Félix O. Martín Sárraga
Hasta la semana pasada sosteníamos, basándonos en Fuentes y Ponte, Amador de los Ríos y la aparición de la red ferroviaria en la España peninsular que la costumbre estudiantil de correr la tuna para regresar a sus casas al finalizar el curso ya había desaparecido en 1836 (1), que se perdió en 1845 (2) o que hubo de desaparecer entre 1846 y 1855 (3). Ahora detectamos un nuevo artículo en la prensa histórica confirma su desaparición en el mismo marco temporal a la vez que añade otro medio de transporte que fue determinante.