Las hijas del Carnaval

 

Félix O. Martín Sárraga 


Hace tiempo deseaba escribir sobre el origen de la Tuna de una manera diferente, como si se lo explicara a personas de enseñanza elemental, pues los comentarios habituales que  encuentro en las redes sociales hacen pensar en prejuicios y condicionamientos culturales hacen difícil procesar lo que la evidencia documental aflora constantemente.

 

El análisis realizado recientemente por Meluk Orozco desde el punto de vista de la Psicología, la posterior denuncia de Munguía Tiscareño por plagio del escudo de una Tuna Universitaria española por una agrupación mexicana que no tiene vínculo alguno con la Universidad y lo porta en su "beca" y algún comentario escrito al respecto parecen señalar que es oportuno tratar este tema desde aquél prisma. 

Partamos de 1835 cuando la Regenta María Cristina, influida por la Ilustración francesa, decide prohibir el traje talar y autorizar que, en cada lugar, se puedan celebrar Fiestas de Máscaras periódicas. Surgió entonces en el Carnaval, de entre las comparsas, unas que dieron en llamarse "estudiantinas", según se dice "por vestir a la usanza del antiguo estudiante". Unas de ellas conformadas por verdaderos estudiantes y otras no. Ambos tipos solían conformarse poco antes del Carnaval, salían durante dichas fechas y se disolvían después, siendo poco frecuente que aparecieran fuera de dicho periodo a excepción de las conformadas para conmemorar alguna fecha importante (nacimiento de un literato, boda o bautizo regio, victoria en alguna batalla...) o para postular a favor de víctimas de catástrofes de todo tipo (epidemias, inundaciones, terremotos, naufragios...). Tras convivir durante años, a partir de la década de 1870 y para diferenciarse de las estudiantinas no conformadas por escolares, las estudiantinas integradas por estudiantes tomaron la iniciativa de cambiar su denominación a la de "tuna" y vincularse a su Casa de Estudios (Universidad, Facultad o Instituto). Esta iniciativa (la del cambio de denominación) fue copiada por las agrupaciones no estudiantiles que también -desde finales del siglo XIX- le imitaron en la vestimenta pero que -lógicamente- nunca pudieron aludir en sus nombres a ninguna Casa de Estudios.

Es así como, de un mismo "padre" (el Carnaval) surgen "hijas" de diferentes "madres":

  • Las Estudiantinas y Tunas Académicas, brotan vinculadas a la Academia (Universidad, Facultad, Instituto..)
  • Las Estudiantinas no académicas, que se generan como iniciativas de determinadfos entornos de la Sociedad (Círculos de Recreo, Círculos Culturales, Centros Filarmónicos, Empresas, Municipalidades, Sindicatos, Centros de Envejecientes, Profesionales).

Hijas del Carnaval Moderno

Esta diferente "maternidad" es la que sienta la diferencia fundamental entre unas y otras:

El "problema" pivota en tener en cuenta el origen: un padre (carnaval moderno) con dos madres (Academia y Sociedad) que ha generado hijas con cada una con el hecho de que las "hijas de la Sociedad" pugnan constantemente por parecerse y suplantar a las "hijas de la Universidad". Esto sucede desde finales del siglo XIX y dudo mucho que desaparezca, siendo más necesario que nunca que se mantenga el respeto ya que hablar de la diferencia no supone una "agresión" sino la "defensa de lo propio", de aquello que se nos viene copiando desde finales del siglo XIX.

Sólo me queda recordar las palabras de Meluk Orozco cuando dice:

«Desconocer la diversidad sería un gran error, y perpetuar el modelo de lo distinto sería una debilidad/inadecuación que empobrece a la tuna y da lugar a que este conflicto permita que otros grupos tomen fuerza. Imaginen dos hermanos peleando por la herencia -que tengo y que soy- y llega el hijo ilegitimo y toma partido de esto. Es un conflicto obsoleto que sólo va en detrimento de la ya tan golpeada y vituperada tuna. Si vamos a la naturaleza, agregarnos o ser gregarios es un recurso de supervivencia. Si seguimos tirando piedras a nuestro propio tejado sólo conseguiremos nuestra propia destrucción».

2019 - Cabecera

Aunque investigue de todos los temas que me generen curiosidad no puedo ocultar mi pasión por la Tuna en la que me forjé (la Universitaria) y que dejó en mi carácter una impronta indeleble. Por eso sólo me queda volver a pedir respeto, que cada uno valore su pasado y que no copie lo que no le es propio.

Félix O. Martín Sárraga 


Publicación: 09/04/19