Consideraciones históricas sobre la mujer, la igualdad de género y la Tuna Universitaria
A propósito de la igualdad de género en la Tuna y del aplazamiento de su reconocimiento patrimonial
La respuesta al procedimiento para el reconocimiento de la Tuna Universitaria como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España hace necesarias algunas precisiones desde el ámbito de la investigación histórica, al que he dedicado los últimos dieciséis años y en el que he defendido una tesis doctoral sobre la historia de las estudiantinas y tunas universitarias.
Los datos relativos a su tramitación indican que el 14 de septiembre de 2026, tras nueve meses sin resolución, se le comunicó al grupo promotor que «la igualdad de género no está lo suficientemente consolidada, ni tampoco es uniforme». Se argumentaba asimismo que «en estas circunstancias se ha considerado prudente no adoptar todavía una declaración estatal definitiva» y que se trataba de «aplazar la eventual declaración hasta que dichos procesos de evolución estén más consolidados y puedan valorarse con mayor perspectiva».
Esta formulación merece particular atención. No estamos, por tanto, ante una resolución que niegue definitivamente el reconocimiento, sino ante un aplazamiento fundamentado, entre otras consideraciones, en el grado de consolidación y uniformidad alcanzado por la igualdad de género dentro de la Tuna. Precisamente por ello resulta necesario preguntarse qué significan, en términos históricos y culturales, «consolidada», «uniforme» y «mayor perspectiva», y qué criterios objetivos permitirán determinar en el futuro que esas condiciones finalmente se han cumplido.
Ante esta comunicación, el grupo promotor respondió extensamente el 16 de septiembre y planteó una pregunta que continúa sin respuesta: «¿Cuánto tiempo se ha de esperar para valorar con mayor perspectiva la igualdad de género en la Tuna Universitaria? ¿1, 5, 15, 20, 50 o 100 años? Tal vez para ese entonces la tradición que hoy se intenta proteger haya desaparecido». El 17 de septiembre se le comunicó que dicho escrito había sido trasladado a la instancia competente para su conocimiento y efectos.
Posteriormente, el 28 de septiembre, el mismo grupo remitió el manifiesto Somos Tuna. Somos Patrimonio, haciendo constar el malestar existente entre las tunas españolas y comunicando que el texto sería leído en los certámenes y encuentros de tunas que se celebrasen en España mientras no se reconsiderase el aplazamiento de la firma del decreto por el Consejo de Ministros.
El tema merece ser abordado con rigor porque afecta tanto a la interpretación del pasado como a la realidad presente y a la protección futura de una manifestación cultural secular de los universitarios españoles, extendida actualmente por numerosos países, incluidos algunos de habla no hispana.
No pretendo sostener que todas las tunas hayan alcanzado una igualdad efectiva entre mujeres y hombres, pero una cosa muy distinta es convertir la desigualdad numérica existente entre las tunas masculinas y femeninas en una característica definitoria de la Tuna como fenómeno histórico y cultural.
La cuestión histórica que aquí se examina es más precisa: si el predominio numérico masculino que caracterizó a estas agrupaciones durante buena parte de su historia puede convertirse en una característica definitoria de la Tuna como fenómeno histórico y cultural. La documentación obliga a distinguir entre predominio masculino y necesaria exclusividad masculina: no son conceptos equivalentes.
Las páginas que siguen examinan esa cuestión a partir de la documentación histórica disponible y, posteriormente, confrontan con ella las expresiones empleadas para fundamentar el aplazamiento —«suficientemente consolidada», «uniforme» y «mayor perspectiva»—, cuya definición y criterios de valoración corresponde precisar a quien las utiliza como fundamento de su decisión.
La primera afirmación puede demostrarse porque esa desigualdad numérica responde históricamente a la muy escasa presencia de la mujer en la vida académica durante gran parte del periodo en el que aparece la tuna académica en España, el siglo XIX. La respuesta recibida del Ministerio no ha tenido en cuenta —o ignora— que, cuando esta realidad comenzó a cambiar, cambió también la composición de las tunas. Los datos oficiales resultan especialmente esclarecedores: las mujeres representaban el 44 % del alumnado en 1980, el 49,46 % en 1985 y ya eran mayoría en 1990, con el 50,96 % (CIDE, a partir de las estadísticas oficiales de enseñanza universitaria). De hecho, en el curso 1979-1980 ya constituían el 52 % de quienes se matriculaban por primera vez en la Universidad (El País, 2-IV-1980, con datos del Ministerio de Universidades e Investigación).
Esta transformación tuvo su correlato temporal en una verdadera eclosión de tunas femeninas: aproximadamente el 5 % de las actualmente registradas en España inició su actividad durante la década de 1980, alrededor del 45 % lo hizo durante la de 1990 y más del 50 % desde el año 2000. Estos datos demuestran que las mujeres se incorporaron progresivamente a una tradición universitaria con la que se identificaron. La expansión de las tunas femeninas no precedió a la incorporación masiva de las mujeres a la Universidad, fue consecuencia de ella. Antes carecían sencillamente de la base social necesaria para crearse y proliferar.
Llegados a este punto cabe plantear una cuestión inevitable: ¿van los detractores de la Tuna a considerar también un problema la existencia de tunas femeninas porque excluyen a los hombres? Ello sería tan insostenible como sostener lo contrario. Si la existencia de una tuna exclusivamente masculina se considera, por sí misma, prueba de desigualdad de género, el mismo criterio debería aplicarse a una tuna exclusivamente femenina. Y, si no se aplica, ha de explicarse por qué. En cualquier caso, interpretar el momento histórico en el que apareció la tuna aplicándole criterios actuales constituye un claro error metodológico de carácter anacrónico. El contexto histórico explica el abrumador predominio masculino con el que nació: la tuna académica surgió en una Universidad en la que la presencia de la mujer era extraordinariamente reducida.
Más difícil resulta sostener ese mismo argumento en el siglo XXI ignorando la evolución posterior. Prescindir de esa evolución y juzgar la realidad actual como si permaneciera inalterada desde el siglo XIX prolonga ese error metodológico y conduce a una interpretación históricamente sesgada que, además, sitúa a quienes presentaron la propuesta ante una objeción difícil de rebatir: se les exige una igualdad «suficientemente consolidada» y «uniforme», pero no se determina qué valor se concede a esa transformación histórica ni qué deberían acreditar para demostrar que la igualdad ha alcanzado el grado de consolidación exigido.
La igualdad no puede significar que todas las tunas deban tener obligatoriamente la misma composición. Existen tunas masculinas, femeninas y mixtas, aunque estas últimas solo han alcanzado cierta presencia en centros de bachillerato y actualmente se encuentran en retroceso. En cualquier caso, conviene recordar que la composición mixta tampoco constituye una novedad contemporánea: la Tuna de la Universidad Central de Madrid tuvo integrantes de ambos sexos durante más de una década antes de la Guerra Civil. La presencia de mujeres está documentada por la prensa desde 1924 (La Época, 19-II-1924; El Liberal, 22-II-1924; Diario de Córdoba, 29-II-1924; Blanco y Negro, 2 y 9-III-1924), adquiriendo una mayor visibilidad documentada por la prensa en 1929 (Crónica, 22-XII-1929), 1933 (Mundo Gráfico, 8-III-1933), 1934 (Mundo Gráfico, 7-II-1934), 1935 (Álvarez Álvarez, conferencia, 13-IV- 2012) y 1936 (Crónica, 1-III-1936).
La cuestión relevante no es imponer un único modelo, sino reconocer que —como la historia demuestra— mujeres y hombres pueden participar de esta manifestación cultural, constituir sus propias agrupaciones, compartirlas cuando así lo decidan y ser reconocidos como legítimos portadores de la tradición.
Esta cuestión adquiere todavía mayor importancia cuando el aplazamiento se fundamenta en que la igualdad de género no está «lo suficientemente consolidada, ni tampoco es uniforme» y en la necesidad de esperar hasta que estos procesos puedan valorarse con «mayor perspectiva». Las tres expresiones —«suficientemente consolidada», «uniforme» y «mayor perspectiva»— requieren que el Ministerio aporte una definición que permita conocer qué se exige exactamente y mediante qué criterios objetivos podrá determinarse que esas condiciones se han cumplido.
La segunda afirmación —convertir la desigualdad numérica existente entre las tunas masculinas y femeninas en una característica definitoria de la Tuna— entra en contradicción con la documentación histórica disponible. Sería como convertir en característica definitoria de cualquier asociación actual —científica, cultural, profesional o LGTBI— el predominio numérico de mujeres u hombres entre sus integrantes y utilizarlo, además, como criterio para cuestionar su reconocimiento.
Corresponde ahora examinar los restantes argumentos aducidos por el Ministerio para justificar el aplazamiento, analizándolos separadamente a la luz de la documentación histórica disponible:
- Una manifestación histórica no puede juzgarse a partir de un estereotipo actual
La primera precaución que debe adoptar un historiador consiste en no proyectar sobre casi dos siglos de evolución una imagen correspondiente únicamente a una de sus etapas.
Las estudiantinas y tunas españolas han cambiado a lo largo del tiempo. Cambiaron sus denominaciones, sus formas organizativas, su relación con la Universidad, sus repertorios, su instrumentación, su indumentaria, sus finalidades y también la composición de sus integrantes.
Por tanto, no existe fundamento metodológico para seleccionar la configuración predominantemente masculina que adquirió la Tuna durante una determinada etapa del siglo XX y convertirla retrospectivamente en esencia histórica de la tradición.
La investigación desarrollada para mi tesis doctoral permitió determinar la distribución por géneros de los integrantes de 1.041 estudiantinas y tunas previas a la Guerra Civil españñola: 1.020 estaban constituidas exclusivamente por varones, nueve exclusivamente por mujeres y doce conjuntamente por mujeres y hombres. También permitió identificar una estudiantina femenina de estudios superiores entre 1921 y 1929, tres estudiantinas universitarias mixtas entre 1924 y 1936 y cuatro estudiantinas femeninas preuniversitarias entre 1924 y 1938.
Los porcentajes femeninos fueron, evidentemente, minoritarios y deben interpretarse en el contexto de la extraordinariamente reducida presencia de mujeres en la Universidad española durante buena parte del periodo estudiado, no como prueba de que la Tuna fuese por definición una agrupación reservada a los hombres. Su análisis descontextualizado incurre igualmente en un error metodológico de carácter anacrónico. En cualquier caso, minoritario no significa inexistente. Su existencia demuestra que la composición exclusivamente masculina no fue una característica universal de estas agrupaciones. Esta diferencia es fundamental.
- La desigualdad numérica debe interpretarse dentro de la Universidad de su tiempo
Resultaría metodológicamente incorrecto interpretar la escasa presencia femenina en las estudiantinas universitarias de las primeras décadas del siglo XX sin considerar cuál era entonces la presencia de las mujeres en la propia Universidad.
Durante buena parte del periodo histórico en que se desarrollaron estas agrupaciones, la población universitaria española fue abrumadoramente masculina. Todavía en 1975 las mujeres representaban únicamente el 36,7 % del alumnado universitario español. Su presencia aumentó al 44 % en 1980 y al 49,46 % en 1985, hasta convertirse en mayoría en 1990, cuando alcanzaron el 50,96 % (CIDE, a partir de las estadísticas oficiales de enseñanza universitaria). De hecho, en el curso 1979-1980 ya constituían el 52 % de quienes se matriculaban por primera vez en la Universidad (El País, 2-IV-1980, con datos del Ministerio de Universidades e Investigación).
La progresiva incorporación de la mujer a los estudios superiores modificó esa realidad y, con ella, la propia composición de las formas de sociabilidad universitaria.
Por tanto, que la inmensa mayoría de los integrantes de las estudiantinas universitarias anteriores a la Guerra Civil fueran hombres no demuestra que aquellas agrupaciones establecieran como principio constitutivo la exclusión de las mujeres.
Demuestra, en primer término, que la población universitaria de la que procedían era abrumadoramente masculina.
La pregunta históricamente pertinente no es:
¿Había tantas mujeres como hombres en las tunas? Evidentemente, no.
La pregunta correcta debe ser:
Cuando las mujeres comenzaron a incorporarse a la Universidad, ¿encontramos mujeres incorporándose también a estudiantinas y tunas?
La documentación permite responder inequívocamente: sí.
- Las mujeres aparecen tempranamente en agrupaciones académicas
La incorporación de las mujeres a esta forma de sociabilidad estudiantil está documentada desde las primeras décadas del siglo XX. Tenemos constancia de la Estudiantina de la Escuela Superior de Maestras de La Laguna, una agrupación femenina de estudios superiores cuya actividad se ha situado entre 1921 y 1929 y cuya presencia está documentada por la prensa, entre otras ocasiones, en 1927 (La Prensa, 2-III-1927).
La documentación demuestra, además, que el fenómeno no quedó circunscrito a los estudios superiores. En 1929 encontramos la Estudiantina Femenina del Colegio Calasancio de la Sierra, perteneciente al ámbito preuniversitario (La Voz, diario gráfico de información, 26-X-1929).
Estos ejemplos resultan especialmente significativos porque demuestran que las mujeres no se limitaron a incorporarse a agrupaciones en las que participaban hombres, sino que también constituyeron sus propias estudiantinas. Por consiguiente, la participación femenina en esta forma de sociabilidad musical estudiantil no constituye una incorporación reciente ni una adaptación contemporánea de la tradición: está documentalmente acreditada desde hace más de un siglo.
- Pero existe una evidencia todavía más importante de su integración: hubo mujeres que entraron a formar parte de tunas previamente solo integradas por hombres
Podría argumentarse que la existencia de estudiantinas exclusivamente femeninas demuestra únicamente que hombres y mujeres desarrollaron agrupaciones separadas. La documentación demuestra que tampoco fue así. Existieron agrupaciones integradas conjuntamente por mujeres y hombres. Y entre ellas tenemos un caso especialmente significativo por su continuidad: la Tuna de la Universidad Central de Madrid, perteneciente además a una institución singular dentro del sistema universitario español, pues determinadas especialidades y estudios solo podían cursarse entonces en la Universidad Central, lo que reunía en ella a estudiantes procedentes de distintos lugares del país.
La Tuna de la Universidad Central de Madrid estuvo integrada por estudiantes de ambos sexos al menos desde 1924. Ese año encontramos entre sus integrantes a Asunción Campos, Lola Campos, María Muñoz y Rosario o Basilisa Abanuza — Rosario o Basilisa, las fuentes no permiten establecer con certeza el nombre de esta señorita, solo su apellido— (La Voz, Córdoba, 29-II-1924, p. 3; Diario de Córdoba, 29-II-1924, p. 1).
Esto ya bastaría para refutar cualquier afirmación según la cual la presencia de mujeres en una Tuna Universitaria sea una innovación de finales del siglo XX o del XXI. Pero el caso resulta mucho más importante porque su presencia no fue un episodio aislado.
En 1929 volvemos a encontrar mujeres en la Tuna de la Universidad Central, denominada también Tuna Orquesta Escolar Universitaria. Estaba integrada por 88 estudiantes y la prensa explicó expresamente que entre ellos había cuatro mujeres, dos procedentes de Filosofía y Letras y dos del Conservatorio; dos tocaban el arpa y las otras dos el violín (Crónica, Madrid, 22-XII-1929, p. 2; El Adelanto, Salamanca, 8-XI-1929, p. 6).
La información llegó incluso al detalle de explicar la adaptación de la indumentaria a sus integrantes femeninas: las mujeres vestirían faldas de terciopelo negro (La Gaceta Regional, Salamanca, 7-XI-1929).
La precisión de estas informaciones resulta especialmente significativa. No encontramos a cuatro mujeres simplemente posando junto a una agrupación masculina. Las fuentes contemporáneas las sitúan dentro de la agrupación, indican los estudios que cursaban, especifican los instrumentos que tocaban e incluso describen la adaptación de su indumentaria.
Por tanto, no estamos ante una interpretación retrospectiva de una fotografía ni ante una presencia circunstancial. La documentación contemporánea permite afirmarlo sin ambigüedad: eran integrantes de la Tuna.
- Y continuaron siéndolo durante la Segunda República
La documentación vuelve a registrar mujeres en la Tuna Madrileña, otra de las denominaciones con las que la prensa se refirió a la Tuna de la Universidad Central de Madrid en 1933. Conviene recordar que Mundo Gráfico publicó una fotografía que acredita su presencia (Mundo Gráfico, Madrid, 8-III-1933), y La Libertad proporcionó los nombres de varias de sus integrantes: Concepción de la Torre, Ofelia Pérez, Carmen Grisoto y Amparo Díaz (La Libertad, Madrid, 2-III-1933, p. 6).
Volvemos a encontrar presencia femenina en 1934 (Mundo Gráfico, Madrid, 7-II-1934) y todavía en 1936, cuando la Tuna de la Universidad Central participó en el carnaval madrileño y una fotografía muestra a una integrante femenina portando el estandarte que la acreditaba como ganadora del Concurso de Estudiantinas, Rondallas y Comparsas (Crónica, Madrid, 1-III-1936, p. 32).
Por tanto, no estamos ante un episodio aislado sino ante la presencia femenina reiteradamente documentada en una Tuna Universitaria española entre 1924 y 1936: doce años de continuidad documental, todos anteriores a la Guerra Civil y al franquismo.
Además, no se trata de una reconstrucción realizada décadas después. Las fotografías publicadas y las noticias citadas proceden de fuentes contemporáneas a la presencia de aquellas mujeres en la agrupación. Son hechos directamente acreditados por fuentes de la época y no el resultado de una interpretación retrospectiva.
La integración femenina en la Tuna Universitaria no puede, por tanto, ser presentada como una reinterpretación contemporánea destinada a acomodar una antigua tradición masculina a los valores sociales actuales. Es un hecho histórico documentalmente acreditado.
- Madrid tampoco fue una excepción absoluta
La documentación proporciona otros ejemplos. En 1932 encontramos a Azucena Touriño, estudiante de Comercio, integrada en la Tuna Escolar Coruñesa (Ondas, n.º 345, 1932; Blanco y Negro, 31-I-1932).
Asimismo, en 1933 encontramos la Estudiantina Castellana, que la prensa describió expresamente como «formada por alumnos de ambos sexos de Salamanca y Madrid». El Heraldo de Madrid documentó su actuación en un concierto celebrado en el parque de Osuna, cuya filmación fue posteriormente incluida en el programa del Cine Bellas Artes de Madrid (El Heraldo de Madrid, 10 y 11-V-1933).
La relevancia de estos casos no reside en que fueran estadísticamente mayoritarios. Su importancia histórica reside en demostrar que la participación conjunta de mujeres y hombres no fue incompatible con la condición de Tuna o Estudiantina.
Esto modifica sustancialmente la interpretación histórica del fenómeno. Si la exclusividad masculina hubiese constituido un elemento esencial e inherente a estas agrupaciones, la documentación no debería mostrarnos tunas y estudiantinas reconocidas como tales en su propio tiempo e integradas conjuntamente por mujeres y hombres. Sin embargo, las documenta.
Por tanto, el predominio histórico de los hombres no puede confundirse con una necesaria exclusividad masculina: la composición exclusivamente masculina no fue una característica universal de las tunas y estudiantinas.
- Predominio masculino no significa exclusión femenina
La documentación permite afirmar que las estudiantinas y tunas universitarias históricas fueron predominantemente masculinas, no que fueran necesariamente masculinas. Son afirmaciones completamente diferentes.
La primera describe una realidad cuantitativa. La segunda atribuye a la tradición una norma constitutiva de exclusión, y la evidencia disponible contradice esta última.
Conviene volver aquí a los datos expuestos anteriormente. La base documental recopilada durante tres lustros para la tesis antes citada encontró nueve estudiantinas exclusivamente femeninas y doce mixtas dentro de las 1.041 agrupaciones cuya composición pudo determinarse antes de la Guerra Civil. No podemos borrar esas veintiuna agrupaciones porque constituyan una minoría estadística. Mucho menos podemos borrar a las mujeres que aparecen identificadas por su nombre en las fuentes.
La Historia no se construye mediante una votación mayoritaria de los documentos. Que un fenómeno sea minoritario no permite negar su existencia ni convertir en universal aquello que fue mayoritario. Un solo caso documentalmente acreditado basta para demostrar que algo ocurrió. Y aquí no tenemos uno: tenemos muchos.
La conclusión es, por tanto, metodológicamente sencilla: mayoritario no significa universal. El predominio masculino constituye un hecho histórico; convertirlo en una necesaria exclusividad masculina supone atribuir a la tradición una característica que la propia documentación desmiente.
- El conflicto de género y el franquismo
La dictadura franquista supuso una profunda transformación de la situación social y jurídica de las mujeres españolas, promoviendo modelos diferenciados para hombres y mujeres. Esta separación alcanzó también al ámbito universitario: mientras los varones quedaron encuadrados en el Sindicato Español Universitario (SEU), las mujeres pasaron a depender de la Regiduría de Sección Femenina del propio Sindicato. La diferenciación por sexos formaba, por tanto, parte de la propia estructura institucional en la que se desenvolvía la vida universitaria.
Las tunas tampoco quedaron al margen de esa reorganización. Aunque desde 1939 estuvieron sometidas de facto, fue La Orden del SEU de 12 de noviembre de 1955 la que sometió formalmente a las Tunas Estudiantiles a una regulación común dentro de la estructura sindical universitaria. La novedad relevante no fue, por tanto, la aparición de reglas, sino la inserción y regulación de las tunas dentro de la estructura institucional del SEU.
El cambio resulta particularmente significativo al compararlo con la documentación anterior a la Guerra Civil ya expuesta. Entre 1924 y 1936 encontramos mujeres integradas en la Tuna de la Universidad Central de Madrid; en 1932, a Azucena Touriño en la Tuna Escolar Coruñesa; en 1933, una Estudiantina Castellana «formada por alumnos de ambos sexos»; y en 1934 la propia prensa todavía describía a la Tuna Universitaria de Madrid como integrada por «señoritas y muchachos».
Por ello resulta históricamente problemático tomar como «tradición secular» una separación de género que la documentación anterior a 1936 demuestra que no había sido absoluta. No se trata de sostener que el franquismo creara el predominio masculino en las tunas: este era muy anterior y está sobradamente documentado. Lo que debemos preguntarnos es cuándo y en qué contexto ese predominio comenzó a transformarse en la consideración de la Tuna como un espacio necesariamente masculino.
Existe, además, una evidencia particularmente expresiva de que esa identificación había penetrado en la cultura popular durante el franquismo. En 1965, un anuncio cinematográfico y televisivo de brandy Soberano incluyó expresamente a la Tuna entre las «cosas de hombres», junto con los toros, las carreras de automóviles y el fútbol. No demuestra por sí solo cómo se produjo aquella transformación, pero sí documenta que, a mediados de la década de 1960, la asociación entre Tuna y masculinidad estaba suficientemente asentada como para resultar inmediatamente reconocible en un mensaje publicitario dirigido al gran público. Fue un reflejo más de aquella sociedad.
Dicho con mayor claridad: la exclusividad masculina consolidada culturalmente durante el franquismo no puede proyectarse retrospectivamente sobre las agrupaciones anteriores y presentarse como una esencia secular de la tradición. Las fuentes anteriores a la Guerra Civil lo impiden y la evidencia posterior lo confirma.
- El encuadramiento de las tunas en la estructura del SEU
Aunque desde 1939 las tunas universitarias habían quedado incorporadas de facto a la estructura del SEU, fue la Orden del SEU de 12 de noviembre de 1955 la que oficializó su reglamentación y estableció su obligatoria integración en dicha estructura. Su importancia para nuestro análisis no reside en la existencia de reglas —algunas estudiantinas habían dispuesto de reglamentos propios mucho antes—, sino en el encuadramiento de todas las tunas dentro de una estructura político-universitaria superior capaz de regular su actividad.
- La presencia de tunas femeninas durante la dictadura franquista
Incluso dentro de aquel contexto encontramos agrupaciones femeninas. Está documentada la Tuna Femenina del Colegio de la Asunción en 1949; la Tuna Femenina del Colegio Mayor Universitario Santo Tomás de Aquino de Oviedo en 1955, 1956 y 1957; la Rondalla Femenina «Las Alegres Estudiantes» del SEU de Barcelona en 1961 —de la que se conserva incluso un disco de 45 rpm—; la Tuna Femenina de Bilbao en 1962 (ABC, 18-XII-1962); además de agrupaciones femeninas en Cádiz, Carabanchel, Barcelona, Ceuta, Coria del Río, Lebrija y otros lugares.
Especialmente revelador resulta que la Tuna Femenina de Barcelona fuera invitada de honor al VII Certamen Nacional de Tunas en 1964 (ABC, Sevilla, 14-IV-1964). Las fotografías y el texto publicados permiten, además, establecer su condición de universitarias.
Estos datos introducen una precisión importante en el argumento anterior. El contexto franquista llegó a favorecer una concepción diferenciada de los espacios de sociabilidad masculina y femenina, pero ni siquiera entonces la identificación entre Tuna y agrupación exclusivamente masculina fue absoluta.
La contradicción con cualquier definición esencialmente masculina de la Tuna resulta evidente. Si una agrupación femenina podía ser reconocida como Tuna e invitada de honor a un Certamen Nacional de Tunas en pleno franquismo, resulta difícil sostener que la condición masculina sea inseparable del concepto de Tuna.
- La expansión de las tunas femeninas desde los años ochenta no apareció de la nada
Este análisis debe relacionarse necesariamente con otro proceso histórico: la creciente incorporación de las mujeres a la Universidad española.
A medida que cambió la Universidad, cambió también la composición de las comunidades capaces de reproducir sus formas de sociabilidad.
Desde la década de 1980 se produjo una importante expansión de tunas femeninas universitarias. La cronología de ese proceso coincide con la ampliación de la presencia femenina en la población universitaria española: las mujeres representaban el 36,7 % del alumnado universitario en 1975, el 44 % en 1980 y el 49,46 % en 1985, hasta convertirse en mayoría en 1990, con el 50,96 % (CIDE, a partir de las estadísticas oficiales de enseñanza universitaria).
La evolución de las tunas femeninas siguió esa misma secuencia temporal: aproximadamente el 5 % de las actualmente registradas en España inició su actividad durante la década de 1980, alrededor del 45 % durante la de 1990 y más del 50 % desde el año 2000.
Por tanto, tampoco estamos ante la «feminización» artificial de una tradición ajena a las mujeres. Estamos ante la incorporación creciente de un sujeto histórico —la estudiante universitaria— cuya presencia en la Universidad había aumentado extraordinariamente y que ya contaba con antecedentes documentados dentro de la propia tradición.
- La realidad contemporánea y la supuesta falta de «consolidación»
El informe que sustenta el manifiesto Somos Tuna. Somos Patrimonio registra 1.045 tunas en 17 países, incluida España, y aproximadamente la mitad son femeninas o mixtas.
Detengámonos en este dato: aproximadamente la mitad. No estamos hablando de una excepción ni de unas pocas agrupaciones creadas recientemente. Estamos hablando de centenares de agrupaciones en las que participan mujeres, bien constituyendo sus propias tunas, bien formando parte de agrupaciones mixtas.
En ellas, las mujeres ingresan, aprenden y transmiten repertorios, enseñan a las nuevas integrantes, organizan viajes, participan en certámenes y preservan indumentarias, símbolos, prácticas, vocabulario, recuerdos y formas de sociabilidad. Es decir, participan activamente en los procesos mediante los cuales esta manifestación cultural se conserva y se transmite de la misma manera que sucede en las tunas de varones.
Existen tunas femeninas activas en Andalucía, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Madrid, Comunidad Valenciana, Canarias, Extremadura, Galicia y País Vasco. Desde 2001 se celebran además encuentros específicos de tunas femeninas. Eso no es una presencia testimonial. Es implantación, continuidad y transmisión.
Y conduce directamente a una de las expresiones empleadas por el Ministerio para justificar el aplazamiento: que la igualdad de género no está «lo suficientemente consolidada».
¿Qué debe entenderse entonces por «suficientemente consolidada»? Esto debería haberse especificado por el Ministerio para que quienes presentaron la propuesta pudieran conocer qué criterio concreto se consideraba incumplido y, por tanto, disponer de la posibilidad de rebatirlo o acreditar su cumplimiento.
- La necesidad de una «mayor perspectiva» debe ser justificada por quien la afirma
Aunque corresponde al Ministerio definir qué entiende por «mayor perspectiva» y explicar qué criterio permitiría considerar que esta se ha alcanzado, conviene recordar que en 2026 han transcurrido 102 años desde la primera presencia femenina que hemos documentado en la Tuna Universitaria de Madrid.
La investigación histórica continúa desvelando la presencia de mujeres en agrupaciones universitarias mixtas anteriores a la Guerra Civil y de tunas femeninas durante el franquismo, a lo que se suma la expansión de las tunas femeninas universitarias desde los años ochenta y la celebración de encuentros de tunas femeninas desde comienzos del siglo XXI.
Todo ello desemboca en una realidad contemporánea internacional en la que aproximadamente la mitad de las 1.045 agrupaciones registradas son femeninas o mixtas.
Si, después de más de un siglo de perspectiva histórica y varias décadas de expansión contemporánea, se considera todavía necesaria una «mayor perspectiva», resulta necesario conocer qué criterio objetivo —temporal, cuantitativo o cualitativo— permitirá determinar cuándo se habrá alcanzado. Y corresponde definirlo a quien lo alega.
Esta es la razón por la que la pregunta formulada el 16 de septiembre sigue siendo pertinente:
¿Cuánto se debe esperar?
¿1 año? ¿5? ¿15? ¿20? ¿50? ¿100?
Ya hemos documentado el primer siglo de presencia femenina en esta tradición universitaria. No obstante, existe una cuestión adicional que no debería olvidarse:
¿Qué ocurrirá con la manifestación cultural que se pretende proteger mientras esperamos?
La pregunta no es gratuita, porque una protección que llega después de la desaparición de aquello que debía salvaguardar deja de cumplir su propia finalidad.
- La supuesta falta de «uniformidad» debe ser definida por quien la afirma
La expresión utilizada para justificar el aplazamiento plantea el mismo problema: se afirma que la igualdad de género «tampoco es uniforme», pero no se precisa qué debe entenderse por «uniforme» ni qué criterio permitiría determinar que esa condición se ha alcanzado.
A esta falta de concreción se añade otro problema: igualdad y uniformidad no significan lo mismo.
Actualmente existen tunas masculinas, femeninas y mixtas. Si la existencia de una tuna integrada exclusivamente por hombres constituye por sí misma un obstáculo para considerar alcanzada la igualdad, habría que determinar qué valoración merece una tuna integrada exclusivamente por mujeres.
¿Constituye también un problema porque excluye a los hombres?
Si se aplicara el mismo criterio, habría que concluir que únicamente las tunas mixtas resultarían compatibles con la igualdad. Ello equivaldría, en la práctica, a exigir que todas las agrupaciones adoptaran una misma forma de organización para que la manifestación cultural pudiera ser reconocida, suprimiendo precisamente la autonomía y diversidad organizativa que históricamente han caracterizado a estas agrupaciones.
La cuestión relevante no debería ser que todas las tunas tengan idéntica composición, sino que mujeres y hombres puedan participar de la manifestación, crear sus propias agrupaciones, integrarse conjuntamente cuando así lo decidan, transmitir sus prácticas y ser reconocidos como legítimos portadores de la tradición.
¡Acreditar la igualdad no puede exigir uniformidad organizativa!
- La mujer no es una invitada en esta tradición
Las mujeres que hoy forman parte de tunas no están llamando a la puerta de una tradición que históricamente perteneciera exclusivamente a los hombres. Forman parte de su historia desde hace algo más de un siglo.
Encontramos mujeres en estudiantinas femeninas de estudios superiores durante los años veinte. Las encontramos integradas con hombres en tunas universitarias antes de la Guerra Civil. Las encontramos identificadas por sus nombres. Sabemos qué instrumentos tocaban. Sabemos incluso cómo se adaptó la indumentaria para ellas. Las encontramos nuevamente en agrupaciones femeninas durante el franquismo. Las encontramos protagonizando la expansión de las tunas femeninas universitarias desde los años ochenta. Y las encontramos hoy formando parte de centenares de tunas femeninas y mixtas en numerosos países.
Por eso resulta particularmente acertada la afirmación contenida en el manifiesto:
«La mujer no ocupa el lugar de invitada: es heredera de la Tuna y agente activo de su evolución».
No se trata solamente de una declaración de principios. La documentación histórica la respalda.
- La «falta de consolidación de la igualdad» debe ser demostrada por quien la afirma
Afirmar que la igualdad de género no está «lo suficientemente consolidada» en la manifestación cultural considerada en su conjunto exige explicar qué se entiende por consolidación y establecer algún criterio objetivo que permita determinarla.
Ese análisis debería tener en cuenta simultáneamente la existencia histórica de estudiantinas femeninas; las tunas universitarias mixtas anteriores a 1936; las mujeres documentadas nominalmente dentro de ellas; las tunas femeninas documentadas durante el franquismo; las tunas femeninas universitarias consolidadas desde los años ochenta; las actuales tunas mixtas; y los centenares de tunas femeninas que forman parte de la realidad internacional contemporánea.
De lo contrario, no resulta posible conocer qué hechos permitirían considerar alcanzado en el futuro el grado de consolidación que ahora se considera insuficiente.
- El reconocimiento patrimonial no puede confundirse con la aprobación de todas las prácticas internas de las tunas
El aplazamiento comunicado el 14 de septiembre plantea finalmente una cuestión que trasciende la interpretación histórica de la Tuna. Si su eventual reconocimiento queda condicionado a que la igualdad de género esté «suficientemente consolidada», sea «uniforme» y pueda valorarse con «mayor perspectiva», resulta necesario conocer qué hechos permitirán considerar cumplidas esas condiciones y, por tanto, superar el aplazamiento.
En estas consideraciones he expuesto una serie de datos históricos y contemporáneos que permiten valorar el grado de incorporación de las mujeres a esta tradición y su evolución hasta el presente.
Si todo ello todavía no permite considerar suficientemente consolidado el proceso, corresponde al Ministerio determinar y fundamentar documentalmente qué deberá suceder para que llegue a estarlo. ¿Será necesario esperar un determinado número de años? ¿Alcanzar un porcentaje concreto de tunas femeninas o mixtas? ¿Que desaparezcan las tunas exclusivamente masculinas? ¿También las exclusivamente femeninas? ¿Que todas las agrupaciones sean mixtas? Mientras esas preguntas carezcan de respuesta, quienes han promovido el reconocimiento no pueden saber qué condición deben acreditar para que el aplazamiento deje de estar justificado.
El problema no es únicamente temporal. Solicitar «mayor perspectiva» sin establecer cuánta perspectiva se considera necesaria, reclamar una igualdad «suficientemente consolidada» sin determinar qué grado de consolidación se exige y señalar que esta «tampoco es uniforme» sin definir qué debe entenderse por uniformidad convierte unas condiciones aparentemente verificables en condiciones cuyo cumplimiento no puede comprobarse objetivamente.
Esto adquiere especial relevancia cuando aquello cuyo reconocimiento se aplaza es precisamente una manifestación cultural que se pretende salvaguardar. El tiempo de espera no es necesariamente neutro. Las transformaciones de la Universidad, de las formas de sociabilidad estudiantil y de los modos de transmisión cultural que justifican la necesidad de protección continúan produciéndose mientras se demora la decisión. Aplazar por tiempo indefinido el reconocimiento hasta que se alcance una condición no definida por quien la exige puede terminar comprometiendo aquello que precisamente se pretende proteger.
Por ello, la pregunta formulada por el grupo promotor el 16 de septiembre —«¿Cuánto tiempo se ha de esperar?»— no constituye únicamente una expresión de impaciencia ante la demora. Es una pregunta que afecta directamente a la posibilidad de conocer y cumplir las condiciones señaladas para reconsiderar el reconocimiento.
No puede exigirse el cumplimiento futuro de unas condiciones cuya definición, criterios de valoración y umbral de cumplimiento no han sido determinados por quien los reclama. Mientras estos elementos no se precisen, el aplazamiento carece de un horizonte objetivo que permita conocer cuándo dejarán de concurrir las circunstancias invocadas para justificarlo y qué medidas podrían adoptarse para satisfacer las condiciones exigidas y hacer posible el reconocimiento.
Las consideraciones anteriores no parten de una interpretación teórica sobre cuál debería ser la relación entre la mujer y la Tuna Universitaria, sino de los resultados obtenidos a partir de la documentación histórica examinada durante los últimos dieciséis años de investigación histórica, iniciada con el nacimiento de las estudiantinas decimonónicas durante el periodo isabelino y sustentada en la documentación de cada una de las etapas posteriores de su evolución. Los principales hallazgos que sustentan las conclusiones de este trabajo son los siguientes:
- La documentación histórica demuestra que la composición exclusivamente masculina nunca fue universal entre las estudiantinas y tunas.
La existencia documentada de agrupaciones femeninas y mixtas impide convertir la exclusividad masculina en una característica histórica necesaria de la manifestación.
- La participación femenina en esta forma de sociabilidad estudiantil está documentada desde hace más de un siglo.
Las mujeres se incorporaron masivamente a esta tradición estudiantil a partir de finales del siglo XX, aunque ya participaban en ella durante las últimas décadas del siglo XIX y primer tercio de XX. Esta presencia debe valorarse, además, en el contexto de las restricciones que afectaban al acceso femenino a los estudios universitarios, que no quedó libre hasta la Real Orden de 11 de junio de 1910.
- La documentación demuestra, además, que mujeres y hombres formaron conjuntamente parte de tunas universitarias antes de la Guerra Civil.
No fueron acompañantes ni fruto de una interpretación retrospectiva de fotografías: las fuentes contemporáneas las documentan como integrantes de estas agrupaciones.
- La presencia femenina en la Tuna de la Universidad Central no constituyó un episodio aislado.
Existe una continuidad documental de doce años, entre 1924 y 1936, completamente anterior al franquismo.
- Madrid tampoco constituye el único antecedente documentado de participación conjunta de mujeres y hombres.
La integración de mujeres y hombres no fue incompatible con la condición de Tuna o Estudiantina en la España anterior a la Guerra Civil.
- El franquismo constituye un punto de inflexión que debe tenerse en cuenta para interpretar la posterior identificación cultural entre Tuna y masculinidad.
La identificación entre Tuna y masculinidad consolidada durante aquel periodo no puede proyectarse retrospectivamente sobre una tradición cuya documentación previa a 1936 acredita la participación femenina.
- Ni siquiera durante el franquismo desaparecieron las tunas femeninas.
Por consiguiente, tampoco puede sostenerse una equivalencia absoluta entre Tuna y agrupación masculina durante la dictadura.
- La expansión contemporánea de las tunas femeninas siguió cronológicamente a la incorporación masiva de las mujeres a la Universidad.
La expansión de las tunas femeninas no precedió a la incorporación masiva de las mujeres a la Universidad: fue consecuencia de ella y se produjo a medida que apareció la base universitaria femenina capaz de crearlas y sostenerlas.
- La realidad contemporánea confirma que la participación femenina ha dejado hace mucho de ser testimonial.
La presencia de mujeres presenta actualmente continuidad, implantación territorial, transmisión intergeneracional y dimensión internacional.
- El conjunto de estos hallazgos obliga a distinguir históricamente entre predominio masculino y exclusividad masculina.
Que las agrupaciones masculinas hayan sido históricamente mayoritarias no permite convertir esa mayoría en esencia de la manifestación ni hacer desaparecer de su historia a las mujeres y agrupaciones femeninas o mixtas que las propias fuentes primarias documentan.
- Los datos históricos y contemporáneos examinados tampoco permiten identificar igualdad con uniformidad organizativa.
La tradición presenta y ha presentado configuraciones masculinas, femeninas y mixtas. La posibilidad histórica y actual de que mujeres y hombres creen, integren, transmitan y transformen esta manifestación no exige que todas sus agrupaciones adopten una composición idéntica. Hacer de la uniformidad una condición de igualdad requeriría explicar, además, por qué una agrupación exclusivamente masculina sería incompatible con ella y una exclusivamente femenina no, o concluir que únicamente las agrupaciones mixtas podrían considerarse compatibles con la igualdad.
- Los datos expuestos no permiten determinar qué circunstancia adicional debería producirse para que la igualdad de género pudiera considerarse «suficientemente consolidada», «uniforme» o susceptible de ser valorada con «mayor perspectiva».
Han transcurrido 102 años desde la primera presencia femenina que hemos podido documentar en la Tuna de la Universidad Central de Madrid; existen antecedentes femeninos y mixtos anteriores a la Guerra Civil; se documentan tunas femeninas durante el franquismo; su expansión acompaña a la incorporación masiva de las mujeres a la Universidad y, en la actualidad, aproximadamente la mitad de las 1.045 agrupaciones registradas internacionalmente son femeninas o mixtas. Si esta evidencia se considera todavía insuficiente, corresponde a quien exige esa mayor consolidación determinar qué elemento adicional, qué periodo temporal o qué umbral objetivo permitiría considerarla suficiente, de modo que los promotores de la iniciativa puedan conocer qué deben acreditar para hacerla prosperar.
A la luz de la documentación expuesta, no encuentro fundamento histórico para considerar la desigualdad de género una característica definitoria de la Tuna Universitaria ni para interpretar la presencia de las mujeres como una incorporación reciente ni ajena a su tradición. Los hallazgos anteriormente relacionados muestran una evolución histórica incompatible con ambas interpretaciones.
Los hallazgos expuestos permiten afirmar que el predominio histórico masculino no equivale a exclusividad masculina; que la participación de las mujeres no constituye una incorporación reciente a la manifestación; y que la diversidad actual de tunas masculinas, femeninas y mixtas forma parte de la evolución histórica de una tradición estudiantil viva.
Desde esta perspectiva, entiendo que los datos históricos examinados no permiten fundamentar el aplazamiento del reconocimiento patrimonial de la Tuna Universitaria en una supuesta insuficiente consolidación de la igualdad de género. Quien sostiene esa insuficiente consolidación debería haber establecido previamente los criterios objetivos, el periodo temporal y el umbral que permitieran determinar cuándo dicha igualdad puede considerarse «suficientemente consolidada», «uniforme» y susceptible de ser valorada con «mayor perspectiva».
Murcia, a 4 de octubre de 2026.
Félix O. Martín Sárraga
Doctor en Historia


