La beneficencia, uno de los valores fundamentales de las primeras estudiantinas

 

Félix O. Martín Sárraga, Doctor en Historia

ORCID:000-0001-7451-0984

 

La imagen popular de las estudiantinas y tunas universitarias suele asociarse a jóvenes vestidos con trajes de inspiración histórica interpretando canciones acompañadas por guitarras, bandurrias, laúdes y panderetas. Esta representación, ampliamente difundida por la literatura, la fotografía, el cine y las actuaciones públicas forma parte de su historia, pero resulta incompleta si prescindimos de una de los principales valores que impulsaron la actividad de numerosas agrupaciones desde el siglo XIX: la beneficencia y la filantropía.

Durante décadas, las estudiantinas recorrieron calles y plazas, visitaron instituciones y organizaron funciones musicales con finalidades que iban mucho más allá del entretenimiento. Entre sus motivaciones encontramos el auxilio a personas necesitadas, el sostenimiento de establecimientos benéficos, la atención a enfermos y heridos, la ayuda a víctimas de catástrofes naturales y el socorro de familias afectadas por acontecimientos desgraciados.

No tratamos de atribuir retrospectivamente a aquellas agrupaciones valores que no poseyeron ni de idealizar su comportamiento. Buscamos reconocer unos valores ampliamente documentados en la prensa de la época a través de su actividad, cuya frecuencia y diversidad permiten considerarlos parte importante de la historia de las estudiantinas y tunas académicas (Martín Sárraga, 2022, pp. 259-342, 382-399; Martín Sárraga, 2026, pp. 627-634).

Esta dimensión benéfica adquirió especial importancia durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, cuando las estudiantinas académicas fueron consolidando progresivamente su identidad diferenciada respecto de otras comparsas carnavalescas.

Comprender este proceso exige situarlo en el contexto de la sociedad que vio surgir estas agrupaciones.

Una sociedad en la que la beneficencia desempeñaba una función esencial

La España del siglo XIX estuvo marcada por profundas desigualdades económicas y sociales. La pobreza, las hambrunas, las crisis de subsistencia, las epidemias, las guerras y los desastres naturales afectaron especialmente a los sectores más vulnerables de la población.

Los recursos asistenciales disponibles eran limitados y la atención a los necesitados descansaba en una combinación de iniciativas religiosas, establecimientos benéficos, actuaciones municipales, limosnas y contribuciones particulares, así como mecanismos de ayuda colectiva. Esta situación comenzó a transformarse con la construcción del Estado liberal, que trató de reorganizar las instituciones asistenciales heredadas del Antiguo Régimen.

La Ley General de Beneficencia de 20 de junio de 1849, publicada en la Gaceta de Madrid del día 24, estableció una clasificación de los establecimientos benéficos y reguló la intervención de las autoridades públicas en su administración. La legislación reconocía la existencia de establecimientos generales, provinciales y municipales, así como de instituciones particulares, y contemplaba expresamente la organización de socorros domiciliarios y la realización de cuestaciones públicas sujetas a autorización (Ministerio de la Gobernación, 1849).

La importancia histórica de esta regulación ha sido examinada por Carles Grabuleda i Teixidor (2000), quien estudió las dificultades que encontró el Estado liberal para organizar la asistencia y la sanidad públicas, y por Ángel Pascual Martínez Soto (2018), cuyo trabajo analiza la transición desde las formas tradicionales de caridad hacia los sistemas de protección social desarrollados posteriormente.

Ambos estudios permiten comprender que la beneficencia constituyó una cuestión central en la vida social española, relacionada con las transformaciones económicas, políticas e institucionales del siglo XIX.

En este contexto, las iniciativas promovidas por particulares y asociaciones desempeñaron un papel complementario al de las instituciones asistenciales, altamente insuficiente.

Las estudiantinas participaron de aquella realidad. Sus actuaciones benéficas no surgieron al margen de la sociedad, sino dentro de una cultura en la que la ayuda a los necesitados podía expresarse mediante colectas, suscripciones, funciones teatrales, conciertos y otras iniciativas públicas.

El Carnaval: diversión y beneficencia en un mismo espacio

Las estudiantinas surgieron y se desarrollaron dentro del ambiente festivo que adquirió especial protagonismo durante el reinado de Isabel II, después de la liberalización de las fiestas de máscaras mediante la Orden de 19 de febrero de 1834.

El Carnaval ofrecía a diferentes sectores sociales la posibilidad de organizar comparsas, utilizar disfraces, interpretar música y recorrer las calles participando en celebraciones colectivas. Pero aquellas salidas no respondían exclusivamente al deseo de divertirse.

Las fuentes demuestran que numerosas agrupaciones aprovechaban la afluencia de público y el ambiente festivo para solicitar donativos destinados a distintas causas benéficas.

La combinación entre música, Carnaval y postulación se convirtió así en una práctica característica de muchas estudiantinas decimonónicas.

Conviene recordar que las primeras agrupaciones denominadas estudiantinas no estuvieron integradas necesariamente por estudiantes.

Durante buena parte del siglo XIX encontramos conjuntos formados por músicos aficionados, artesanos, integrantes de sociedades recreativas, empleados, militares y personas de otras procedencias sociales que adoptaban una indumentaria inspirada en el estudiante y participaban en actividades carnavalescas o benéficas (Martín Sárraga, 2022, pp. 157-173, 373-382). Por ello, esta diversidad de procedencias demuestra que la actividad postulante fue compartida por agrupaciones surgidas de diferentes sectores sociales antes de adquirir una especial relevancia entre los estudiantes.

La mayoría de los sectores sociales conformaron estudiantinas postulantes con fines benéficos, hecho que parece reflejar uno de los valores recibidos desde la sociedad decimonónica.

La postulación, una práctica que caracterizó a numerosas estudiantinas

En la documentación decimonónica encontramos repetidamente expresiones como salir a postular, pedir limosna, recoger donativos o allegar recursos.

Estas fórmulas permiten identificar una práctica que tuvo considerable importancia en las actividades de las estudiantinas.

Postular suponía solicitar contribuciones de quienes presenciaban sus actuaciones o se encontraban con ellas durante los recorridos públicos.

Pero las fuentes demuestran que aquella actividad no estuvo dirigida siempre a una misma finalidad.

En ocasiones se buscaba auxiliar directamente a personas pobres. En otras, contribuir al sostenimiento de hospitales, asilos, inclusas, establecimientos de beneficencia o instituciones educativas. También se organizaron salidas relacionadas con epidemias, inundaciones, terremotos, naufragios y conflictos bélicos.

Las motivaciones podían variar según las circunstancias de cada localidad y las necesidades existentes en determinado momento.

Lo importante es que la postulación no fue una práctica excepcional, sino una actividad recurrente en la documentación de las estudiantinas anteriores al franquismo (Martín Sárraga, 2022, pp. 382-399). La música facilitaba el contacto con la población. Las agrupaciones podían recorrer calles y plazas, interpretar composiciones ante instituciones, participar en celebraciones o visitar sociedades recreativas. Estas actividades proporcionaban ocasiones para solicitar donativos destinados a la finalidad anunciada.

En sus comienzos no todas las estudiantinas interpretaban necesariamente su propia música. Algunas recurrieron a contratar bandas militares, cuyo coste de detraía de la cantidad recaudada antes de emplearla en la finlidad de la póstula.

Para el análisis de las citas periodísticas a estudiantinas postulantes en función del colectivo social del que se formaron las clasifiqué como académicas y no académicas (populares). Encontré que las citas a las estudiantinas no académicas surgieron del 0.004% de la población no estudiantil, mientras que las generadas por estudiantinas académicas afloraron del 2.591% de la matrícula universitaria. Entendí etos resultados como proporcionales y reprsentativos del colectivo del que surgieron, siendo esta proporción casi 650 veces mayor de citas a estudiantinas académicas una señal incuestionable del superior compromiso social de los escolares respecto a los colectivos no escolares de la población española (Martín Sárraga, 2022, pp. 383-385).

La beneficencia como respuesta a las necesidades de la sociedad

A medida que avanzó el siglo XIX, las actividades benéficas de las estudiantinas comenzaron a responder a una variedad cada vez mayor de necesidades sociales.

La investigación documental permite distinguir dos grandes circunstancias que favorecieron muchas de sus iniciativas. La primera correspondía a las necesidades asistenciales habituales: pobreza, hambre, enfermedad, sostenimiento de hospitales, ayuda a personas desamparadas y colaboración con instituciones de beneficencia. La segunda estaba relacionada con acontecimientos extraordinarios que provocaban situaciones de emergencia: epidemias, guerras, inundaciones, terremotos y otras catástrofes. Ambas motivaciones coexistieron durante décadas.

Esta diferenciación resulta importante porque evita interpretar todas las salidas benéficas como respuestas improvisadas ante acontecimientos excepcionales.

Muchas estudiantinas se organizaron para colaborar con instituciones que desarrollaban una labor asistencial continuada, otras surgieron precisamente cuando una desgracia exigía movilizar recursos de manera urgente.

1834: una estudiantina organizada para auxiliar a los enfermos

Uno de los testimonios más tempranos y significativos procede de Murcia. El 22 de junio de 1834, El Eco del Comercio publicó una noticia sobre una agrupación organizada por jóvenes urbanos municipales que había recorrido las calles de la ciudad vestida de estudiantes y acompañada de música. Su finalidad estaba relacionada con la situación sanitaria y con la necesidad de proporcionar ayuda a personas enfermas y necesitadas. El periódico explicaba que los organizadores pretendían, por una parte, contribuir a tranquilizar a la población ante la alarma causada por la amenaza epidémica y, por otra, estimular la caridad pública para auxiliar a los pobres enfermos (El Eco del Comercio, 1834; Martín Sárraga, 2022, p. 260).

La información resulta especialmente importante porque nos permite conocer expresamente la motivación de aquella salida. No se trataba únicamente de una agrupación musical que aprovechara su recorrido para recibir algunas monedas. La iniciativa había sido organizada con una finalidad asistencial y utilizaba la música como medio para favorecer la participación de la población. La noticia también permite comprobar que, desde fechas muy tempranas, la denominación de estudiantina podía aplicarse a agrupaciones que no estaban integradas por verdaderos escolares. No obstante, su existencia acredita que la relación entre música estudiantina, postulación y beneficencia estaba presente en los primeros años de aparición de las estudiantinas.

La finalidad de socorrer a enfermos necesitados no aparece, por tanto, como una incorporación tardía a las actividades de estas agrupaciones, forma parte de sus valores más precoces que se hallan debidamente documentados.

1843: escolares que organizaban una estudiantina para pedir limosna

En diciembre de 1843, la publicación Fray Gerundio anunció que los alumnos de las clases superiores del Colegio de Humanidades de Calatayud (regido por jesuítas) formarían una comparsa vestida «a la tuna», acompañada de música, para solicitar limosnas en beneficio de las monjas de aquella localidad (Fray Gerundio, 1843, p. 641).

La importancia del documento es doble. En primer lugar, identifica expresamente a los integrantes como alumnos de un establecimiento docente, circunstancia que permite reconocer su carácter académico. En segundo lugar, señala una finalidad benéfica concreta como motivo de la organización de la comparsa.

La noticia demuestra que, apenas nueve años después de la liberalización de las fiestas de máscaras, encontramos estudiantes que proyectaban utilizar una agrupación musical con vestimenta «a la tuna» para solicitar donativos destinados a una institución religiosa.

El caso resulta especialmente revelador porque muestra que la finalidad benéfica estaba presente entre las motivaciones de las primeras estudiantinas académicas identificadas. La posterior consolidación de estas agrupaciones dentro de la vida universitaria no puede comprenderse ignorando aquellos antecedentes (Martín Sárraga, 2022, p. 262; Martín Sárraga, 2025).

1879: las inundaciones del Levante y la movilización de las estudiantinas

La riada de Santa Teresa, ocurrida durante la noche del 14 al 15 de octubre de 1879, constituye uno de los acontecimientos que mejor permiten comprobar la movilización benéfica de las estudiantinas. La catástrofe afectó gravemente a numerosas localidades de Murcia, Alicante y Almería, causando importantes pérdidas humanas y materiales. Su magnitud provocó una respuesta solidaria que alcanzó diferentes lugares de España (Martín Sárraga, 2014. pp. 54-127).

La documentación hemerográfica reunida en mi tesis doctoral permite identificar estudiantinas organizadas para auxiliar a los damnificados, así como agrupaciones que realizaron cuestaciones en ciudades alejadas de las zonas afectadas (2022, pp. 270-290).

Encontramos testimonios en Madrid, Salamanca, Almería, Alicante, Toledo, Zaragoza y otras localidades. Algunas de estas iniciativas fueron promovidas por estudiantes universitarios, mientras que otras correspondieron a agrupaciones de diferentes procedencias. Entre ellas figura la Estudiantina del Instituto de Almería, constituida expresamente para socorrer a las víctimas de las inundaciones. También se documenta la intervención de estudiantes de Medicina de Madrid y de la Escuela Normal de Toledo, junto con agrupaciones postulantes organizadas en diferentes ciudades (Martín Sárraga, 2014. pp. 54-127; Martín Sárraga, 2022, pp. 280-286).

La importancia del acontecimiento para nuestro análisis no reside principalmente en las cantidades obtenidas. Lo verdaderamente significativo es que la desgracia de una población motivara la organización de estudiantinas en otras ciudades, cuyos integrantes salían a solicitar ayuda para personas con las que, en muchos casos, no mantenían vínculos personales. La actividad postulante se convirtió así en una forma de participación en las iniciativas solidarias de ámbito nacional.

Estas actuaciones también proporcionaron una importante visibilidad pública a las estudiantinas, cuya participación fue recogida por periódicos españoles y extranjeros, potenciando la buena imagen de las estudiantinas y tunas académicas.

1884, el terremoto de Andalucía

La movilización estudiantil de 1879 no constituyó un acontecimiento aislado. Durante las décadas siguientes encontramos iniciativas relacionadas con otras inundaciones, los terremotos de Andalucía de diciembre de 1884 y diferentes conflictos bélicos. Las consecuencias de los terremotos andaluces motivaron la organización de estudiantinas destinadas a auxiliar a las poblaciones afectadas.

En enero de 1885, el Diario de Murcia publicó noticias sobre varias agrupaciones que salieron a solicitar ayuda para los damnificados. Entre ellas encontramos iniciativas organizadas en Murcia, San Javier, Lorca, Blanca y La Alberca, donde una estudiantina dirigida por Carmelo González recogió prendas destinadas a los necesitados de Andalucía (Diario de Murcia, 1885a, 1885b; Martín Sárraga, 2022, pp. 293-294). El ejemplo permite apreciar nuevamente que la respuesta benéfica no dependía exclusivamente de una iniciativa universitaria. Participaban en ella diferentes sectores sociales, utilizando la estudiantina como una forma de organización colectiva.

1886- 1887:Los hospitales y los enfermos, otra finalidad recurrente

La preocupación por los enfermos aparece reiteradamente en las noticias sobre estudiantinas. Las epidemias que afectaron a la población española durante el siglo XIX crearon situaciones de especial necesidad asistencial. Los hospitales y establecimientos de beneficencia se enfrentaban a dificultades para proporcionar atención, alimentación y otros recursos a los enfermos más desfavorecidos.

En ese contexto encontramos agrupaciones organizadas expresamente para colaborar con aquellas instituciones.

En 1886, la Tuna Estudiantina de Salamanca recorrió las calles de la ciudad solicitando ayuda para los enfermos del hospital, según la información publicada por El Fomento (El Fomento, 1886, p. 3). Al año siguiente, en Totana, varios escolares organizaron una estudiantina para allegar recursos destinados al hospital de la localidad. El Diario de Murcia publicó una información procedente de La Correspondencia de Totana que permite conocer los preparativos, los nombres de numerosos integrantes y la colaboración de personas que contribuyeron a confeccionar su bandera (Diario de Murcia, 1887a, p. 2). La noticia resulta particularmente importante porque permite reconstruir la participación de diferentes personas en una misma iniciativa benéfica. En octubre del mismo año encontramos otra iniciativa protagonizada por estudiantes lorquinos matriculados en las facultades de Derecho y Ciencias, destinada a socorrer a los pobres enfermos de Cartagena, entonces afectada por una epidemia de paludismo (Diario de Murcia, 1887b; Martín Sárraga, 2022, pp. 295-296).

Estos testimonios permiten reconocer una dimensión especialmente importante de las estudiantinas académicas: la capacidad de organizarse colectivamente para participar en actividades asistenciales ajenas a sus obligaciones docentes.

1893: Guerra de Melilla

Hubo una Estudiantina Popular en Campo de Criptana que reallizó una cuestación destinada expresamente a los heridos de la Guerra de  Melilla (El Día, Madrid, 3-12-1893). también las Estudiantinas de Valladolid, Zamora, Burgos y Almería se movilizaron para auxiliar a soldados de Melilla (El Día, 5-11-1893, p. 2; El Imparcial, 8-11-1893, p. 2, y 13-11-1893, p. 1; El Heraldo de Madrid, 19-11-1893, p. 2.).

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1895-1900, Guerras de Cuba y Filipinas

Algo semejante ocurrió con las campañas bélicas de la Guerra Hispanoamericana. Las noticias sobre heridos, enfermos, viudas y huérfanos de militares motivaron actividades postulantes destinadas a proporcionarles auxilio. La investigación publicada sobre la Guerra Hispanoamericana reúne numerosos testimonios de estudiantinas que colaboraron en estas iniciativas, especialmente mediante actuaciones relacionadas con la Cruz Roja y otras instituciones asistenciales (Martín Sárraga, 2017). Estos ejemplos muestran que la beneficencia y la filantropía estuvieron relacionadas con necesidades sociales muy diversas.

1895: La Estudiantina de la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia de Tenerife realiza cuestaciones a favor de los heridos de la campaña de Cuba, canalizando la ayuda mediante la Cruz Roja.

1896: La Estudiantina de Medicina de Valencia actúa en beneficio de los heridos de Cuba. Otras agrupaciones solicitan ayuda para soldados enfermos y familiares pobres de fallecidos.

1897: Se documentan iniciativas de la Tuna Compostelana, la Estudiantina Universitaria de Barcelona y estudiantes de Elche para auxiliar a los heridos y enfermos de las campañas de Cuba y Filipinas.

1898: Continúan las actuaciones de la Estudiantina Universitaria de Barcelona y aparecen iniciativas como las de la Estudiantina Roja y Gualda y una agrupación proyectada en Icod para socorrer a soldados repatriados enfermos.

1899: La Estudiantina Valenciana t sus póstulas a favor del Sanatorio de Porta Coeli, cuya necesidad se relaciona expresamente con la asistencia a los repatriados enfermos.

1900: Continúan las actuaciones valencianas para el sanatorio. También se documenta una Estudiantina de la Cruz Roja en Santa Cruz de Tenerife, aunque su finalidad recaudatoria concreta no está acreditada con igual seguridad.

Sin embargo, también debemos evitar interpretar todas estas actuaciones como manifestaciones de una sensibilidad exclusivamente humanitaria en el sentido actual. La ayuda a los heridos de guerra podía aparecer vinculada a sentimientos patrióticos, del mismo modo que determinadas cuestaciones religiosas respondían a motivaciones confesionales. La actividad benéfica debe comprenderse dentro del contexto moral, político y cultural de su tiempo.

1910: Segunda Guerra de Melilla

La segunda campaña de Melilla, finalizada el año anterior, continuaba generando traslados de heridos a la península. La Estudiantina de la Academia de Isabel la Católica de Granada realizó una actividad a favor de heridos de guerra (Estudiantina de la Academia de Isabel la Católica de Granada: actividad a favor de heridos de guerra, posiblemente de la campaña de Melilla.(Actualidades, Madrid, 17-2-1910).

1912-1926: Guerra del Rif

La Estudiantina del Instituto de Murcia ayudó a las viudas y soldados heridos de la Guerra del Rif (El Liberal, Murcia, 19-2-1912, p. 3). También la Estudiantina de la Escuela Normal de Maestros de Barcelona recaudó para ayudar a los soldados heridos de dicha guerra (La Vanguardia, Barcelona, 20-2-1915, p. 13).

En 1925 un a Estudiantina organizada en Murcia por Antonio López Villanueva recabó ayudas para los mutilados de la guerra (El Liberal, Murcia, 11-10-1925, p. 1; La Verdad, Murcia, 13-11-1925, p. 1; La Vanguardia, 22-12-1925, p. 23.).

También hay documentada la actividad de otras estudiantinas en Alicante y Murcia para auxiliar a mutilados de África (El Tiempo, Murcia, 11-3-1926, p. 2; El Liberal, Murcia, 11-3-1926, p. 2).

La especial participación de las estudiantinas académicas

Uno de los principales resultados de mi tesis doctoral fue comprobar la importancia alcanzada por las estudiantinas académicas dentro del conjunto de actividades benéficas documentadas.

El estudio permitió identificar 1.041 agrupaciones diferentes durante el periodo comprendido entre 1833 y 1939. De ellas, 282 fueron clasificadas como académicas y 759 como no académicas, incluyendo en esta última categoría agrupaciones cuya procedencia estudiantil no pudo acreditarse (Martín Sárraga, 2022, pp. 373-382).

Este resultado demuestra que las estudiantinas académicas no constituyeron la mayoría de las agrupaciones identificadas. Sin embargo, su presencia en los testimonios sobre actividades postulantes fue especialmente significativa.

En el corpus de noticias sobre estas actuaciones se localizaron 787 referencias a estudiantinas postulantes, de las cuales 399 correspondían a agrupaciones académicas, mientras que las restantes procedían de otras agrupaciones o de conjuntos cuya composición no pudo determinarse con precisión (Martín Sárraga, 2022, pp. 386-387). Estos datos permiten afirmar que la actividad benéfica adquirió un peso documental muy importante entre las estudiantinas académicas.

Ahora bien, conviene introducir una precisión metodológica. Las referencias periodísticas no constituyen un censo completo de todas las actividades realizadas porque otras estudiantinas pudieron actuar sin dejar testimonios conservados.

Lo que sí podemos establecer es que las estudiantinas académicas protagonizaron una parte muy relevante de las actividades benéficas documentadas y adquirieron una destacada visibilidad pública por este motivo.

¿Cuáles fueron las principales motivaciones benéficas?

Para conocer las razones que impulsaron aquellas actividades, la investigación de la antes citada tesis doctoral clasificó los testimonios según sus finalidades.

Los resultados mostraron que la beneficencia institucional representaba el 23 % de los motivos identificados; el auxilio a víctimas de catástrofes naturales, el 18 %; la ayuda a heridos de guerra, el 17 %; las iniciativas destinadas a hospitales y enfermos, el 9 %, y las encaminadas a aliviar la pobreza, otro 9 % (Martín Sárraga, 2022, pp. 395-398). Estas cinco categorías representaban conjuntamente el 76 % de las motivaciones benéficas clasificadas.

Su importancia reside en mostrar que las razones asistenciales constituyeron una motivación recurrente y diversificada.

Las estudiantinas respondieron a distintas necesidades, adaptando sus actividades a las circunstancias sociales de cada momento.

Durante los primeros años aparecieron vinculadas especialmente al auxilio de los pobres y enfermos, mientras que posteriormente adquirieron considerable importancia las iniciativas relacionadas con guerras, inundaciones y otras catástrofes. Esta evolución permite reconocer una relación entre la actividad postulante de las estudiantinas y los acontecimientos que afectaron a la sociedad española durante el periodo estudiado (Martín sárraga, 2022, pp. 395-397).

La beneficencia como factor de reconocimiento social

Las estudiantinas benéficas no desarrollaron sus actividades de manera invisible. Sus recorridos, conciertos y cuestaciones fueron recogidos por la prensa, que frecuentemente destacó tanto sus iniciativas como las finalidades a las que estaban destinadas.

La publicidad de estas actuaciones cumplía diferentes funciones. Permitía anunciar la formación de las agrupaciones, dar a conocer sus objetivos, solicitar la colaboración de la población y comunicar, cuando así se hacía, el destino de los donativos obtenidos. Esta dimensión pública ayudó a consolidar la presencia social de las estudiantinas.

Las agrupaciones podían actuar ante autoridades, visitar establecimientos y asociaciones o recibir el reconocimiento de instituciones que valoraban su participación en determinadas iniciativas. La beneficencia ofrecía, por tanto, una finalidad que contribuía a explicar y legitimar socialmente sus salidas.

La prensa decimonónica también recogió críticas dirigidas a determinadas comparsas y estudiantinas, especialmente cuando sus integrantes molestaban a los transeúntes, insistían excesivamente en solicitar donativos o protagonizaban comportamientos considerados inapropiados. Estas noticias muestran que la práctica postulante no estuvo exenta de conflictos.

La existencia de agrupaciones que desarrollaban actividades benéficas no significa que todas gozaran del mismo prestigio ni que su comportamiento fuera siempre ejemplar. Precisamente por ello, la investigación debe distinguir las finalidades anunciadas, las actuaciones efectivamente realizadas y las valoraciones que sobre ellas formularon los contemporáneos.

De la actividad carnavalesca a una manifestación académica con proyección social

Durante las últimas décadas del siglo XIX, las estudiantinas integradas por verdaderos escolares comenzaron a adquirir progresivamente características propias que contribuyeron a diferenciarlas de las comparsas populares. La pertenencia a una institución docente, la identificación de sus integrantes como estudiantes, las relaciones con otras agrupaciones académicas y determinadas prácticas de organización colectiva favorecieron aquella transformación. En este proceso, la actividad benéfica desempeñó una función importante.

Las estudiantinas académicas participaron en iniciativas promovidas desde diferentes centros docentes, organizaron desplazamientos y establecieron relaciones con instituciones públicas y asociaciones de carácter asistencial. El hecho de que algunas agrupaciones se constituyeran expresamente para atender una necesidad concreta demuestra que la beneficencia podía ser uno de los motivos de su propia creación.

En determinados casos, era la necesidad de auxiliar a un colectivo la que impulsaba a los estudiantes a reunirse, organizarse musicalmente y salir a postular. Esta circunstancia resulta fundamental para comprender el desarrollo histórico de las estudiantinas.

La beneficencia no fue únicamente una actividad complementaria de agrupaciones previamente constituidas. En numerosas ocasiones figuró entre las razones que motivaron su formación.

Con el paso del tiempo, algunas estudiantinas universitarias adquirieron mayor continuidad organizativa y desarrollaron actividades musicales y representativas durante periodos más amplios. Sin embargo, las fuentes demuestran que la finalidad postulante continuó formando parte de su actividad durante las primeras décadas del siglo XX (Martín Sárraga, 2022, pp. 386-399).

Una tradición de ayuda que también compartieron las mujeres

La presencia femenina en las estudiantinas benéficas permite ampliar esta interpretación. La documentación demuestra que algunas agrupaciones integradas por mujeres participaron en actividades destinadas a socorrer a personas necesitadas y colaborar con instituciones asistenciales. Entre los ejemplos más significativos figura la estudiantina femenina murciana que desarrolló actuaciones entre 1913 y 1914 para contribuir a la construcción del Sanatorio Antituberculoso de Sierra Espuña. La prensa permite conocer los nombres de numerosas instrumentistas y cantantes, así como sus actuaciones benéficas, entre ellas una función celebrada en el Teatro Romea de Murcia (El Tiempo, 1914; Martín Sárraga, 2022, pp. 324-325).

Otro ejemplo especialmente importante corresponde a la Estudiantina de la Escuela Normal de Maestras de La Laguna, activa entre 1921 y 1929. Sus integrantes realizaron actuaciones musicales y cuestaciones destinadas principalmente a la Cantina Escolar y al Ropero Infantil, instituciones dedicadas a proporcionar alimentación y vestido a niños necesitados (Asencio González, 2013; Martín Sárraga, 2022, pp. 325-328).

Estos testimonios muestran que la actividad benéfica no fue exclusiva de las agrupaciones masculinas, también estuvo presente en estudiantinas femeninas, tanto académicas como no académicas.

Su incorporación al análisis resulta necesaria para comprender la amplitud social del fenómeno y evitar que el relato histórico identifique automáticamente la actividad de las estudiantinas con la participación exclusiva de varones.

Consideraciones finales

El estudio documental de las primeras estudiantinas demuestra que la beneficencia y la filantropía ocuparon un lugar destacado entre las motivaciones de sus actividades públicas.

Desde los primeros testimonios de la década de 1830 encontramos agrupaciones organizadas para solicitar ayuda destinada a personas necesitadas. La noticia de Murcia de 1834 demuestra la temprana relación entre música estudiantina y auxilio a los enfermos. El anuncio de la comparsa académica de Calatayud en 1843 permite reconocer esa finalidad entre las iniciativas de escolares. Y la documentación posterior acredita su continuidad durante las siguientes décadas.

Las necesidades asistenciales habituales y las emergencias provocadas por epidemias, guerras y catástrofes naturales motivaron numerosas salidas postulantes, tanto de agrupaciones académicas como no académicas. El análisis cuantitativo de mi tesis doctoral demuestra que aquellas iniciativas no constituyeron episodios aislados, sino un componente recurrente de las actividades documentadas entre 1833 y 1939.

La documentación demuestra que diversión, música y beneficencia coexistieron durante buena parte de su historia. Muchas estudiantinas participaron en las celebraciones públicas para entretener a la población, pero también para responder a las necesidades de quienes atravesaban situaciones difíciles.

Entre todas, las estudiantinas académicas, pese a representar una parte minoritaria del conjunto de agrupaciones identificadas, adquirieron una presencia especialmente relevante en las actividades benéficas conservadas en las fuentes.

La beneficencia y la filantropía no fueron adornos incorporados posteriormente al relato histórico de las estudiantinas. Fueron motivaciones reales de numerosas salidas, documentadas desde los primeros años de su existencia. Reconocerlo permite comprender mejor la función social que desempeñaron y el reconocimiento público que alcanzaron durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Porque mucho antes de que la tuna universitaria adquiriera las características con las que hoy la identificamos, numerosas estudiantinas ya habían encontrado en sus actuaciones una forma de participar en la vida de sus comunidades y contribuir al auxilio de quienes más lo necesitaban.

La música fue una de sus expresiones más visibles. La beneficencia, uno de los motivos que dieron sentido a muchas de sus salidas y le generaron un alto prestigio social.

Referencias bibliográficas

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Publicación: 05/11/2026

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