, F. De escolares y tunanterías. La Nueva España. 14-03-2015.

5- La Ilustración Española y Americana. 28-02-1886.

6- Revista Contemporánea. Enero-Marzo de 1886.

7- de la Fuente, V. Costumbres estudiantinas. La tuna. Semanario Pintoresco Español, nº 19. 08-05-1842.

8- Universidad de Alcalá de Henares. Nombres de las calles. Puerta de Madrid. En: https://portal.uah.es/portal/page/portal/servicio_comunicacion/sala_prensa/uah_medios/prensa/2014/09/Puerta_NombresCalles.pdf 

9.- Vicente de la Fuente. La sopa de los conventos. Capitulo 8. Imprenta de el pensamiento español, Madrid. 1ª edición en el periódico El Pensamiento Español de 1868. 2ª edición en 1871, corregida.

10- Vicente de la Fuente. La sopa de los conventos. Capitulo 3: La bazofia. Imprenta de el pensamiento español, Madrid. 1ª edición en el periódico El Pensamiento Español de 1868. 2ª edición en 1871, corregida.

11- La Gaceta Literaria. 15-05-1930.

12- Revista Contemporanea, nº 41. Enero-Marzo de 1886.

13- La Gaceta Literaria. 15-05-1930.

14- Simón Segura, F. La desamortización española del siglo XIX. Instituto de estudios Fiscales. Ministerio de Hacienda. Impreso en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. 1973. 

15- de Santiago Cividanes, M. Tretas de capigorrones y estudiantes de la tuna. El Adelanto. 1919

16- Correo Murciano. 09-03-1822.

17- Juan Ruíz. Libro del Buen Amor. Editorial Castalia. XIII edición. Madrid. 1977.

18- de la Fuente, V. La sopa de los conventos. Capitulo 13. Imprenta de el pensamiento español, Madrid. 1ª edición en el periódico El Pensamiento Español de 1868. 2ª edición en 1871, corregida.

19- Martín Sárraga, FO y Asencio González, R. Diccionario histórico de vocablos de Tunas y Estudiantinas, así como de escolares del Antiguo Régimen. Editado por TVNAE MVNDI y Universidad San Sebastián de Puerto Montt en su 1ª edición. Chile, 2013; y también con la colaboración de la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia en su 2ª edición. Murcia, 2014.

20- Real Academia Española. Diccionario de Autoridades. Imprenta de Francisco del Hierro. Madrid, 1726.

21- Real Academia Española. Diccionario de Autoridades. Imprenta de Francisco del Hierro. Madrid, 1729.

22- Real Academia Española. Diccionario de Autoridades. Joachín Ibarra. Madrid, 1770.

23- Boletín de Medicina, Cirujía y Farmacia, nº 163. 21-01-1844.

24- Martín Sárraga, FO. Tuna, significado del vocablo a través del tiempo. TVNAE MVNDI. 2015. En: http://tunaemundi.com/index.php/component/content/article/7-tunaemundi-cat/555-tuna-significado-del-vocablo-a-traves-del-tiempo 

25- Martín Sárraga, FO. Diferencias entre las cuadrillas que corrían la tuna y la Tuna tras 1840. TVNAE MVNDI. 2016. En: http://tunaemundi.com/index.php/component/content/article/7-tunaemundi-cat/819-diferencias-entre-las-cuadrillas-que-corrian-la-tuna-y-la-tuna-tras-1840

26- El Laberinto. 16-12-1843

27- Zapater, P. ¡A la sopa boba! Heraldo. 11-03-2013. En: http://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza_provincia/zaragoza/2013/02/01/sopa_boba_220740_301.html 

28- Relaciones gastronómicas. La sopa boba. 01-07-2011. En: http://www.relacionesgastronomicas.com/la-sopa-boba/ 

29- Davillier, C. y Doré, G. Spain. Bickers & Son. Leicester Square. London. 1881. 

30- García de Villalta, J. El golpe en vago: cuento de la 18ª centuria. Imprenta de Repullés, Madrid. 1835.

31- Fuentes y Ponte, J. Murcia que se fue. Imprenta de la Biblioteca de Instrucción y Recreo. Madrid. 1872. 

32- Amador de los Ríos, J. Historia crítica de la literatura española. Tomo IV. Madrid, 1863.

33- El Laberinto, periódico universal. 16-12-1843.

34- El Fandango. 15-02-1845.

35- El Clamor Público. 18-10-1846.

36- El Español. 24-07-1847.

37- Martín Sárraga, FO. Mitos y evidencia histórica sobre las Tunas y Estudiantinas. Editorial Cauces, Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano, y TVNAE MVNDI. 2016.

38- Asencio González, R. Estudiantina del Colegio San Ildefonso de Murcia en 1865. Grabado de su colección personal.

39- El isleño, periódico científico, industrial, comercial y literario. 17-03-1858.

40- El Tajo, crónica decimal de la provincia de Toledo. 20-02-1866.

41- de la Fuente, V. La sopa de los conventos. Capitulo 3: La bazofia. Imprenta de El Pensamiento español, Madrid. 1ª edición de 1868 y en El Pensamiento Español, 2ª edición, en 1871, corregida.

42- La Alianza del pueblo, periódico republicano de Salamanca. 08-08-1869.

43- La República Federal. 08-04-1873.

44- Revista europea. Tomo Quinto, Año II, Número 81. 12-09-1875.

45- Crónica Meridional, diario liberal independiente y de intereses generales. 24-04-1878.

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48- La Ilustración Nacional, revista literaria, científica y artística. 10-04-1886.

49- El Criterio, periódico católico bisemanal. 22-07-1892.

50- El Oxomense, semanario católico. 27-08-1892.

51- El Tradicionalista, diario de Pamplona. 25-08-1892.

52- Vega-Rey, L. La cuestión social en España. Revista Contemporánea. 15-05-1893.

53- La España Moderna. Febrero de 1894.

54- La Región Extremeña, diario republicano. 07-03-1896.

55- La ilustración artística, periódico semanal de literatura, artes y ciencias. 06-04- 1896.

56- Rivera Cobos, J. La antigua españolería. Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos. 03-08-1909.

57- Velasco Zazo, A. Mirando al pasado. La sopa boba. La Esfera, ilustración mundial. 30-11-1918.

58- La Palanca. 02-10-1919.

59- La Correspondencia de España, diario universal de noticias. 17-07-1892.

60- Correo de Madrid (ó de los ciegos). 07-02-1789.

61- Diálogos de Luis Vives. III Edición. valencia, 1759. En: La Escuela Moderna, nº 1. Enero, 1921. 

62- de la Fuente, V. La sopa de los conventos. Aurora Española. Cádiz. 1871.


 Publicación: 11/07/16          Actualización: 01/11/16