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En 1879 ya era público había desaparecido la costumbre de "correr la tuna"

 

Félix O. Martín Sárraga. Investigación personal. 2018.


Ya venía diciendo en las conferencias impartidas México (2013 y 2016), España (2014, 2016 y 2018), Puerto Rico (2014) y Colombia (2015 y 2018) que la costumbre escolar de "correr la tuna" había desaparecido en el entorno de mediados del siglo XIX basándome en datos publicados por Puentes y Ponte, que afirmaba que ya se había perdido en 1936 (1) y Amador de los Ríos, que -por contra- dijo que se mantuvo hasta 1845 (2).

Almanaque de la ilustracion - 1879f

La suerte ha querido que comprara en subasta el "Almanaque de la Ilustración" de 1879 que contiene el testimonio de Jullio Monreal aportado en su artículo "Correr la tuna", del que comparto los siguientes extractos de especial interés:

«Cosas existen que aún antes de fenecer pasan por tales transformaciones que es poco menos que si hubiesen acabado. Una de estas cosas es la vida estudiantil, aquella que en tiempos pasados constituía lo que se llamaba 'Tuna' merced a la maleante y apicarada condición que, por regla general, acompañaba a los alumnos de Minerva, que por tradición y costumbre era tal que en las aulas más que estudiar las ciencias parece que se congregaban a cursar todo linaje de travesuras y a idear el medio de tener carta blanca para cuantos desaguisados, embelecos y tracamundanas llevaban a término, más que por su provecho, para dejar sentada las más veces en su fama de gente resuelta y emprendedora.

Hoy, si bien en el gremio estudiantil alienta todavía algo de aquél antiguo espíritu de los escolares que precedieron a los actuales en las renombradas aulas de Salamanca y Alcalá, han sufrido tal mudanza de costumbres, que es preciso refrescar el recuerdo de los pasados tiempos para conocer lo que fueron los estudiantes, con su aspecto y usos especiales.

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Su vida alegre y regocijada les hacía ser el alma de toda fiesta y cascabel de todo ruido, y no se comprendía que los hubiere sin estar enmedio los estudiantes......

Ellos llevaban consigo músicos y danzantes y abrían tanto ojo las mozas en cuanto, al aire libre, en las plazas de las aldeas o en los anchos portales de los mesones, armaban uno de aquellos bailes conm que hacían brincar a las almas y retozar los corazones de ellas mientras ponían mohinos y malhumorados a los zafios galanes del pueblo, que o podían mirar con ánimo sereno que las bayetas alcanzasen más en el corazón femenino que todas sus galas del día de fiesta....

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Nunca las hordas de Tamerlan hicieron tanto destrozo como ellos si podían asaltar a media noche el gallinero o la despensa del hostelero mismo, o de alguna casa de la vecindad, y más hubiesen ellos querido ver que entraba en los corrales una manada de zorras que una cuadrilla de estudiantes.....

En ellos, en sus peregrinaciones, a todos se arrimaban y con todos hacían liga, y ya se les veía caminar en un carro con frailes, ya con soldados, ya con mozas del hampa, y todos salían contentos de la compañía......

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....... pasaron los estudiantes más de dos siglos sin que hubiese cambio notable en sus costumbres ni en sus trajes, y era más de mediado el siglo XVIII cuando, por efecto del trascurso del tiempo y de los acontecimientos, empezó a declinar la estrella escolar, o mejor, a sufrir transformaciones.

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Él [el estudiante] alborozaba las aldeas cuando de vuelta a sus hogares, en el verano, iban los estudiantes en tropas con sus alegres guitarras, flautas y panderas, haciendo lo que se llamaba 'correr la tuna', recordando lo mismo que habian hecho durante muchos siglos.

Sus travesuras no habían menguado y los pueblos limítrofes a Alcalá y Salamanca recuerdan aún las visitas que los estudiantes les hacían, de las que no siempre dejaban glorias que contar.

Por fin vino un día funesto para la 'tuna'. Mandóse de orden superior [4] suprimir tricornios, manteos y sotanas, y por más que diga el refrán que 'el hábito no hace al monje', desde aquella fecha perdieron los escolares sus antiguas tradiciones.

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Las costumbres pasasan con los tiempos y no es posible resucitarlas; la universidad de Alcalá no existe ya muchos años hace, y la de Salamanca apenas es una sombra de lo que fue en días anteriores. Los manteos, sotanas y tricornios concluyeron, y con ellos acabó también para siempre lo que se llamaba 'correr la tuna'».

Ya habíamos dicho en las confereencias citadas al principio que en la desaparición de la costumbre escolar de "correr la tuna" habían influido la Real Orden de 3 de octubre de 1835 que prohibió el traje talar en los estudiantes, el nuevo plan de estudios promulgado en 1836 y, sobre todo, la aparición en 1846 del ferrocarril en la España peninsular, potenciada con la Ley de Ferrocarriles de 1855. Es la aparición del tren, como tantas veces he dicho, la que le puso "el punto y final" puesto que permitió al escolar pobre -subiéndose sin pagar y "a la carrera a los vagones"- desplazarse mucho más rápidamente y con mayor seguridad, pero sin detener su paso en aldeas, villas y pueblos.

Estos datos, aportados por alguien que vivió aquellos momentos en España, suponen una nueva pieza que hace que el rompecabezas del pasado continúe tomando coherencia y sentido. La costumbre de "correr la tuna" menguó mucho tras 1835 y sus últimos años estuvieron entre 1836 y 1845 pero la aparición del tren en la España peninsular en 1846 y la expansión de la red ferroviaria a partir de 1855 fueron los factores determinantes para su desaparición, consumada -como atestigua Monreal- en 1879.

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Fuentes:

    1- Fuentes y Ponte, J. Murcia que se fue. Imprenta de la Biblioteca de Instrucción y Recreo. Madrid. 1872.
    2- Amador de los Ríos, J. Historia crítica de la literatura española. Tomo IV. Madrid. 1863.
    3- Monreal, J. Correr la tuna. Almanaque de la Ilustración. 1879. Pags. 69-71.
    4- Real Orden de 3 de octubre de 1835. Investigación personal de Rafael Asencio González facilitada al autor en 2012

Publlicación: 22/07/18