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De 1611 a 1936, un largo camino para hablar de la sopa conventual

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Félix O. Martín Sárraga


Vivimos en un mundo en el que la gente  no prodiga la paciencia ni la lectura, en el que todo ha de obtenerse de inmediato y nadie tiene presente la evolución semántica de los vocablos. En 2015 ya lo hicimos con tuna, ahora lo hacemos con las apariciones en los diccionarios de cualquier asiento que sea referente o relacionado con la sopa antaño repartida al mediodía a las puertas de los conventos y obras pías hasta el inicio de la Guerra Civil española.

Sabemos que para que un nuevo vocablo o expresión aparezca en los diccionarios antes ha de haber sido de uso generalizado en los años o lustros anteriores. Por ello no nos extraña que Miguel de Cervantes Saavedra, al publicar en 1605 la primera parte de "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha" ya contemplara la sopa como alimento de los escolares pobres (1):

«Digo, pues, que los trabajos del estudiante son éstos: principalmente pobreza no porque todos sean pobres, sino por poner este caso en todo el extremo que pueda ser; y en haber dicho que padece pobreza me parece que no había que decir más de su mala ventura; porque quien es pobre no tiene cosa buena. Esta pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya en frío, ya en desnudez, ya en todo junto; pero, con todo eso, no es tanta, que no coma, aunque sea un poco más tarde de lo que se usa; sea de las sobras de los ricos, que es la mayor miseria del estudiante este que entre ellos llaman andar a la sopa; y no les falta algún ajeno brasero o chimenea, que, si no calienta, a lo menos, entibie su frío, y, en fin, la noche duermen debajo de cubierta. No quiero llegar a otras menudencias, conviene a saber, de la falta de camisas y no sobra de zapatos, la raridad y poco pelo del vestido, ni aquel ahitarse con tanto gusto, cuando la buena suerte les depara algún banquete».

sopa de panCervantes ya menciona que la miseria del escolar pobre le obliga a acudir a la sopa, pero no especifica ni el significado de la palabra ni dónde se repartía. Por eso, partiendo de una novela, nos dispusimos a buscar los notarios del significado de todas las palabras a lo largo del tiempo: los diccionarios. De esta manera encontramos la primera alusión a la sopa en la obra de Nebrija cuando, sobre 1495, asienta "Sopa de pan" (imagen) y "sopa pequeña" sin significado alguno. Las mismas palabras aparecen de modo similar en el Vocabulario de Fray Pedro de Alcalá en 1505 (3).

En 1561 Nebrija elimina uno de sus dos asientos, dejando únicamente "Sopa de pan" (4). Cristóbal de las Casas es más parco en 1570 pues sólo contempla "Sopa" (5), al igual que luego reflejara Percival en 1591 (6), Palet en 1604 (7) y Oudin en 1607 (8).

Hemos de esperar hasta 1609 para hallar alguna variedad en vocablos alusivos a la sopa. Así el "Tesoro de las tres lenguas" de Vittori contempla el vocablo "Sopa, soupe, suppa o cena"  (9). Luego Covarrubias aporta en 1611 aporta una definición (10): 

«Sopa. Lat. o∫∫a panis, porq quitada la S. queda oppa, y la π buelta en φ haze o∫∫a. Algunos deduce e∫te nombre a ∫opore q es el rocio q cae del celebro en los ∫entidos y empapándo∫e en ellos los adormece. Otros de ∫ub oirque echada la ∫opa [sopa] en el caldo y calándole del, ∫e [se] va a lo hondo de la e∫cudilla [escudilla]...».

Vea el lector que a principios del siglo XVII "sopa" era el contenido que se echaba al caldo, no el conjunto del plato. Por ello en las primeras definiciones aparece lo de "olla panis" porque este alimento tenía entonces como único sólido los mendrugos de pan (la "sopa") que se ablandaban al incorporarlos a un caldo... era lo que Nebrija en 1495 llamó "sopa de pan".

En el mismo año Francisco del Rosal aporta otra versión al decir "Sopa. Propria y primeramente era Pulpa de carne o de otra qualquiera cosa así aderezada o guisada, del Griego 'Opsopoieo', guisar de comer, aderezar pulpas o carnes o cosas semejantes; y 'Opsoponos' es el pastelero, cozinero o figón de donde el Latino tomó el verbo 'Opsonan' como 'Opsonari', que significa comprar de comer, y entiéndese comida guisada, y 'Opsonium' es la comida de carnes" (11).

En la misma década Minsheu vuelve en 1617 a la única cita de "Sopa. O∫∫a panis" (12) y Francioscini nos amplía en 1620 al decir "Sopa. zuppa, s'intende comunemente il pane bagnato e inzuppato in brodo" ["se entiende comúnmente al pan bañado y empapado en caldo"] y añade la expresión "Yr a la sopa" para significar "∫i dice de baròni o birboni, e poueracci, che vanno à Coventi e Monasteri a aiutar finire o mangiare la zuppa o il brodo, composto di tante cose che non ∫i conofce qual ∫ia ∫tata la ∫ua prima materia, ma la fame ∫a, che non badino a tanta curiofitá" (13) [se dice de varones o bribones, y pobres, que van a Conventos y Monasterios para ayudar a terminar o comer la sopa o el caldo hecho de muchas cosas de las que no se sabe cuál era su materia principal, pero el hambre no presta atención a tanta curiosidad].

Como ven, la primera asociación de un caldo con "tropezones" ofrecido en Conventos y Monasterios y al que recurren los hombres o bribones y pobres data de principios del siglo XVII.

Más adelante, en 1670, Mez de Braidenbach sólo añade "Sopa" a su Diccionario (14), al igual que Henríquez en su "Thesaurus" (15) y Sobrino en 1705 (16). Al año siguiente Stevens publica "Sopa, a Sop". Blouteau sólo recogió el vocablo "Sopa" en su Diccionario de 1721 (17), no siendo hasta 1739 que aparece en el Diccionario de la Real Academia Española que de dice (18):

«Sopa. Pedazo de pan empapado en qualquier licor. Covarr. ∫e [se] inclina a que viene del latino 'O∫∫a', mudada la ∫∫ en ρ (como se suele hacer) y a∫si ∫e dixo 'pa', y añadida la ∫ sopa......

Sopa. Se toma también por el pan cortado y de∫menuzado que ∫e echa en el caldo o e∫stá di∫uelto y preparado para echár∫ele. Dícele comúnmente ∫opas....

Sopa. Se llama el plato compue∫to de pan y caldo, que ∫e ∫aca a la mesa en lugar del caldo...

Sopa. En sentido cortesano ∫e llama toda la vianda que ∫ale a la mesa, y así ∫e dice para convidar a alguna persona o personas: Vengan u∫tedes conmigo a comer la ∫opa....

Sopa. Significa también la comida que dan a los pobres en los Conventos por ∫er la mayor parte de ella pan y caldo....».

Es pues en 1739 cuando se vincula a los Conventos el reparto a los pobres de un alimento en el que predominaba el pan (las sopas) dentro de un caldo. Esta definición se mantiene igual o muy similar en las ediciones del Diccionario de la Real Academia Española publicadas en 1780 (19), 1783 (20), 1791 (22), 1803 (23), 1817 (24), 1822 (25), 1832 (27), 1837 (28), 1843 (30), 1852 (32), así como en los diccionarios de Núñez de Taboada de 1825 (26), Salvá de 1846 (31), Domínguez de 1853 (33), Gaspar y Roig de 1855 (34).

Sopa boba color el el Convento San Diego de Alcala Bartolome MurilloSan Diego de Alcalá dando de comer a los pobres. Óleo de Murillo.
Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Resulta muy interesante lo aportado por de Terreros y Pando, que además de las acepciones de "pan empapado en algún licor" y "pan empapado o embebido en caldo", menciona connotaciones importantes (21):

«Sopa. Se toma por toda comida del mediodía.... Lat. 'Prandium'... Quédese vm. [vuesa merced] a comer la sopa

Sopa, la comida que dan en los Conventos a los pobres....

Ir a la sopa, ser mendigo, mendigar yendo a los Conventos a comer».

 Pero no es hasta el Suplemento publicado en 1837 por la RAE en que aparece la expresión "Sopa boba", aunque no vinculada a los conventos sino como sinónimo de comer a costa de los demás (29):

«Sopa boba (estar a la) o a la olla boba de alguno. Mantenerse a costa de otro comiendo en su casa, sin servicio ni ocupación en ella».

En 1869 la Real Academia Española publica acepciones similares a las incluidas en su diccionario de 1851 y añade entre las definiciones de sopa: "por sinécdoque, la comida principal; v. gr. [verbi gratia]: comerá V. la sopa con nosotros, o la completa manutención; y así se dice: en tal casa me dan la sopa" (35). Curiosamente en su siguiente edición (1884) retiró este significado y añadió (36): 

«A la sopa boba. loc. adv. fig. y fam. Comiendo o regalándose a costa ajena.

Andar a la sopa. fr. Mendigar la comida de casa en casa o de convento en convento».

Elías Zerolo en su Diccionario enciclopédico de 1895, sobre la sopa conventual dice: "comida que dan a los pobres en los conventos, por ser la mayor parte de ella pan y caldo. 'Y si tanta prisa tenéis, yo me voy a la sopa a San Jerónimo' (Quev)" [Quevedo] (37). La cita completa realmente decía (38):

«Y si tanta prisa tenéis, yo me voy a la sopa de San Jerónimo, adonde hay aquellos frailes de leche como capones, y allí haré el buche. Si vos queréis seguirme, venid, y si no, cada uno a sus aventuras...».

Quevedo en dicho párrafo da a entender que, como los frailes del Convento de San Jerónimo estaban gordos como gallos castrados (capones), esperaba que la sopa ofrecida por ellos le harían engordar (hacer buche). 

En 1899 la Real Academia Española incluyó en su diccionario similares definiciones que las publicadas en 1869 (39) y 1914 (41), mientras que Miguel de Toro y Gómez en 1901 (40), Alemany y Bolufer en 1917 (42) y Rodríguez Navas y Carrasco en 1918 (43) publicaban similares definiciones.

En 1925, además de acepciones similares, el diccionario de la RAE vuelve a publicar la frase "Andar a la sopa" como sinónimo de "mendigar la comida de casa en casa o de convento en convento" (44). Finalmente es en la edición de 1927 cuando la RAE separa la anterior definición de "comida que dan a los pobres en los conventos, por ser la mayor parte de ella pan y caldo" (44) y la sustituye por "Sopa boba. Sopa que dan a los pobres en los conventos. fig. [figuradamente] Vida holgazana y a expensas de otrol Comer la sopa boba. Andar a la sopa boba" (45).

En 1931 la definición de sopa boba de Aniceto de Pagés fue la quinta del vocablo (46) coincidiendo en el ordinal con el diccionario de la RAE de 1936, que mantiene definiciones similares al de su edición anterior (47). 

Con este análisis semántico se hace nuevamente evidente que no se pueden aplicar los significados actuales a las palabras de siglos anteriores: 

- Sopa era el contenido, mendrugos de pan, que se añadía a un caldo (1561 en adelante).

- Ir a la sopa se decía de los varones o bribones, y pobres, que van a Conventos y Monasterios para ayudar a terminar o comer la sopa o el caldo (1617).

- Sopa, en sentido cortesano se llamaba en 1739 a toda la comida que sale a la mesa. Significaba también la comida que dan a los pobres en los Conventos por ser la mayor parte de ella pan y caldo (primer vínculo con la sopa conventual).

- En 1788 "sopa" fue sinónimo de toda comida del mediodía añadiéndose también que la expresión Ir a la sopa significaba ser mendigo, mendigar yendo a los Conventos a comer.

- La primera vez que aparece la expresión "sopa boba" en un diccionario es en 1837, pero como sinónimo de comer a costa de los demás.

- En 1851 se publicó que "sopa" era la comida principal del día y apareció la primera referencia a la sopa boba en dos expresiones:

A la sopa boba: Comer o regalare a costa ajena.

Andar a la sopa:  Mendigar la comida de casa en casa o de convento en convento.

 - Es en 1927 cuando la RAE cambia definición de sopa como comida que dan a los pobres en los conventos, por se la mayor parte de ella pan y caldo y la sustituye por "Sopa boba. Sopa que dan a los pobres en los conventos. fig. [figuradamente] Vida holgazana y a expensas de otro. Comer la sopa boba. Andar a la sopa boba"

 Con ello se puede afirmar que, para la comprensión de los textos de antaño y no sacarlos de contexto al aplicar a las palabras significados actuales, es IMPRESCINDIBLE consultar los diccionarios de la época en la que se publicaron.

 

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Fuentes:

  1. DE CERVANTES SAAVEDRA, MIGUEL. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. 1605. Vista el 23/05/20
  2. NEBRIJA, ANTONIO DE. Vocabulario español-latino. Salamanca. Impresor de la Gramática castellana, ca. 1495. Pag. 183.
  3. DE ALCALÁ, FRAY PEDRO.Vocabulista arávigo en letra castellana. En Arte para ligeramente saber la lengua aráviga. Granada. Juan Varela, 1505. Pag. 473.
  4. DE NEBRIJA, ANTONIO. Vocabulario de romance en latín hecho por el doctíssimo maestro Antonio de Nebrissa nuevamente corregido y augmentado más de diez mill vocablos de los que antes solía tener. Sevilla.  Juan Varela de Salamanca, 1516. Pag. 138.
  5. DE LAS CASAS, CRISTÓBAL. Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana. Sevilla. Francisco de Aguilar y Alonso Escribano,1570.Pag. 167.
  6. PERCIVAL, RICHARD. Bibliothecae Hispanicae pars altera.Containing a Dictionarie in Spanish, English and Latine. Londres. John Jackson y Richard Watkins, 1591. Pag. 168.
  7. PALET, JUAN. Diccionario muy copioso de la lengua española y francesa [...]. Dictionaire tres ample de la langue espagnole et françoise. París. Matthieu Guillemot,1604. Pag. 282.
  8. OUDIN, CÉSAR. Tesoro de las dos lenguas francesa y española. Thresor des deux langues françoise et espagnolle. París.
    Marc Orry, 1607. Pag. 484.
  9. VITTORI, GIROLAMO. Tesoro de las tres lenguas francesa, italiana y española. Thresor des trois langues françoise, italienne et espagnolle. Ginebra. Philippe Albert & Alexandre Pernet, 1609. Pag. 565.
  10. DE COVARRUBIAS, SEBASTIÁN. Tesoro de la lengua castellana o española. Madrid. Luis Sánchez, 1611. Pags. 1269-70.
  11. DEL ROSAL, FRANCISCO. Origen y etymología de todos los vocablos originales de la Lengua Castellana. Obra inédita de el Dr. Francisco de el Rosal, médico natual de Córdova, copiada y puesta en claro puntualmente del mismo manuscrito original, que está casi ilegible, e ilustrada con alguna[s] notas y varias adiciones por el P. Fr. Miguel Zorita de Jesús María, religioso augustino recoleto. 1611. Pag. 539.
  12. MINSHEU, JOHN. Vocabularium Hispanicum Latinum et Anglicum copiossisimum, cum nonnullis vocum millibus locupletatum, ac cum Linguae Hispanica Etymologijs [...]. Londres. Joanum Browne, 1617. Pag. 161.
  13. FRANCIOSINI FLORENTÍN, LORENZO. Vocabolario español-italiano, ahora nuevamente sacado a luz [...]. Segunda parte. Roma. Iuan Pablo Profilio, a costa de Iuan Ángel Rufineli y Ángel Manni, 1620. Pag. 690.
  14. MEZ DE BRAIDENBACH, NICOLÁS. Diccionario muy copioso de la lengua española y alemana hasta agora nunca visto, sacado de diferentes autores [...]. Viena, Juan Diego Kürner,1670. Pag. 258.
  15. HENRÍQUEZ, BALTASAR. Thesaurus utriusque linguae hispanae et latinae. Matriti, Ioannis Garcia Infançon, 1679. Pag. 419.
  16. SOBRINO, FRANCISCO. Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa. Bruselas. Francisco Foppens,1705. Pag. 337.
  17. BLUTEAU, RAPHAEL. Diccionario castellano y portuguez para facilitar a los curiosos la noticia de la lengua latina, con el uso del vocabulario portuguez y latino [...] (1716-21). Lisboa. Pascoal da Sylva, 1721. Pag. 146.
  18. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua [...]. Compuesto por la Real Academia Española. Tomo sexto. Que contiene las letras S.T.V.X.Y.Z. Madrid .
    Imprenta de la Real Academia Española, por los herederos de Francisco del Hierro. 1739. Pag. 154.
  19. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española, reducido a un tomo para su más fácil uso. Madrid. Joachín Ibarra. 1780. Pag. 851.
  20. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española, reducido a un tomo para su más fácil uso. Segunda edición, en la qual se han colocado en los lugares correspondientes todas las voces del Suplemento, que se puso al fin de la edición del año de 1780, y se ha añadido otro nuevo suplemento de artículos correspondientes a las letras A, B y C. Madrid. Joachín Ibarra. 1783. Pag. 866.
  21. DE TERREROS Y PANDO, ESTEBAN. Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana [...]. Tomo tercero (1767). Madrid, Viuda de Ibarra, 1788. pag. 528.
  22.  Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española, reducido a un tomo para su más fácil uso. Tercera edición, en la qual se han colocado en los lugares correspondientes todas las voces de los suplementos, que se pusieron al fin de las ediciones de los años de 1780 y 1783, y se han intercalado en las letras D.E. y F. nuevos artículos, de los quales se dará un suplemento separado. Madrid. Viuda de Joaquín Ibarra. 1791. pag. 775.
  23. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española, reducido a un tomo para su más fácil uso. Quarta edición. Madrid. Viuda de Ibarra. 1803. Pag. 805.
  24. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Quinta edición. Madrid .
    Imprenta Real. 1817. pag. 813.
  25. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Sexta edición. Madrid .
    Imprenta Nacional. 1822. Pags. 769-70.
  26. NÚÑEZ DE TABOADA, M. Diccionario de la lengua castellana, para cuya composición se han consultado los mejores vocabularios de esta lengua y el de la Real Academia Española, últimamente publicado en 1822; aumentado con más de 5000 voces o artículos que no se hallan en ninguno de ellos, 2 vols. París. Seguin, 1825. Pag. 1412.
  27. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Séptima edición. Madrid .
    Imprenta Real. 1832. Pag. 698.
  28. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Octava edición. Madrid .
    Imprenta Nacional. 1837. Pag. 698.
  29. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Octava edición. Suplemento. Madrid. Imprenta Nacional. 1837. pag. 791.
  30. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Novena edición. Madrid .
    Imprenta de D. Francisco María Fernández. 1843. Pag. 676.
  31. SALVÁ, VICENTE. Nuevo diccionario de la lengua castellana, que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas [...]. París, Vicente Salvá, 1846. pag. 1012.
  32. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Décima edición. Madrid .
    Imprenta Nacional. 1852. Pag. 649.
  33. DOMÍNGUEZ, RAMÓN JOAQUÍN. Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española (1846-47). Madrid-París. Establecimiento de Mellado, 1853, 5ª edición. 2 vols. Pag. 1566.
  34. GASPAR Y ROIG. Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig. Diccionario enciclopédico de la lengua española, con todas las vozes, frases, refranes y locuciones usadas en España y las Américas Españolas [...] Tomo II. Madrid, Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, editores, 1855. Pag. 1130.
  35. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Undécima edición. Madrid .
    Imprenta de Don Manuel Rivadeneyra. 1869. pag. 722.
  36.  Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Duodécima edición. Madrid. Imprenta de D. Gregorio Hernando. 1884. Pag. 989.
  37. ZEROLO, ELÍAS. Diccionario enciclopédico de la lengua castellana. París, Garnier hermanos, 1895. Pag. 1872.
  38. DE QUEVEDO VILLEGAS, F. Historia de la vida del buscón. 1626. Visto el 25-05-2020.
  39. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Décimatercia edición.
    Madrid. Imprenta de los Sres. Hernando y compañía. 1899. Pag. 927.
  40. DE TORO Y GÓMEZ, MIGUEL. Nuevo diccionario enciclopédico ilustrado de la lengua castellana. París - Madrid,
    Librería Armand Colin - Hernando y Cía., 1901. Pag. 766.
  41. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española. Décimocuarta edición.
    Madrid. Imprenta de los sucesores de Hernando. 1914. Pag. 952.
  42. ALEMANY Y BOLUFER, JOSÉ. Diccionario de la Lengua Española. Barcelona, Ramón Sopena, 1917. Pag. 1533.
  43. RODRÍGUEZ NAVAS Y CARRASCO, MANUEL. Diccionario general y técnico hispano-americano. Madrid, Cultura Hispanoamericana, 1918. Pag. 1676.
  44. Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. Décima quinta edición. Madrid. Calpe. 1925. Pag. 1128.
  45. Real Academia Española. Diccionario manual e ilustrado de la lengua española. Madrid. Espasa-Calpe. 1927. Pag. 1807.
  46.  DE PAGÉS, ANICETO. Gran diccionario de la lengua castellana, autorizado con ejemplos de buenos escritores antiguos y modernos [...]. Continuado y completado por José Pérez Hervás. Tomo quinto. Barcelona, Fomento comercial del libro, sin año [pero 1931]. Pag. 259.
  47. Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. Décima sexta edición. Madrid. Espasa-Calpe. 1936. Pag. 1175. 

 


Publicación: 25/05/20