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La Tuna: una tradición en constante evolución

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Enrique Pérez Penedo


Han sido tres las ocasiones que he tenido el honor de impartir una conferencia sobre la Tuna del otro lado del “charco”, en Iberoamérica. La primera, en el año 2004, en Chile, en La Serena, dentro del marco del III Seminario Internacional del Buen Tunar; repetí al año siguiente, en el IV Seminario Internacional del Buen Tunar, y por último, en los actos del Vigésimo aniversario de la Tuna de Sonora, en Hermosillo, México.

Tengo que reconocer que siempre regresé a España agradecido, ilusionado, esperanzado y en cierto modo, preocupado. Agradecido, por el cariño y el trato recibido de todos los allí presentes; ilusionado y esperanzado por el ambiente de tuna y el amor a la misma que allí encontré. La tuna que en muchos lugares de España se encuentra en franca decadencia, con mala prensa entre los jóvenes e incluso a punto de extinción en muchas universidades históricas, mantiene en Latinoamérica –Chile, México, Perú, Colombia, …etc.  una llama muy viva, muy limpia, muy pura,  que garantiza su supervivencia por muchos años. Allí hallé ilusión, interés, ansias de conocer los orígenes, de hacer bien las cosas y de conservar la tradición.

Ahora bien, también dije al principio que volví preocupado,  y el motivo de mi preocupación es muy sencillo. Escuché a muchos tunos, siempre con la mejor de las intenciones, todo sea dicho, y en un afán a veces desmesurado de trasladar a sus respectivas tunas el más puro y genuino modelo español, hablar de la tradición y aplicarla cual si dogma de fe se tratara.

Tradición no escrita; en muchos casos, de escasa consistencia, en otros, sin ningún rigor histórico.

Fue un e-mail recibido, hace ya unos años, desde México, de alguien que me merece mucho respeto como tuno y como amigo, Antonio Torres “Cachai”, y en el que me preguntaba sobre la veracidad de cierta historia que corría por Internet y que le había llegado procedente de Perú, lo que me hizo plantearme muy seriamente que había que intentar aclarar algunos conceptos.

Esto que les voy a contar, no es nuevo, seguramente alguien me lo haya escuchado ya en otras conferencias, pero me parece altamente clarificador.

El relato que me enviaba Cachai era el siguiente:

"El nombre de Tuna viene de una larga historia. Resulta que allá por el siglo XVII los antiguos estudiantes tenían, como es sabido, la costumbre de cantar en las tabernas para poder comer. En aquella época no había espagueti, y el quitahambre más usual, rápido y económico, era el tradicional bocadillo de atún en aceite. Cuentan que en una fiesta organizada al Duque de Wellington aparecieron unos estudiantes que les dedicaron hermosas canciones y le amenizaron la jornada de tal forma que quedó prendado. A su regreso a Londres en la recepción de Buckingham Palace con su majestad William VIII le comentó cual maravillosa había sido la actuación de unos juglares españoles de los cuales no tenia mas referencia que la de que no pararon de comer bocadillos de atún (sandwiches of Tuna). El rey de Inglaterra intrigado mandó una misiva al rey Felipe IV instándole a que " Their Tuna" –es decir los de su Tuna –  fueran a una de sus fiestas, el rey español perplejo le contestó que en España no había ningún grupo con ese nombre, y como no envió a nadie se produjo un altercado diplomático que afortunadamente no llegó a más ya que el Conde de Romanones esclareció el asunto. Desde entonces, y para evitar más incidentes que enturbiaran la paz entre ambos países, el rey decidió que se llamara Tuna a aquellos grupos de mozalbetes estudiantes que se ganaban la vida merced a sus andanzas".

Sin títuloLa historia no tiene desperdicio, y el que la montó es un genio de la ciencia ficción. Baste decir que jamás existió un William VIII en Inglaterra, que en el siglo XVII reinaba William III; que su reinado no llegó a coincidir por unos años con el de Felipe IV; que el Duque de Wellington nació un siglo después de que dejara de regir Felipe IV; que el Conde de Romanones nació en el siglo XIX, más concretamente en 1863, y que el palacio de Buckingham se construyó un año después de la muerte de William III. De los sandwiches de atún ya ni hablamos.

Ante tal exposición “histórica”, tan documentada en cuanto a personajes públicos, fechada y con tanto detalle ¿quién no pondría la mano en el fuego convencido del origen de la palabra “tuna”?.

Hoy vamos a dar un breve repaso, más bien, brevísimo repaso –el tiempo manda ­– a uno de los aspectos de la tradición estudiantil de la tuna , el traje, e intentaremos ver que hay en ella de ficción, que de realidad o si simplemente esa tradición la hacemos entre todos día a día.

Ahora bien, cuando hablamos de tradición hasta donde nos remontamos. Cuánto retrocedemos en el tiempo en busca de nuestros orígenes. ¿Siglo XIII? Estudios de Palencia (1212), Universidad de Salamanca (1218) y Universidad de Valladolid (1292); ¿siglo XV? Universidad de Santiago (1495) y Universidad Complutense (1499); ¿siglo XVI? Universidad de Granada (1531). Hablamos de una tradición de muchos siglos, de tan sólo uno, o simplemente 50 años son para nosotros suficiente para asirnos a ella como Moisés a sus tablas de la ley.

Comencemos pues por nuestra seña de identidad número uno: el traje.

¿Cuál es el origen del traje de tuno¿ ¿De qué siglo data? ¿Qué prendas –si es que las hay– se han conservado fielmente con el paso del tiempo? ¿Vestían así los estudiantes de las viejas universidades españolas o todo es producto del márketing, cuando no existía aún ese concepto, de un grupo musical que en un momento determinado supo vender una imagen y sin habérselo planteado acabó creando escuela?

Tuno y Dios

Haremos un breve recorrido por la historia del traje tradicional escolar desde el inicio de la universidades hasta el decreto de su desaparición en el año 1835, y lo iremos acompañando con imágenes para hacerlo más comprensible.

La primera pregunta que surge es, ¿por qué diferenciar a los estudiantes del resto de la población?, ¿qué necesidad había de un traje escolar? Y la respuesta es muy sencilla. En una sociedad poco instruida como la del medievo el recurso de identificar ciertas galas exteriores con una concreta corporación era frecuente pues facilitaba grandemente, sin necesidad de indagación alguna, el reconocimiento como perteneciente a dicho grupo por parte de las personas ajenas al mismo.

No existía un modelo típico de atuendo estudiantil (salvo en el caso de los colegiales en el que las Constituciones regulaban la forma en el vestir de los alumnos), sino más exactamente prohibiciones expresas acerca de materiales, telas, colores y ornatos que no debían formar parte del mismo, al no ser acordes con la austeridad monacal que desde sus comienzos presidía los Estudios.

Un ejemplo de estas prohibiciones lo tenemos en los Estatutos de la Universidad de Orihuela. En ellos se dedica un escueto capítulo a la presencia de los estudiantes en la universidad, pero con un título harto significativo: "Prohibiciones a estudiantes".

En él se contenían toda una serie de tópicos repetidos en otras universidades y que iban encaminados a erradicar una serie de males comunes en la masa estudiantil durante los siglos XVII y XVIII. Entre estos tópicos, junto a la prohibición de portar armas, de provocar peleas, de participar en juegos de azar o la prohibición de asistir a representación de comedias en horas y días de clase, figuraba la de "prohibición de vestir prendas de color".

El origen eclesiástico de las primeras escuelas influyó en el uso de una serie de prendas semejantes a las de los religiosos. Estas ropas eran la loba, el manteo y el bonete.

Rezaba una copla popular:

El tuno es igual que el cura

en lo negro del color,

mas ante hermosas mujeres,

no, no ¡y no!.

Su uso era obligatorio, pues, cuando el estudiante nuevo llegaba a la Universidad era examinado sobre sus vestimentas, antes de matricularse por el cancelario, quien mostraba su conformidad extendiendo un boleto que decía “Va arreglado en el traje”. Una vez admitido el escolar se cuidaba de no lavarlo, pues “El desaseo y deterioro de este traje era una de las galas del estudiante veterano".

Vemos en primer lugar las puertas de estanterías de manuscritos e incunables de la Universidad de Salamanca, pintadas por Martín de Cervera en 1614. Nos fijamos en este detalle. Es una escena de clase.

Lapicito Puertas de la Univ de Salamanca

Imagen: La pintura representa el ambiente de una clase del antiguo Estudio salmantino y la diversa indumentaria de los estudiantes, seglares en su mayoría a pesar de sus apariencias. Diversidad en la indumentaria estudiantil que se aprecia en los distintos colores de las lobas. Vemos negras, pardas. Diversos tipos de tocados, chambergos, bonetes, y distintos colores de habitos según la orden religiosa del alumno.

En la Universidad de Valladolid, los Estatutos del siglo XVI, bajo un epígrafe denominado «de la honestidad de los estudiantes» (art. 30), indicaban cuáles debían ser las vestiduras propias para sus escolares:

«...que los estudiantes desta Universidad, anden honestos en su vestir y traje. Y que ninguno pueda traer ropa de seda, o cosa guarnecida con ella, ni gorra, ni capa, ni sombrero de seda, ni lana. Sino loba o manteo, y bonete castellano. Ni trayga sombrero grande sobre el bonete por las escuelas, ni entre en los Generales con ellos. Ni trayga muslos de seda, ni acuchillados, ni camisas labradas con oro o seda».

El artículo de los Estatutos era, como hemos visto, una llamada a la austeridad pero sin embargo no olvidaba la existencia de universitarios llamados pobres. Para estos decía «...permitimos que los estudiantes muy pobres y los que sirvieren, con licencia del Rector puedan traer caperuça o gorra o capa, y no de otra manera».

El traje, así descrito por los Estatutos, se denominaba de manera genérica hábito.

Examinemos ahora cada una de sus partes.

La loba consistía en un alzacuellos que se ceñía en la zona del pescuezo y después se ensanchaba hasta los hombros, para caer desde estos hasta los pies. Esta pieza tenía una abertura delante y la parte superior, y dos en los laterales que les permitían sacar los brazos. Estaba confeccionada de  paño y de amplio vuelo, aunque luego se recogió hasta la pantorrilla.

Lapicito LobasImagen: Izqda.: Talla en madera conservada en el Rectorado de la Universidad de Salamanca. Representa a un estudiante colegial. Porta una loba larga hasta los pies, y se puede observar con mucha claridad los amplios cortes laterales para sacar los brazos. La vestimenta es tremendamente austera, como mandaban los cánones, y si no fuera por la beca podríamos pensar que se trata de un miembro de alguna comunidad religiosa. Drcha.: Representación de un estudiante en una cerámica valenciana del siglo XVIII. Observamos que el acortamiento de la loba es evidente.

Antiguamente la loba se completaba con el capirote, que se unía a ella para resguardar cuello y testuz de las inclemencias meteorológicas; esta prenda fue reservándose paulatinamente para los maestros y reduciéndose hasta degenerar en la actual muceta que usan los doctores en los actos universitarios solemnes.

Lapicito Capirote

Imagen: Doctor en Derecho, pintado por Zurbarán, y que representa fielmente la vestidura académica española del siglo XVII. Viste loba, predecesora de la actual toga, de corte talar y las grandes aberturas laterales. Observamos ahora el capirote. Si bien esta fue una prenda que nació con un uso funcional determinado, con el tiempo pasó al terreno de los símbolos del mundo académico y se convirtió en una distinción de la misión de enseñar. Su parecido con la actual muceta ya es evidente. El bonete, cubierto por una gran borla, y que con el paso del tiempo se convertirá en el birrete que aún se emplea en los actos académicos solemnes. Un detalle interesante es que bonete y capirote son de diferente color. Esto en un principio fue así; pero en 1859 se decreta que ambos deberan ser del color del capirote, que a su vez será del color de los estudios que representa. El color negro se reserva para uso exclusivo del Rector.

 

Los estudiantes se tocaban con el bonete. Éste era un gorro que, como el resto de sus vestiduras, no les era privativo, sino que se identificaba también con el de los eclesiásticos aunque su forma no fuese idéntica. Los graduados y colegiales, y por extensión todos los escolares, tendían a llevar bonete de cuatro picos en las cuatro esquinas, que en vez de subir como en el de los clérigos salían hacia afuera. El adorno para cubrir su cabeza se hizo una seña de identidad de este cuerpo, hasta el extremo de que el refranero lo utilizaba como sinónimo de letras y de hombres letrados. Así, por ejemplo, se decía: «bonete y almete hacen casas de copete», para apostar por las letras y las armas como las dos vías de promoción social de la Edad Moderna.

Lapicito Bonete

Imagen: Izqda.: Fragmento de las puertas de Martín de Cervera, pueden apreciarse con toda claridad los bonetes con sus punta apuntando hacia fuera. Drcha.: Estudiante del Colegio de los Irlandeses de Salamanca. De nuevo el bonete con sus grandes puntas. Sobre este dibujo volveremos más tarde al hablar de la beca de los colegiales.

Covarrubias nos define el bonete como “cierta cobertura de cabeza [...] de cuatro esquinas que encima forma cruz”, sobre él ponían los doctores la borla, conjunto de hebras rematadas en un botón, como insignia de su grado académico. La borla era del color que la simbología asignaba a cada rama de la ciencia (colores que hoy, además se emplean en las becas), así amarillo para medicina, rojo para derecho, blanco para teología, etc.  Apenas existen textos que relacionen la simbología que conecta los colores y los estudios por ellos representados, no obstante lo anterior, en “La Protestación de la Fe”, obra escrita por Calderón de la Barca en el año 1656, se aclaran algunas de estas relaciones:

"Las plumas de mi tocado

Son de aquí exteriores muestras,

Que sólo dicen lo real

De mi física apariencia,

Significándome aquí,

Para que mejor me entienda,

La docta Universidad

De la Ciencia de las Ciencias.

El Altísimo creó

La medicina y por ella,

Me adorna, entre esotras flores,

La pajiza, macilenta

Color, porque con la muerte

A cada paso se encuentra.

La azul, que es color de cielo,

La filosofía ostenta,

 

Porque en el cielo la hallaron

El desvelo y la agudeza

De los que en él aprendieron

Aquella causa primera

De las causas, Alma y Vida

De la gran Naturaleza.

De los Cánones Sagrados

La verde en mí representa

La católica esperanza

Que los pontífices muestran,

De que todo el Universo

Ha de estar a su obediencia,

Cuando a un redil y a un rebaño

Se reduzcan las ovejas.

La carmesí que es color

De la Justicia severa,

Es divisa de las Leyes,

A que humildes y sujetas

Las repúblicas están

Políticamente atentas.

En la Sacra Teología

La blanca color demuestra

De su docta facultad

El candor y la pureza,

Quien tiene a Dios por objeto,

¿Qué esplendor hay que no tenga?"

Lapicito Manteo

Imagen: Ilustración que sirvió de cabecera a un entremés de Miguel de Cervantes, "La elección de los Alcaldes de Daganzo", y donde podemos apreciar el manteo de un estudiante luciendo un bonete.

Regreso a casa

Imagen: Precioso dibujo de  Méndez  Bringa (1916) mostrándonos a un estudiante seguramente haciendo el camino de vuelta a casa en época vacacional, con su loba, manteo, tricornio y su guitarra para ganarse el sustento.

La prenda de abrigo por excelencia del estudiante era el manteo. De esta palabra derivó el apelativo manteísta, con el que se conocía a la generalidad de los estudiantes para diferenciarlos de los que tenían beca en los colegios. Consistía en una capa de tela gruesa, "de paño veintidoseno de Segovia", aseguraba Vicente Martínez Espinel en su Vida del Escudero Marcos Obregón, que llegaba hasta el cuello y que carecía de esclavina, por lo que se anudaba gracias a dos cordones que colgaban de un cintillo que fileteaba su extremo y en el que los escolares prendían las cintas de los corpiños de sus amantes. Ya en La Razón de Amor, poema de principios del siglo XIII, un escolar recibe una cinta de su amada en prenda de amor:

"Ela conocio mi cinta man a mano – qu´ela ficiera con la su mano".

Este puede ser el precedente más antiguo del que se tiene conocimiento de la costumbre estudiantil de prender en las capas las cintas de los amores o seres queridos.

El manteo se remataba con una franja de paño picado con la que solía adornarse su parte inferior, y que recibía por nombre "tirana". Por tirana se entiende también un tipo de canción popular española, lo que puede hacer pensar en su origen estudiantil.

Lapicito manteos

Imagen: Diversas representaciones de estudiantes procedentes de romances en pliego de cordel y que Joan Amades recogíó en sus obras de carácter tradicional y folclórico. En todos ellos, el estudiante aparece indefectiblemente, como mínimo. con su manteo y su chambergo. Joan Amades nació en 1890 y murió en 1959, entre sus obras más importantes nos dejó una muy interesante de tema estudiantil, Els estudiants.

Loba, manteo y bonete debían ser de unas calidades de tela determinadas, excluyendo las sedas, pero nada se dice del color en que debían de confeccionarse. En principio, dado el carácter expresado en la normativa y la insistencia en la honestidad, es posible considerar que debía excluirse todo colorido en los hábitos. Sin embargo, no hemos de estimar que el color era negro, como tampoco lo eran todas las vestiduras eclesiásticas. Los escolares podían introducir alguna variedad pero se debía eliminar, sobre todo, en los lutos reales, cuando de una manera especial se pedía a todo el gremio universitario que se esforzara por ajustarse a un patrón respetuoso. En 1598 coincidiendo con los lutos por Felipe II, en la Universidad de Valladolid, universidad de su ciudad natal, se pedía al claustro que vigilase que todos fueran vestidos con lutos de bayeta, o por lo menos de paño, sin ningún género de seda. Tampoco los que llevaran sombreros o herreruelos  podían utilizarlos de seda, eso sí, llevando siempre hábito largo. (El herreruelo o ferreruelo era una capa corta, con cuello y sin capilla, que según Covarrubias recibió su nombre de los alemanes, que fueron los primeros en utilizarla). Se pedía una multa de 2.000 maravedíes y cuatro días de cárcel para los que incumplieran estas disposiciones, que a su vez eran contrarias al honesto vestir estudiantil. Los propios Estatutos establecían unas sanciones para los que ignorasen lo dispuesto. «Y el que... truxere alguna cosa o todas las sobre dichas, que las pierda. Y la tercia parte de su precio sea para el Arca y las otras dos partes para el Rector que lo sentenciare, y el merino que lo executare, y esté diez días en la cárcel.»

La mejor manera de asegurar la observancia de cualquier disposición era implicando y beneficiando económicamente a la Universidad, y alguno de sus individuos, con la percepción de las multas por incumplimiento. Pero, aún así, la uniformidad se hacía bastante difícil.

En general, podemos considerar a priori que los universitarios llevaron con gusto su atuendo. Sin embargo, y sin que falten ejemplos de la adaptación e identificación de profesión e indumentaria, también han trascendido muchos testimonios de oposición a tales atavíos.

Las razones del rechazo a los manteos son sin duda varias. En primer lugar no podemos olvidar que los hábitos identifican, pero también igualan. Los estudiantes, élite cultural, no presentaban la misma homogeneidad en el ámbito económico. Sus posibilidades eran muy diferentes, oscilando entre los escolares pobres que vivían de su trabajo o de su picaresca y los que llegaban con los bolsillos bien repletos y estaban respaldados por las fortunas de sus padres. Los había hidalgos y plebeyos, pero si respetaban tajantemente las normas no presentaban en apariencia ninguna diferencia. Esta disparidad la reconocía el fiscal del Consejo al Rector de la Universidad de Valladolid en 1775, tras la solicitud de éste de una mayor exigencia en los trajes de los universitarios:

"El asunto de los trajes... es muy delicado y de difícil egecución... No cabe regla general adaptable a todas las clases de gentes que acuden a aquella Universidad, ni parece razonable estrechar bajo una misma a todos con el pretexto de ser estudiantes matriculados…".

Estudiante CabreraEn este sentido, la posibilidad de igualar que tenía el hábito podía ocasionar una doble respuesta. Por una parte, gracias a él, algunos jóvenes podían ocultar su humilde origen; si bien para algunos las limitaciones económicas eran tantas que los viejos paños de sus lobas no escondían nada. Pero, por otra, no faltaban varones a quienes el hábito les impedía lucir sus mejores galas, con las que podían demostrar el lugar que ocupaban en la estratificación jerárquica de la sociedad. Los primeros podrían pretender una ascensión social a través del vestido; los segundos la rechazan porque no aportaba nada relevante a su ser social. La imagen de la derecha muestra el retrato de un estudiante posando en ropa estudiantil, se trata del estudiante Cabrera. Muestra su vestimenta austera, tricornio y manteo terciado, forma típica de lucir dicha prenda por el colectivo estudiantil.

Esto por lo que respecta a los hábitos de San Pedro, que en lo referente a las demás prendas que usaban los estudiantes no existía un patrón fijo, sino que se sometían a los vaivenes de la moda, que influiría incluso en las tres prendas eclesiásticas.

Ejemplo de lo anterior es la adopción por parte de los estudiantes del sombrero gacho o chambergo, y que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define como “sombrero de copa más o menos acampanada y de ala ancha levantada por un lado y sujeta con presilla, el cual solía adornarse con plumas y cintillos y también con una cinta que, rodeando la base de la copa, caía por detrás”. Mas los escolares no colgaban de la presilla plumas o cintillos, sino la cuchara necesaria para tomar la sopa de los conventos, por lo que se les conocía con el nombre de sopistas o caldistas.

Sombreros estudiantiles cuadro de Martín de Cervera

Imagen: De nuevo volvemos al cuadro de Martín de Cervera, y observamos los distintos tipos de sombreros con que se tocaban los estudiantes. Así junto al bonete, vemos un chambergo en forma acampanada. Y otro chambergo que empieza a tomar ya cierta forma, dejando caer un ala y ligeramente levantando la otra. Ésta con el tiempo se fijaría con una presilla. Una presilla es un cordón pequeño con forma de anilla que se cose al borde de una prenda para pasar por él un botón, un corchete, un broche, etc.

Chambergo y bicornio

Imagen: Izqda.: Nuevo grabado de época. Cada vez la deformación del chambergo es mayor y el pliegue del ala más evidente. Drcha: Aquí el estudiante luce su cuchara en el bicornio. Por otra parte y tal y como comentábamos antes, lo raído de sus vestimentas no pueden ocultar su evidente pobreza. Por esa razón, aunque los estudiantes tuvieran una uniformidad a la hora del vestir, la calidad de sus paños y su estado de conservación decían mucho de su linaje o estrato social.

El barón Charles Davillier y Gustave Doré, en su libro "Viaje por España", recogen, entre otras,  las siguientes coplas populares:

Las armas del estudiante

Yo te diré cuáles son:

La sotana y el manteo,

La cuchara y el perol.

 

Desde  que soy estudiante,

Desde que llevo manteo,

No he comido más que sopas

Con suelas de zapatero

Chambergo y manteo sufrirían una nueva modificación a consecuencia del bando provocador del conocido como Motín de Esquilache (1766), que ordenaba apuntar sombreros y recortar capas para evitar que los portadores de tales prendas llevaran armas y ocultaran su rostro. Alarcón, ridiculizando al Motín, describe la exageración con que vestían algunos personajillos, entre los que cita a los estudiantes, en su comedia La Culpa Busca la Pena y el Agravio la Venganza:

Y el escolar que camina

con un matachín meneo

y hecho un rollo del manteo

se le encaja en la pretina

¿A quien  no le causa risa?.

EstudianteImagen: La pretina de que hablaba Alarcón, es una tira de tela de una prenda de vestir que se ciñe en la cintura. En esta bella ilustración de Méndez Bringa, de la obra de Diego San José "Como finó sus estudios Ginesillo Negrete", observamos como el estudiante recoge su manteo hacia delante y lo encaja en la cintura.

Los estudiantes, como respuesta al bando, en vez de apuntar los sombreros, levantaron las dos mitades de las alas del chambergo por encima de la copa y las sujetaron con la presilla, dando lugar al sombrero de medio queso o tricornio, llamado así por su característica forma triangular; pero no recortaron los manteos como recomendaba el decreto, tan sólo aumentaron el tamaño de los cordones que fileteaban su cuello atándolos sobre el pecho tras pasarlos por bajo de las axilas, con lo que se podía comprobar que iban desarmados. El tricornio, con los años fue perdiendo su acentuada forma triangular y terminó denominándose impropiamente "bicornio".

Aunque el motín logra derrocar al ministro y derogar la norma, diversas órdenes del Consejo del Rey, de julio de 1770 (reiteradas en 1777) emplaza a los órganos rectores de las universidades a mantener aquella para los estudiantes.Una broma picante de Emilio Sala 1902jpg

Imagen: "Una broma picante", ilustración de Emilio Sala (1902). Encontramos con un estudiante con su tricornio absolutamente ladeado, era la forma habitual de llevarlo, y la  cuchara de palo predida en él.

Poco a poco fue decayendo la sotana por dos razones fundamentalmente, la progresiva independencia de los estudios de su origen eclesiástico, y la generalización de los “trajes de gentes”, mucho más cómodos que la prenda talar.

Los escolares ricos comenzaron a vestir en corto para viajar y andar de noche por las villas donde cursaban sus estudios, primeramente empleando la sotana corta y luego el traje de galán, pero adaptándolo  (aunque a veces no ocurría así) a las reglas contenidas en las Constituciones Universitarias, principalmente el uso obligatorio de colores oscuros, preferentemente el negro, prohibición en el uso de determinadas calidades de tela como la seda, de adornos costosos como pieles y joyas, de acuchillados, de camisas labradas, de polainas, de guantes adobados, etc.

Estudiantes viajando con muleros Davilier C Dore G. Spain. Bickers Son. Londres 1881

Imagen: "Estudiantes de la Tuna viajando con los arrieros" Esta ilustración de Gustave Doré realizada en su viaje por España nos muestra las condiciones en que viajaban los estudiantes.

Evidentemente, y aunque las condiciones de viaje no eran tan crudas para todos, el traje talar no era precisamente el más cómodo. Dentro del archivo de la Universidad de Salamanca se conserva la Sección de Pleitos, y es una de las principales fuentes para conocer la historia de la Universidad. Gran parte de esos pleitos nos hablan de los problemas con los arrieros, tanto con los traslados de enseres, como de las vicisitudes de los estudiantes en dichos viajes.

En “El Pasajero” de Suárez de Figeroa, un estudiante expone su deseo de vestir en corto y de color con las siguientes palabras:

“Hallábame ya en hábito decente: con armas digo y en corto; que en esto de arrimar los largos sin tiempo, ninguno es perezoso, como los murciélagos, que algo antes de llegar la escuridad suelen comenzar el paseo... Deseaba con ansias las noches para salir con el color [el traje] y todo el aparejo de reñir, afrecuantar las mocedades que son propias de tan incautos años”.

El traje de gentes se componía de coleto (casaca con mangas que cubría el cuerpo ciñéndolo hasta cintura, y que tenía unos faldones que no pasaban de las caderas), bajo el que se encontraba la camisa de color blanco que sobresalía del coleto por cuello y puños gracias a las lechuguillas, denominadas así por su forma parecida a la de las hojas de lechuga; las calzas (prenda ceñida que cubría muslo y pierna llegando hasta la cintura) con su soleta (pieza de cuero que se remendaba a la planta del pie de las calzas); gregüescos acuchillados, (calzones anchos con una serie de cortes verticales que dejaban ver otra tela de distinto color) que más tarde serían sustituidos por las calzas folladas que llegaban a las rodillas a las que se ajustaban con ligas o cintas de tela negra; y zapatos negros con hebilla.

José García Mercadal en su libro, Estudiantes, Sopistas y Pícaros define las calzas folladas como“especie de gregüescos muy huecos y arrugados, en forma de fuelles, donde los estudiantes solían esconder las gallinas hurtadas al alejarse de los mesones"

Como prendas típicas de los colegiales, estudiantes de los Colegios –tanto Mayores como Menores–, estaban el manteo y la beca, cuyos colores servían para distinguir la pertenencia del estudiante a un determinado establecimiento educativo.

La beca, en sus orígenes, no era como la conocemos ahora. Nos relata Blanco White en su autobiografía que “se dobla por la mitad como formando un ángulo y manteniendo la doblez delante del pecho, se echan las dos mitades sobre los hombros de manera que bajan por la espalda hasta cerca de los talones. La parte que cuelga del hombro izquierdo se hace mucho más ancha a unos dos pies del extremo y en ese lugar tiene un anillo circular de madera, de una pulgada de espeso cubierto con la misma tela”.

La parte de la beca de la que cuelga  el anillo circular es la chía, y el anillo recibe el nombre de rosca. La rosca con el tiempo se fue independizando de la beca dando lugar a la gorra, pero conservaría el color; de su uso por parte de los estudiantes más humildes que subsistían del caldo de los conventos derivó el apelativo capigorrista o gorrón, y la expresión “comer de gorra”, que indicaba precisamente la gratuidad que le era propia. Como vemos el origen de la beca era noble y acabó siendo un símbolo de identidad corporativa del gremio estudiantil, con la salvedad de que la rosca ya no cubría la cabeza sino que se dejaba caer por la espalda.

Estudiante del Colegio de los Irlandeses de Salamanca

Imagen: Estudiante del Colegio de los Irlandeses de Salamanca. Vemos la beca, y sobre todo la parte que más nos interesa es la que cae por la espalda y es recogida por el  brazo izquierdo, la chía. La rosca forrada de tela del mismo color, hizo las veces de tocado, pero los colegiales con el paso del tiempo se limitaron a dejarla caer por la espalda y se cubrieron con el bonete, que porta este estudiante en su mano derecha.

Sopa boba reparto

Imagen: Cabecera de romance representando a estudiantes pobres acudiendo a la sopa del convento.

Los hábitos colegiales usaban también colores oscuros para el manteo (así negro, pardo, morado...) con variaciones en las becas. Sirvan de ejemplo estas combinaciones: en el Colegio de San Ildefonso de Alcalá los colegiales llevaban manto y beca del mismo color pardo rojizo, en el Colegio de Santa Cruz de Valladolid la beca era de color rojo... a veces el manto era de color menos austero, por ejemplo en el Colegio de Vizcaya de Alcalá era blanco y en el de Santa Catalina de igual ciudad, verde.

 Beca y loba

 Imagen: Tallas de madera representando a un colegial portando beca de su colegio mayor. Si comparamos ambas, podemos observar como el distinto color ropas y sobre todo de su beca, nos está indicando que se trata de estudiantes pertenecientes a colegios diferentes. 

Desde 1773 profesores y escolares debían usar traje de paño de fabricación nacional, hasta de segunda clase y color honesto, y en verano de seda lisa sin guarniciones. Sólo podían llevar en todo tiempo trajes de seda el rector, el maestrescuela, los doctores, maestros y licenciados por Salamanca. La obligatoriedad en el uso de las ropas académicas quedó reducida para los estudiantes a los días festivos, en los que vestían manteo y sotana negra de bayeta hasta el zapato con alzacuello blanco, chupa, calzón, chaleco de paño negro, sombrero de tres picos con presilla y calzado decente.

Universidad de Cervera 1808 Imagen: La Universidad de Cervera en 1808. La ilustración nos muestra lo que podía ser un día festivo a juzgar por las galas que lucen todos, desde el clero a los estudiantes, donde todos aparecen uniformemente vestidos y arreglados.

En 1835 quedó definitivamente suprimido el traje escolar. Algunos escritores y periodistas dieron a este hecho una trascendencia mayor que la que verdaderamente le correspondía. Julio Monreal, por ejemplo, concedió a la abolición del traje académico en su artículo "Correr la Tuna" publicado en el Almanaque de la Ilustración Española y Americana en 1879, la siguiente lectura:

“Por fin vino un día funesto para la tuna. Mandose, de orden superior, suprimir tricornio, manteos y sotanas, y por más que diga el refrán que el hábito no hace al monje, desde aquella fecha perdieron los escolares sus antiguas tradiciones”.

Como hemos podido ver, la historia del traje estudiantil es un compendio de prohibiciones, desde su inicio hasta su extinción. Nace sin un patrón definido de cómo debería ser, y sí de cómo no debía ser, y su desaparición también se recubre de ese manto prohibicionista que le había acompañado a lo largo del tiempo.

Un interesante documento que avala lo anterior es el conservado en el archivo Universitario de Barcelona, referido a la Universidad de Cervera, donde D. José Ginés Hermosilla, director general de Estudios y eminente humanista, ordena el 8 de octubre de 1835 se prohiba el traje talar a los alumnos de la Universidad, por considerar que no está en armonía con las costumbres del siglo, acostumbrando a los jóvenes al desaliño y decoro impropio a las personas bien educadas.

Estudiante de la Universidad de Cervera

Imagen: Estudiante de la Universidad de Cervera. Aunque las nuevas modas se han ido imponiendo, manteo y tricornio se mantienen.

Posiblemente, antes de comenzar mi charla, algunos de uds. tuviera alguna duda sobre el origen del traje de tuno; ahora, bastante avanzada la misma, tendrán, con toda seguridad, muchas más. En este brevísimo repaso a la historia hemos visto retazos que nos recuerdan a la tuna y a los tunos: tricornios, manteos, alguna que otra guitarra pero no hemos encontrado el maniquí ideal con el que identificarnos.

El traje que muchos hemos identificado durante años con una tradición que venía de siglos no es más que un invento del último tercio del siglo XIX de las comparsas y estudiantinas de carnaval. Muchos de estos grupos carnavalescos, muchos de ellos auténticas orquestas profesionales de pulso y púa, adoptan ropas estudiantiles a supuesta semejanza, y hay que recalcar lo de supuesta, de las de los antiguos moradores de las universidades españolas. Entre estas comparsas alcanzó gran renombre la denominada Estudiantina Española que en 1878, y coincidiendo con las fiestas de carnaval y la Exposición Universal que se celebraba en Paris, decide viajar a la capital francesa llevando consigo sus guitarras, flautas, violines, vihuelas, bandurrias y panderetas. El éxito de la experiencia es recogido por "La Ilustración Española y Americana", el 15 de marzo de ese mismo año, donde, con gran profusión de grabados, nos ofrece una crónica entusiasta y detallada del periplo, y lo que más nos interesa a nosotros: una fiel descripción de sus vestimentas.

EE1878 Tullerias

Imagen: Estudiantina Española en el Jardín de las Tullerías el 6 de marzo de 1878

El articulista se encuentra en la Plaza de la Opera con la Estudiantina Española, y relata lo siguiente:

"…y desfilando por delante de nosotros, nos dio ocasión para examinar los ricos trajes de los sesenta y cuatro individuos de ella, que así se parecían á los de los genuinos estudiantes que por las aulas de Salamanca y Alcalá arrastraban bayetas, como los vestidos de las pastoras del teatro á los de las verdaderas zagalas que pasan la vida entre zarzales: jubón y greguescos de terciopelo negro con botones de acero, y mucho cuello de encajes: medias de seda, también negras: zapatos de charol con lazo de igual color y hebilla de acero: guante blanco de cabritilla: gorra de terciopelo con un nudo de cinta amarilla y encarnada en unos pocos: en los más , sombrero apuntado (claque d'arlequin, dicen los periódicos de aquí), y una funesta cuchara a guisa de escarapela: tal era el atavío de estos bachilleres, más o menos auténticos, que doctores de los más encopetados se hubieran dado con un canto en los pechos por tener en el siglo XVI para presentarse en la procesión del Corpus."

Ildefonso de Zabaleta y Joaquín de Castañeda

Imagen: Ildefonso de Zabaleta y Joaquín de Castañeda, presidente y vicepresidente de la Estudiantina Española.

Dura crítica a la Estudiantina Española la realizada por el comentarista de la "Ilustración Española y Americana" en cuanto a la rigurosidad de su vestimenta, que igualmente podría aplicarse al resto de las comparsas de carnaval y estudiantiles. Unos y otros se copian, cambiando apenas detalles a su conveniencia. Se generaliza el uso del jubón. Al principio sencillo, sin adornos, para acabar con los años afarolado. El manteo terciado deja su paso a la capa adornada de cintas y escarapelas –éstas también sobre los instrumentos–. Se introducen también exagerados cuellos de encaje y puñetas, y el tricornio con la cuchara, símbolo por excelencia de los sopistas, alcanza gran protagonismo.

Otra Estudiantina que merece la pena reseñar es la Estudiantina Fígaro, fundada en 1878 por el insigne músico Dionisio Granados, y que a comienzos de los años 80 inició su periplo americano, recorriendo EE.UU, Canadá, México, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Cuba, Puerto Rico, Perú, llegando a Chile en 1884. A su paso se fundaron en todos estos países numerosas estudiantinas, tanto masculinas como femeninas. 

Pero examinemos las fotos y grabados de la época, de la Estudiantina Española y de otras agrupaciones de finales del siglo XIX y de principios del XX.

Tuna de Santiago 1877 y Estudiantina Cordobesa 1891

Imagen: Izqda.: Tuna de Santiago, 1877. Drcha.: Estudiantina cordobesa, 1891.

Estudiantina Española de Valparaíso 1891 y Estudiantina Valenciana de la Facultad de Medicina 1905

Imagen: Izqda.: Estudiantina Española de Valparaíso, 1891. Drcha.: Estudiantina Valenciana de la Facultad de Medicina, 1905.

Estudiantina de Medicina de Cádiz 1929 y Tuna Universitaria de Salamanca 1946

Imagen: Izqda.: Estudiantina de Medicina de Cádiz, 1929. Drcha.: Tuna Universitaria de Salamanca, 1946

En principio advertimos que los trajes son mucho más sencillos que los actuales, mangas rectas, ausencia de faroles, uso del manteo terciado, zapatos con hebilla, cuellos y puñetas de puntilla –algunas exageradamente grandes –, golas cervantinas, y generalización en el uso del tricornio. Con los años hemos confeccionado trajes más vistosos, bonitos faroles con el color de la facultad, y cubierto los manteos, o sea las capas, de cintas y escudos dándole colorido al traje. Hemos dejado de llevar la capa terciada sobre el hombro para lucirla al viento. El tricornio deja de usarse salvo por unos cuantos; y aún son menos los que lucen la tradicional hebilla en el calzado. Los cuellos que comenzaron siendo de puntilla y las golas son sustituidos paulatinamente por otros falsos de camisa convencional o simplemente eliminados para dejar asomar por el jubón el cuello de la camisa que hay debajo.

Pero hay más, algo mucho más importante. Si nos fijamos bien en las fotos anteriores podemos observar la ausencia de un elemento esencial e imprescindible para todo buen tuno que se precie: ninguno lleva beca.

Ya avanzado el siglo XX ni tunas, ni estudiantinas, ni de carnaval ni universitarias incluyen la beca entre sus ropajes . ¿Cómo puede ser eso? Pues muy sencillo. La beca, que tradicionalmente en las antiguas universidades estaba reservada a los colegiales mayores y menores, y que los diferenciaba de los manteístas que eran todos los demás, se incorpora al traje como un elemento colorista e identificativo de la Universidad, la Facultad o Escuela con el uso del color corporativo correspondiente, a mitad del siglo XX, en los años 50, y aún así no todas las tunas la lucen, sino que su incorporación fue gradual a lo largo de los años 60, con alguna excepción que comentaremos a continuación.

Tunas de los 60 1Imagen: Izqda.: Tuna de la Facultad de Medicina de Barcelona, 1960. Centro: Tuna de la Escuela Técnica de Aparejadores de Madrid, 1962. Drcha.: Tuna Pericial de Reus, 1962.

Tunas de los 60 2

Imagen: Izqda.: Tuna de Peritos Industriales de Barcelona, 1963. Centro: Tuna Universitaria de Barcelona, 1961. Drcha.: Tuna Universitaria de Barcelona, 1967. 

La excepción a la que hacíamos referencia es la de la Tuna del Colegio Mayor Hispanoamericano Nuestra Señora de Guadalupe de Madrid, tuna fundada en 1947, aunque en su bandera figuraba 1948, que siguiendo quizás la tradición de los colegios mayores y menores de siglos atrás incorporaron la beca a su uniforme. Esta era de color azul, y en sus orígenes dispusieron de dos modelos que simultaneaban: una, la fundacional, con una gran cruz de Santiago, y otra, que hace su aparición casi al mismo con el escudo del Colegio.

Tuna HispanoamericanaImagen: Izqda.: Tuna del Colegio Mayor Hispanoamericano Nuestra Señora de Guadalupe en el año 1947. Se aprecia la cruz de Santiago en sus becas. La foto está tomada frente al Colegio Mayor César Carlos. Centro: Esta cruz debió nacer de forma provisional ya en el mismo año este escudo formaría parte de sus becas. Escudo que sufriría con los años ligeras modificaciones. Drcha.: Valladolid, la misma tuna un año después. En la foto se aprecian dos modelos diferentes de beca.

Tuna Hispanoamericana 2Imagen: Izqda.: Un grupo de los tunos fundadores de la Hispanoamericana posa delante de las dependencias del Colegio Mayor. Drcha.: En el mismo año, otro grupo, todos con la beca nueva, se fotografían delante del colegio.
Beca de la Tuna Hispanoamericana años 50

 Imagen: Beca de la Tuna Hispanoamericana a principio de los años 50

Esta tuna que gozó de un gran prestigio participó con mucho protagonismo en varias películas, a destacar: Mensajeros de PazPasa la Tuna

En los años 50 el carnaval estaba prohibido por el gobierno del general Franco. Las estudiantinas habían desaparecido y la formación de las tunas en el ámbito de la universidad tuvieron todo el apoyo del régimen que veía en ellas una forma de expresión cultural muy saludable. Fueron adscritas al Sindicato Español Universitario e incluso reguladas en el Boletín Oficial del Estado (B.O.E.). 

El texto de la Circular de 10 de marzo de 1953 de la Dirección General de Seguridad sobre el "desfile de agrupaciones musicales estudiantiles" es el siguiente:

1º A partir de esta fecha, para que puedan actuar y desfilar en la vía pública las Agrupaciones musicales de estudiantes conocidas por “Tunas”, será requisito indispensable la autorización escrita de la Dirección General de Seguridad, que  únicamente se otorgará previo informe del Sindicato Español Universitario.

Anexo a dicho documento, que deberá llevar en todo momento consigo el jefe de la “Tuna”, irá la relación nominal de los componentes de aquella, con expresión de domicilios y Facultad en la que cursen los estudios.

2º Por los Agentes de la Autoridad se exigirá, cundo así lo consideren oportuno, la exhibición del aludido permiso, denunciando a la Autoridad Gubernativa correspondiente las infracciones a lo anteriormente dispuesto, para su debida sanción.

 Orden de 7 de diciembre de 1955 sobre Tunas Estudiantiles

 Imagen: Orden de 7 de diciembre de 1955 sobre “Tunas Estudiantiles”

En la Orden, publicada en el BOE el 7 de diciembre de 1955, sobre “Tunas Estudiantiles”: Organización y funcionamiento  se puede comprobar como el control de la tuna quiso ser total y absoluto por parte del estado. Desde cómo, cuándo y quiénes debían formarla, hasta matizar detalles en cuanto a los símbolos o vestuario.

En el Artículo 1º, leemos. No podrán existir más Tunas que las dependientes del Sindicato Español Universitario, correspondiéndole exclusivamente al jefe del S.E.U. su creación, organización y supresión. Para su funcionamiento dependerán del Jefe del Departamento de Actividades Culturales..

En el artículo 3º, por ejemplo, indica los requisitos para que un universitario pueda ingresar en la Tuna. Condiciones imprescindibles:

            Tener más de 17 años y menos de 27.

            No tener nota desfavorable en el expediente sindical.

            Poseer los suficientes conocimientos musicales.

En los siguientes artículos, entre otras cosas, se concreta que el jefe de Tuna será designado por el Jefe del S.E.U.; la prohibición de contratos publicitarios comerciales, así como las cuestaciones y colectas públicas, aún para fines benéficos; la prohibición de actuar en el extranjero sin permiso expreso de la Jefatura Nacional del S.E.U.; se reglamenta lo concerniente a sanciones y expulsiones ;y unas aclaraciones en el artículo 7º, relativas al traje. Este artículo dice así: Las Tunas Provinciales o Locales vestirán el mismo traje que la de cabecera de Distrito. En el brazo izquierdo llevarán los tunos el lazo con los colores de la Facultad o Escuela Especial a la que pertenezcan y sobre el nudo el emblema del S.E.U.. La bandera llevará en una de sus caras el emblema del sindicato y en la otra el color del Distrito Universitario.

Digamos que el detalle del lazo en la manga con los colores identificativos de la Facultad o Escuela con los años fue suplido con los años por la beca.

Nuestros actuales trajes ya con escasísimas variantes son de esa época.

Como habéis podido comprobar la beca, símbolo por excelencia del mester de tunería y cuya consecución lleva un gran sacrifico, sudor y lágrimas -que se lo digan a más de un pardillo-, apenas forma parte del traje poco más de 50-60 años. Es decir, y ya para terminar, una vez más la tradición ha vuelto a menguar. Lo cual a lo mejor no es malo, sino que demuestra que la Tuna está en continua evolución y que lejos de estar anclada tantos siglos atrás, sin perder su espíritu, está muy viva.

lapicito 08

Tuna en el año 3000 LapicitoLa tuna no es un maniquí, es una filosofía de vida, una manera de ser, de comportarse, de relacionarse por medio de la música, y de compartir amistad y experiencias. El traje, con todo lo que conlleva  de seña de identidad no es más que un envoltorio, y, el verdadero tuno, lo es con y sin traje.

 

Muchas gracias a todos, ¡Aúpa Tuna!