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Algunos integrantes de La Fígaro pudieron morir en un descarrilamiento de tren ocurrido en Sudamérica

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Félix O. Martín Sárraga


Aunque sólo hemos hallado este artículo que haga referencia a un descarrilamiento de tren ocurrido en América del Sur, el artículo que Antonio Biaggi firmara bajo el título "El poder de la música" narra el encuentro, al parecer en la cubana ciudad de Madruga, de tres antiguos integrantes de la Estudiantina Española Fígaro que allí residían en 1886. 

 Decía el artículo (1):

«En aquellos bizarros jóvenes que formaron la grande y hermosa Estudiantina Española que recorrió triunfalmente el mundo cosechando a manos llenas los lauros destinados al arte, que se evocan con respeto, muchos encontraron espantosa muerte en una de las repúblicas Sud-americanas.

Aterrorizados los supervivientes, y quebrantando su espíritu por la pérdida de tantos compañeros de gloria, algunos se decidieron regresar a la madre patria para alegrar con su presencia el corazón de sus amantísimas madres, y otros, más o menos lesionados en la horrorosa catástrofe ocasionada por el descarrilamiento del tren que los conducía, optaron por recorrer el suelo de América latina donde, merced a la proverbial generosidad de sus habitantes, hallaban no sólo los recursos necesarios para la subsistencia sino medios para realizar alguna pequeña economía que les proporcionase un poco de descanso y de tranquilidad en la vejez.

Hacia fines del año 1896 llegaron a Madruga un capitán y un sargento del ejército español después de terminada la recorrida por las inmediaciones del pueblo, regresaron con los soldados a sus órdenes al improvisado cuartel para tomar el rancho.

Mientras almorzaban en unión de otros amigos se oyó en la calle el son de una bandurria acompañada de una guitarra.

Capitán y sargento levantaron la cabeza y se miraron con asombro. Como movidos por irresistible fuerza magnética, y con sorpresa de sus comensales, el capitán y el sargento corrieron a la puerta. Los dos músicos ambulantes se acercaban, y el sargento, no pudiendo resistir los impulsos de su corazón, exclama: "Mi capitán, ¡es él!" Por el modo de puntear la bandurria habían conocido a un antiguo hermano de glorias.

Apenas los dos músicos ambulantes llegaron cerca de la puerta el capitán les dirigió un afectuoso saludo y los invitó a pasar para que descansasen y tomasen con ellos un refrigerio.

Aceptaron los dos músicos y, apoyando el de la bandurria su mano derecha sobre el hombro del guitarrista (pues estaba ciego), penetraron en aquella casa en donde la alegría había sido momentáneamente interrumpida.

Almorzaron y después de varias preguntas que les dirigió el capitán, los invitó a que tocasen alguna de las tantas piezas de música que hacían las delicias del público cuando las ejecutaba la Estudiantina, y el pobre ciego y su compañero trataron de complacerlo, mereciendo los mayores elogios de aquel pequeño pero inteligente auditorio.

Transcurrieron algunos momentos invertidos en alegre conversación y en recuerdos de lo pasado, cuando al capitán se le ocurrió pedir al bandurrista que tocase una de las piezas más difíciles que comprendía el repertorio de la Estudiantina. La oí muchas veces en Madrid, le dijo, y quisiera oírla otra vez después de tantos años.

- Bien quisiera yo complacerlo, contestó el pobre ciego, pero en esa sonata yo no tocaba más que como segundo. Quién hacía de primero era Manuel y él, verdad, era inimitable. ¡Pobre Manuel! ¡Sabe Dios la suerte que le habrá cabido en la catástrofe que me dejó con vida y sin vista! Nunca más, desde entonces, la he tocado porque me ha parecido siempre que iba a profanar el arte y el recuerdo del amigo tan querido.

Estudiantina Figaro La Llumanera de Nova York. nº. 54. Octubre 1879Entonces el capitán, riendo a más y mejor, le contestó:

- Amigo mío, yo he sido siempre menos escrupuloso que usted, y sin saber de bandurria lo que usted sabe, me he atrevido algunas veces a tocar esta sonata. ¿Quiere usted acompañarme?

Recibida contestación afirmativa fue a tomar su querido instrumento -que no abandonaba nunca- y se puso a afinarlo.

A las primeras notas que preludiara el capitán, el ciego levantó la frente y su rostro se inundó de una expresión tal que causó la admiración de todos. Apenas atacó el capitán las primeras notas de la sonata, el ciego tiró la bandurria al suelo y levándose con los dos brazos abiertos, casi ahogado port la emoción, exclamó:

- Tú eres el mismo! ¡Tú eres el mismo! ¡Manuel!... ¡Manuel!

En un prolongado abrazo se confundieron entonces aquellos dos corazones de artista, arrancando a los circunstantes lágrimas de ternura.

Así vivieron juntos unos pocos días recordando las glorias del tiempo pasado y tocando los tres antiguos compañeros, en unión del acompañante del pobre ciego, varias de las piezas de música que mayores ovaciones le habían valido a la Estudiantina.

Pero un día el deber los separó, tal vez para no volver a encontrarse nunca más en este valle de penas y de gratas emociones».

No disponemos de más documentos que acrediten tal catástrofe ferroviaria, por lo que habrá que realizar nuevas búsquedas, especialmente en sus periplos por el Cono Sur a partir de 1884. En cualquier caso la única Estudiantina Española que recorrió triunfalmente el mundo cosechando éxitos durante el siglo XIX fue La Fígaro, de la que el único Manuel detectado como bandurrista en su excursión a Sudamérica fue Manuel González Mirori pues, aunque la prensa también dijo que Manuel de Mula tocaba la bandurria, pero la mayoría de las fuentes señalaron que era guitarrista y otra que se llamó Antonio, no Manuel (2). En cualquier caso, en el extenso trabajo coescrito con Paul Ruppa (3) perdimos el rastro de Manuel González Mirori en durante 1887 cuando apareciera una necrológica anunciando su fallecimiento por fiebre amarilla, por lo que inferimos que, de llamarse Manuel el Sr. Mula (que halláramos en Chile, 1884, y Brasil, 1885), pudiera ser el bandurrista ciego. Ahora, tras hallar este artículo, se abren nuevas vías de investigación que precisan investigar en los listados de militares destinados en Cuba durante 1886 haciendo más apasionante la investigación de esta agrupación no académica.

 

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Imagen:

Estudiantina Española Fígaro. La Llumareda de Nova York. Octubre, 1879.

Fuentes:

  1. Boletín Mercantil de Puerto Rico. 21-04-1902. Pag. 1
  2. Martín Sárraga, FO. Análisis comparado de los integrantes de la Estudiantina Española Fígaro (1878 -1892). 29-07-2015.
  3. Martín Sárraga, FO. y Ruppa, P. La Estudiantina Española Fígaro en los EE.UU. Crónica de sus giras americanas y estela según la prensa de la época. TVNAE MVNDI. 2018.

 


Publicación: 18/12/19