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El último manteísta, primera novela histórica de una trilogía

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Félix O. Martín Sárraga

 

 

La sensación de hallarme en el horizonte documental de las fuentes primaria relacionadas con la historia sobre el origen y evolución de la tuna universitaia me ha llevado a considerar irrumpir en el ámbito de la novela histórica. 

El último manteísta, novela histórica¿Qué ha influido en ello? La lamentable escasa afición de un sector de tunos que no se sienten interesado en artículos de historia y, por contra, buena parte de ellos leen cómics. Quizás esta afición pudiera hacerles considerar leer una novela histórica como las tres que ahora me he propuesto escribir antes de abandonar definitivamente mis investigaciones en esta parcela de la historia.

En El último manteísta partimos de una pregunta: ¿qué significaba ser estudiante cuando ingresar en la Universidad suponía abandonar el hogar, vestir sotana y manteo y someterse a normas, ceremonias y jerarquías hoy desaparecidas?

Esta novela nos conduce a la Salamanca universitaria del siglo XIX a través de los recuerdos de Ginés Nicolás, un anciano que relata a su nieto los años en que llegó a la ciudad para estudiar Leyes. Allí conoció a Curro, sevillano ingenioso y leal, y a Alonso de la Parra, heredero de un mundo social muy distinto al suyo. Entre aulas, mesones, disputas académicas, estrecheces económicas, novatadas y ceremonias de grado, los tres aprenderán que la Universidad enseña mucho más que aquello que contienen los libros.

Construida mediante un relato enmarcado, la novela entrelaza la mirada asombrada del joven Ginés con la reflexión del hombre que, muchos años después, intenta comprender qué permanece de cuanto vivió. La desaparición del traje manteísta se convierte así en el símbolo de una transformación más profunda: el final de una forma secular de ser estudiante y el nacimiento de otra Universidad.
La ambientación histórica no actúa como simple decorado. Las costumbres, los espacios, la indumentaria, la enseñanza y las diferencias sociales reconstruyen un mundo universitario ya desaparecido, procurando evitar las imágenes legendarias que tantas veces se han proyectado sobre el pasado estudiantil.
Pero El último manteísta es, ante todo, una historia de amistad, aprendizaje y memoria. Una novela sobre lo que recibimos de quienes nos precedieron, sobre aquello que decidimos cambiar y sobre la necesidad de preguntar antes de que desaparezcan quienes todavía pueden respondernos.
Porque conservar el pasado no significa impedir que el mundo cambie, sino evitar que el cambio lo borre por completo.