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No todos los integrantes de las cuadrillas que 'corrían la tuna' en el siglo XVIII eran estudiantes

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Félix O. Martín Sárraga


Vicente de la Fuente (1), bibliotecario de la Universidad Central de Madrid en 1880 (2), cita un manuscrito sin título conocido del bachiller Sotanillas (Alcalá de Henares, finales del siglo XVIII) (3) del que refleja datos muy interesantes de las cuadrillas quecorrían la tuna.

Publicaba en dicha fecha:

Eramos siete los que salimos de Alcalá con dos guitarras, clarinete y violín, pandereta y un salterio, que servia mas para llamar la atención a los patanes, que de armonía, pues apenas tenia cuerdas. Yo tocaba mi guitarra punteada, y en la otra rasgaba uno que llamábamos Pocosebo. La pandereta la tocaba Ruleta (el partícipe de mis calzones), y llevábamos de postulante á uno que se llamaba el Romo que, aunque no tenia estudios, podia graduarse de doctor en gramática parda. Escepto este, todos los demás éramos personas decentes, solo que habíamos venido á menos. Con todo, teníamos que valemos de él porque era de mucha travesura y bastante desvergonzado aunque oportunísimo y de felices ocurrencias, cualidades todas muy necesarias en un buen postulante, que viene á ser el alma de la compañía. Pero por otra parte era tan sisón, que parecía haber estudiado con algún dispensero, de modo que cuando íbamos á entrar en algún pueblo de consideración, subastábamos la limosna, y el que mas pujaba hacía de postulante, y se quedaba con todo lo que recogía, después de entregar al fondo común el tanto en que se habia convenido.

Este párrafo nos aporta varios datos que, con las debidas precauciones, indican:

a) Que no todos los integrantes de las cuadrillas que corrían la tuna a finales del siglo XVIII eran estudiantes ni personas tenidas entonces como “decentes”.

b) Que entonces los estudiantes utilizaban el carácter extrovertido y desvergonzado de personas ajenas a instituciones académicas para que actuaran como postulantes (y aprovechar esta cualidad recaudar más dinero).

c) Que había hurtos de la limosna recogida en el seno de dichas cuadrillas (sisón = “que sisa frecuentemente"; "sisa = parte que se defrauda o se hurta") (4).

d) Que usaban motes, lo que facilitaba evitar ser encontrados tras los hurtos.

e) Que, para evitar hurtos de lo recaudado, se recurría a subastar la limosna antes de iniciar su recolecta (pactaban una cantidad mínima que se quedaría el postulante y el resto se repartiría entre los demás de la cuadrilla).

También de dicha cita se desprende que la variedad instrumental era escasa, con predominio de instrumentos de cuerda, pero eso es tema para otro cantar.

Estudiantes de la tuna grabado de Dore - Le Tour du Monde 1862 

Estudiantes de la tuna, grabado de Gustave Dore - Le Tour du Monde, 1862

Del mismo año es otro artículo (5) firmado por Giménez Serrano que decía que de 4 "estudiantes de la tuna", 3 eran barberos, con lo cual reforzamos el primer comentario anterior: las escasas cuadrillas que pudieron correr la tuna en los años anteriores a la publicación de estos dos artículos no estaban conformadas, ni siquiera mayoritariamente, por estudiantes ni personas tenidas entonces como “decentes”.

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Fuentes:

  1. Vicente de la Fuente. Costumbres estudiantinas. La Tuna. Semanario pintoresco español, nº 19; pp. 149-152. 08-05-1842.
  2. Antonio L. Morán Saus, José M. García Lagos y Emigdio Cano Gómez. Cancionero de estudiantes de la tuna. pp 87. Ediciones Universidad de Salamanca. 2003.
  3. Boletín Histórico, pp. 10; 1880.
  4. Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. http://lema.rae.es/drae/?val=cané 2012.
  5. Semanario Pintoresco Español. 30-01-1848.

Publicación: 10/11/12          Actualización: 30/01/16