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Hallamos en 1843 la salida postulante más antigua de una estudiantina académica en vísperas de la Navidad
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De la pobreza estudiantil a la cultura carnavalesca: la construcción cultural del estudiante en el costumbrismo español (1843-1872)

 Félix O. Martín Sárraga

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Resumen

Este estudio analiza el proceso de construcción cultural del estudiante como tipo social en el costumbrismo español entre 1843 y 1872 mediante un análisis cuantitativo longitudinal de la prensa histórica. Frente a interpretaciones que han considerado el costumbrismo como un reflejo de la realidad social, el artículo propone una aproximación empírica al estudio de los procesos de tipificación social mediante el análisis longitudinal de la prensa.

Los resultados permiten identificar una transformación significativa en las representaciones del estudiante, evidenciando su progresivo desplazamiento desde su asociación con la pobreza universitaria hacia su integración en los imaginarios festivos y carnavalescos del periodo. Este proceso revela el papel activo de la prensa en la selección, reiteración y estabilización de rasgos culturales que contribuyeron a la configuración del estudiante como tipo social reconocible.

Desde esta perspectiva, el estudio plantea que el costumbrismo no sólo funcionó como un género descriptivo, sino como un mecanismo cultural de producción de tipos sociales mediante el cual la cultura impresa participó en la organización simbólica de la sociedad decimonónica. El trabajo contribuye así al estudio empírico de los procesos de construcción tipológica en la historia cultural del siglo XIX.

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Palabras clave

Costumbrismo; historia cultural; prensa del siglo XIX; tipos sociales; representación cultural; estudiantes.

 

From Student Poverty to Carnival Culture: The Cultural Construction of the Student Figure in Spanish Costumbrismo (1843–1872)

 

Abstract

This study analyzes the cultural construction of the student as a social type in Spanish costumbrismo between 1843 and 1872 through a quantitative longitudinal historical press analysis. Moving beyond interpretations that have understood costumbrismo as a mere reflection of social reality, the article proposes an empirical approach to the study of social typification processes based on longitudinal press analysis.

The results reveal a significant transformation in the representations of the student, showing a gradual shift from associations with university poverty toward their integration into the festive and carnivalesque imaginaries of the period. This evolution highlights the active role of the press in the selection, repetition, and stabilization of cultural features that contributed to shaping the student as a recognizable social type.

From this perspective, the study argues that costumbrismo functioned not only as a descriptive literary genre but also as a cultural mechanism for producing social types through which print culture participated in the symbolic organization of nineteenth-century society. The article thus contributes to the empirical study of typification processes within nineteenth-century cultural history.

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Key words

Costumbrismo; cultural history; social typification; social types; nineteenth century press; cultural representation; students.

 

 

Introducción

El costumbrismo decimonónico no sólo funcionó como un registro descriptivo de la sociedad española, sino como un auténtico dispositivo de clasificación cultural que contribuyó a fijar repertorios tipológicos mediante los cuales la sociedad liberal hizo inteligibles sus propias transformaciones. En este marco, la figura del estudiante constituye un caso especialmente revelador, al permitir observar el tránsito desde su identificación tradicional con la pobreza universitaria hacia su progresiva resignificación como tipo festivo integrado en los imaginarios urbanos de la segunda mitad del siglo XIX.

Pese al amplio desarrollo de los estudios sobre costumbrismo, los procesos concretos mediante los cuales la prensa participó en la estabilización de estos tipos sociales han recibido una atención limitada desde perspectivas empíricas. Esta carencia resulta especialmente significativa si se considera el papel central de la cultura impresa en los procesos de categorización social característicos del siglo XIX, donde la reiteración discursiva actuó como un mecanismo fundamental en la consolidación de modelos sociales reconocibles.

Este trabajo parte de la hipótesis de que la transformación de la figura del estudiante no puede explicarse únicamente como reflejo de cambios sociales, sino como resultado de un proceso de reconfiguración cultural en el que la prensa costumbrista actuó como agente activo de producción simbólica. Desde esta perspectiva, el análisis cuantitativo de las recurrencias descriptivas permite identificar un desplazamiento en el régimen de representación del estudiante, que dejó de ser caracterizado prioritariamente como expresión de precariedad social para convertirse en una figura cultural asociada a prácticas festivas y formas de sociabilidad urbana.

A partir del análisis sistemático de un corpus hemerográfico publicado entre 1843 y 1872, este estudio examina los mecanismos mediante los cuales determinadas realidades sociales fueron progresivamente transformadas en categorías culturales estables. El objetivo no es reconstruir la experiencia histórica del estudiante, sino analizar los procesos de representación, simplificación tipológica y estabilización simbólica mediante los cuales esta figura fue integrada en los repertorios culturales de la modernidad liberal.

Desde este enfoque, el artículo propone una aproximación empírica al estudio de los procesos de tipificación social en la España del siglo XIX, entendidos como la construcción cultural de tipos sociales reconocibles, y plantea que el análisis longitudinal de la prensa constituye una herramienta especialmente eficaz para identificar transformaciones simbólicas difícilmente perceptibles desde aproximaciones exclusivamente cualitativas. Con ello, el trabajo busca contribuir al estudio de las relaciones entre cultura impresa, producción de tipos sociales y construcción de imaginarios culturales dentro de la historiografía contemporánea. Este estudio aporta una nueva interpretación a la historiografía del costumbrismo al proponer una interpretación empírica de los procesos de formación tipológica, mostrando que la estabilización de los tipos sociales respondió menos a la descripción de realidades sociales que a dinámicas de reiteración editorial propias de la cultura impresa decimonónica.

El texto se estructura en cuatro apartados: en primer lugar, se presenta el corpus documental y la metodología empleada; a continuación, se exponen los resultados cuantitativos; posteriormente, se analizan sus implicaciones histórico-culturales; y, finalmente, se discuten las consecuencias historiográficas derivadas del proceso observado.

 

Contexto histórico

Tras el fallecimiento de Fernando VII, la Reina Regenta María Cristina de Borbón comenzó una importante labor encaminada a romper las rigideces sociales del Antiguo Régimen y promover la modernización de un país en tiempos del cólera (Martín Sárraga, 2022, p. 157). Entre las medidas adoptadas por la Reina Regenta estuvo la promoción de una mayor vida sociocultural a través un Real Decreto de 1839 sobre el asociacionismo, que determinó la aparición de liceos, salones de baile y sociedades filarmónicas (Sensi Silvestre, 2009), así como la liberalización del carnaval. Esto tuvo lugar a través de la Orden de 19 de febrero de 1834 sobre concesión de permisos para los bailes de máscaras (Moreno Garbayo, 1958, legajo 11.404) y cuyo comienzo verificamos en Madrid en el mismo año (Diario de Avisos de Madrid, 1834, p. 2). La aceptación popular fue tal que proliferaron los juegos de agua, entretenimiento que generó abusos como el lanzamiento de lebrillos de agua fría, harinas, café o huevos llenos de líquidos malolientes denunciados incluso en la provincia de Puerto Rico (Gazeta de Puerto Rico, 1843, p. 3).

La década en que iniciamos este estudio estuvo marcada por la inestabilidad sociopolítica, determinando que, siendo menor de edad la futura Isabel II, su madre renunciara a la Regencia (Burdiel Bueno, 2010, p. 81), encargándose de la formación de la heredera al general Baldomero Espartero hasta que se dictó su mayoría de edad en 1843 como freno a una posible crisis política (Angelón, 1860, pp. 274-275).

Durante el periodo analizado en este trabajo tuvieron lugar la Segunda Guerra Carlista (1846-1849) y el contexto previo a la Tercera (1872-1876). Asimismo, España sufrió diversas crisis sanitarias como las epidemias de cólera de 1854-1855, 1859-1860 y 1865 (Serrallonga Urquidi, 1996, p. 8), brotes de fiebre amarilla entre 1862-1863 y una hambruna en 1857 (Martín Sárraga, 2022b, pp. 261-263).

¿Por qué interesa conocer este contexto en este trabajo? Porque aporta las causas por las que las compartas y estudiantinas conformadas por escolar salieron a la calle, que resumiremos al inicio de la sección de resultados.

Como contrapartida, este contexto de crisis no impidió una intensa producción cultural. José de Espronceda publicó en 1840 la versión completa de El estudiante de Salamanca, obra que contribuyó a consolidar la imagen literaria del estudiante como figura social característica del imaginario decimonónico. A esta le siguieron —ya dentro del marco cronológico de este estudio— obras como Los españoles pintados por sí mismos (Rodríguez Rubí et al., 1843), El bachiller de Salamanca (Le Sage, 1845), Cantos del trovador (Zorrilla, 1859), Los españoles de ogaño (Alcalde Valladares et al., 1872) o Murcia que se fue (Fuentes y Ponte, 1872).

Sin embargo, pese a la abundancia de estudios sobre el costumbrismo español, la figura del estudiante ha sido abordada principalmente desde perspectivas literarias o anecdóticas, sin analizar de forma sistemática el proceso mediante el cual una realidad social documentada —la existencia del estudiante pobre en la universidad española— fue transformada en un tipo social reconocible mediante los mecanismos de simplificación tipológica característicos del costumbrismo. Este vacío resulta especialmente relevante si se considera que el siglo XIX constituye el momento en que la cultura impresa contribuyó decisivamente a fijar repertorios de tipos sociales que acabarían formando parte del imaginario colectivo.

En este contexto, resulta pertinente preguntarse hasta qué punto la imagen costumbrista del estudiante responde a una mera descripción de la realidad universitaria o si, por el contrario, constituye el resultado de un proceso de tipificación social mediante el cual determinados rasgos sociales fueron seleccionados, simplificados y reiterados hasta configurar un modelo cultural reconocible.

El presente estudio analiza el proceso mediante el cual la figura histórica del estudiante pobre —documentada en la realidad universitaria del Antiguo Régimen y su transición al sistema liberal— fue transformada en un tipo social costumbrista entre 1843 y 1872. Para ello se examinan los mecanismos de tipificación empleados por el costumbrismo, así como los procesos de teatralización festiva asociados a la cultura carnavalesca y los fenómenos de reiteración editorial que contribuyeron a la fijación cultural de este tipo social.

Metodológicamente, el estudio se basa en un análisis longitudinal de las principales colecciones costumbristas publicadas entre 1843 y 1872, complementado con el examen de fuentes lexicográficas, documentación universitaria y prensa histórica, con el objetivo de contrastar la realidad social documentada con su posterior representación tipológica.

En este contexto, el presente trabajo examina la evolución de la figura del estudiante pobre desde su realidad histórica documentada hasta su transformación en tipo social costumbrista y figura carnavalesca entre 1843 y 1872. A partir del análisis combinado de fuentes literarias, prensa histórica y documentación universitaria, el estudio pretende determinar hasta qué punto la imagen del estudiante que difundió el costumbrismo respondió a una mera descripción de la realidad o, por el contrario, a un proceso activo de construcción cultural basado en la reiteración editorial y la simplificación tipológica. Desde esta perspectiva, el artículo propone interpretar el costumbrismo no sólo como un género descriptivo, sino como un mecanismo de producción de categorías sociales que contribuyó a fijar determinados modelos culturales del estudiante en el imaginario colectivo.

Para verificar empíricamente esta evolución de la representación estudiantil, se ha procedido a la construcción de un corpus hemerográfico que permite observar la frecuencia y evolución de los descriptores asociados a esta figura.

Este contexto de transformación social y cultural resulta fundamental para comprender el proceso mediante el cual determinadas figuras sociales, como el estudiante, fueron reinterpretadas por la cultura impresa del periodo.

Desde esta perspectiva, el estudiante sopista no sería únicamente un reflejo de la pobreza tradicionalmente atribuida al estudiante universitario, sino también una construcción cultural fijada mediante la repetición literaria y periodística. Esta hipótesis permite interpretar los resultados estadísticos no como simple cuantificación léxica, sino como indicadores de transformación cultural.

Aunque el costumbrismo ha sido ampliamente estudiado desde perspectivas literarias, culturales e iconográficas, los análisis empíricos basados en la explotación sistemática de corpus hemerográficos siguen siendo escasos. En particular, no se han identificado estudios que hayan aplicado metodologías cuantitativas longitudinales para analizar los procesos de formación y estabilización de tipos sociales en la prensa costumbrista. Este vacío metodológico justifica el enfoque adoptado en este trabajo al  aportar una aproximación metodológica novedosa mediante análisis cuantitativo de prensa.

 

Material y método

Con la finalidad de recabar el material documental que permitiera conformar la base de datos a utilizar determinamos una serie de descriptores que facilitaran la detección de todo lo referente al estudiante en sus facetas universitaria (matrícula, actividades académicas), lúdica (comparsa de carnaval, comparsa carnavalesca, comparsa de estudiantes), filántropa (póstulas, estudiantinas), con particular énfasis en aquellos de recursos limitados (estudiante hambriento, estudiante pobre, estudiante sin recursos, estudiante necesitado). Descartamos analizar su faceta universitaria por el elevadísimo número de informaciones relativas matrículas de todo tipo (24.534 artículos) mientras que no detectamos una sola sobre sus actividades académicas.

También estudiamos la posible publicación de artículos que anclaban alguna costumbre decimonónica al pasado antiguorregimental (sopistas, manteístas, sopa boba, sopa de los conventos, sopa conventual), así como saber si los medios impresos difundieron cualquier tipo de rasgo de los escolares (morales, picaresca, galantería, altruismo) que pudieran haber contribuido a establecer un tipo social, como también la publicación de expresiones como el estudiante español, el estudiante es y los estudiantes son porque suelen revelar tipificación social directa, evidenciando estereotipos culturales.

Tras un examen preliminar, acotamos el estudio a los cuatro tipos de descriptores más significativos por su recurrencia en la prensa histórica:

Sopista: persona que recibía el alimento.

Sopa boba, sopa de los conventos, sopa conventual: el alimento ofrecido.

Hambre canina, al hambre estudiantina: característica principal de quienes acudían al reparto.

Comparsa de estudiantes y Estudiantina: agrupaciones conformadas inicialmente durante los días de carnaval, entre las integradas por escolares gran parte fueron postulantes.

 

1.2. Fuentes documentales

La base documental procede fundamentalmente de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España por tener herramienta booleana de búsqueda, permitir acceso sistemático y disponer de la colección más amplia de prensa del siglo XIX.

Aunque el corpus analizado no pretende ser exhaustivo, su amplitud temporal y la diversidad de cabeceras consultadas permiten identificar tendencias representacionales significativas dentro del discurso periodístico decimonónico. No obstante, la consistencia de las tendencias observadas y su recurrencia en cabeceras de distinta orientación ideológica permiten considerar los resultados como indicativos de dinámicas representacionales estructurales y no como fenómenos aislados.

 

1.3 Construcción del corpus y tratamiento estadístico

Los resultados fueron organizados en una base de datos que permitió cuantificar las apariciones anuales de cada descriptor y observar su evolución longitudinal mediante una base de datos en Microsoft Excel, compartiéndose con Power Point para la confección de gráficas, ambos programas en su versión 16.56 para Mac de 2021.

A los datos se les aplicó un análisis descriptivo de frecuencias y representación gráfica de tendencias longitudinales, excluyéndose las menciones irrelevantes vinculadas exclusivamente a contextos administrativos o académicos cuando no aportaban información sobre la representación social del estudiante.

A partir del corpus documental se procedió al análisis cuantitativo de los descriptores seleccionados con el fin de identificar patrones de frecuencia y evolución temporal en los que los datos cuantitativos se interpretan como indicadores de las formas de representación cultural presentes en la prensa.

 

Resultados

Antes de pasar a la explotación estadística de este trabajo procede resaltar la trascendencia del contexto porque aporta las causas por las que las comparsas y estudiantinas conformadas por escolar salieron a la calle. Independientemente del aspecto lúdico derivado de realizar una actividad, inicialmente en las calles pasando, desde finales de la década de 1870 a los escenarios de los teatros (Martín Sárraga, 2022b, p. 182): allegar recursos con los paliar el hambre de los pobres, así como para acoger y tratar a  soldados enfermos y heridos al regreso del frente de  combate (Martín Sárraga, 2022b, p. 388), entre otros fines.

Gráfica 1. Evolución de los motivos que generaron cuestaciones estudiantinas (1834-1868) (Martín Sárraga, 2022b, p. 397)

La Gráfica 1 permite identificar los fines que impulsaron las cuestaciones estudiantiles entre 1834 y 1868, mostrando el peso de la beneficencia, la atención a pobres y el auxilio en contextos de crisis. Su valor para este estudio reside en que documenta el trasfondo material y asistencial de unas agrupaciones que más tarde serían progresivamente reinterpretadas por la cultura impresa en clave festiva y tipificada. Las referencias al estudiante sopista mantuvieron una presencia significativa hasta mediados del periodo, comportamiento que sugiere la persistencia de un modelo representacional heredado y confirma que la transformación del imaginario estudiantil no fue inmediata, sino el resultado de un proceso gradual de reconfiguración cultural.

Tras estos comienzos, las estudiantinas académicas (llamamos así a las conformadas por escolares) continuaron postulando, destinando sus colectas a paliar a  la precariedad de viudas y huérfanos de catástrofes medioambientales (riadas, terremotos, galerna), entre otros fines (Gráfica 2). La evolución comparada de los descriptores asociados al estudiante permite observar no sólo una variación cuantitativa, sino una transformación cualitativa en los modos de representación. Como muestra dicha gráfica, mientras los términos vinculados al estudiante sopista mantienen una presencia significativa en las primeras décadas del periodo, los descriptores asociados a prácticas festivas como estudiantina o comparsa experimentan un crecimiento progresivo a partir de mediados del siglo XIX.

Este comportamiento no puede interpretarse únicamente como una fluctuación léxica, sino como un indicio cuantificable de un proceso de reconfiguración cultural mediante el cual la figura del estudiante fue progresivamente reinterpretada dentro de los nuevos marcos simbólicos de la sociabilidad urbana y festiva. En este sentido, los datos sugieren la transición entre dos modelos de representación: el estudiante asociado a la precariedad material heredada de la tradición universitaria y el estudiante integrado en las nuevas formas de visibilidad pública propias de la cultura festiva decimonónica.

Gráfica 2. Evolución pormenorizada del número de citas a agrupaciones postulantes por periodos (Martín Sárraga, 2022b, p. 389)

Nota: Hemos añadido el recuadro rojo a la tabla original, enmarcando el ámbito temporal de esta investigación.

La Gráfica 2 aporta la visibilidad documental de las agrupaciones postulantes en la prensa por periodos. Su interés radica en mostrar que las comparsas y estudiantinas no constituyeron una presencia episódica o anecdótica, sino un fenómeno social sostenido cuya huella hemerográfica permite documentar su inserción en prácticas públicas de cuestación, beneficencia y socorro social. Este dato resulta relevante porque proporciona el sustrato histórico real sobre el que más tarde operó su reinterpretación costumbrista.

Por su parte, la Gráfica 3 permite valorar el peso relativo de esas agrupaciones dentro del conjunto documental, mostrando que su presencia no fue marginal en el periodo estudiado. Más que probar una transformación simbólica, estos porcentajes permiten establecer la densidad histórica del fenómeno postulante y, por tanto, la existencia de una base social efectiva previa a su ulterior estilización festiva y tipificación cultural.

Gráfica 3. Porcentajes globales de citas a agrupaciones postulantes* por periodo (Martín Sárraga, 2022b, p. 388)

(*) Citadas en la prensa como comparsas y estudiantinas. Como parte del periodo en el que consolidaron su imagen e identidad (décadas de 1870 a 1930) las estudiantinas académicas cambiaron progresivamente de nombre al de tunas (flecha amarilla). Nota: Hemos añadido el recuadro rojo a la tabla original, enmarcando el ámbito temporal de esta investigación.

Las gráficas precedentes no pretenden todavía analizar la representación cultural del estudiante en el costumbrismo, sino documentar el contexto histórico y social en el que se desarrollaron las agrupaciones estudiantiles que posteriormente serían objeto de tipificación literaria y periodística.

Los datos documentados sobre las actividades benéficas de las agrupaciones estudiantiles permiten establecer la conexión entre prácticas sociales efectivas y su posterior estilización costumbrista. Igualmente, muestran que las comparsas y estudiantinas no constituyeron un fenómeno episódico, sino una práctica social sostenida vinculada a actividades de cuestación, beneficencia y sociabilidad pública.

En este sentido, la evolución de las referencias a agrupaciones postulantes y la distribución de sus motivaciones permiten identificar el sustrato material sobre el que más tarde operaría su reinterpretación cultural. Más que manifestaciones puramente festivas, estos datos sugieren la existencia de prácticas estudiantiles con una función social definida que sólo posteriormente serían reinterpretadas dentro del repertorio simbólico del costumbrismo.

Este contexto resulta fundamental para comprender que la imagen festiva del estudiante no surgió ex nihilo como creación literaria, sino que se apoyó en realidades sociales previas que fueron progresivamente reelaboradas por la cultura impresa. Así, mientras estas gráficas permiten documentar la base histórica del fenómeno, el análisis que sigue se centrará en cómo esa realidad fue transformada en representación cultural a través de los discursos periodísticos y costumbristas.

A partir de este punto, el análisis se centra en los mecanismos mediante los cuales esa realidad histórica fue reinterpretada en términos de representación cultural.

 

2.1. Distribución general de descriptores

La primera búsqueda de descriptores generales en el periodo que enmarca temporalmente esta investigación (01-01-1843 a 31-12-1872) aportó una visión panorámica del marco temporal a estudiar:

452 referencias al sopista (10 de ellos al estudiante sopista).
374 referencias a la sopa boba, 223 a la sopa de los conventos, 23 a la sopa conventual (620 totales).
189 referencias al hambre canina (4 al hambre estudiantina, no contabilizadas).
38 referencias al estudiante pobre (1 al estudiante necesitado).
16 referencias al manteísta (ninguno al estudiante manteísta), no contabilizadas.
637 referencias a estudiantina, 268 a estudiantinas.
41 referencias a comparsas de estudiantes.
6 referencias a comparsa carnavalesca, no contabilizadas.
4 referencias a comparsa de carnaval, no contabilizadas.
46 con la expresión los estudiantes son.
27 con la expresión el estudiante es, tratando solo una al escolar de antaño.
3 con la expresión el estudiante español.

 

Aunque, en el caso de la comida que se ofrecía a las puertas de los conventos y obras pías hubo algunos que arrojaron cifras comparativa y relativamente bajas, los mantuvimos para valorar su evolución lexicográfica.

Todos los descriptores tuvieron una interpretación inequívoca excepto estudiantina. Su estudio requirió de la lectura, uno por uno, de los artículos que lo contenían para incluir en el análisis únicamente a los que lo utilizaron como sinónimo de comparsa de estudiantes y no para referirse al cuerpo escolar ni a un género musical homónimo.

A simple vista se aprecia el interés inequívoco de la prensa decimonónica por temas relacionados con la alimentación de las personas más desfavorecidas desde el siglo XVI al Antiguo Régimen, prefiriéndose el uso de la expresión sopa boba de entre todas las variantes utilizadas para hablar del caldo con tropezones —generalmente mendrugos de pan (Martín Sárraga, 2020, en línea)— ofrecido por las órdenes religiosas.

Paralelamente, el siguiente descriptor más utilizado fue el de sopista, que la prensa decimonónica tendió a equiparar con el estudiante pobre pero cuya participación (frecuente e inequívoca) en el reparto de la sopa no hemos podido detectar en la obra pictórica ni en medios impresos no literarios previos al siglo XIX.

 

2.1.1. Distribución cronológica

Los hallazgos fueron agrupados cronológicamente por tipo de descriptor, pasando a continuación a la explotación estadística del corpus.

El análisis longitudinal muestra una disminución progresiva de las referencias al estudiante pobre que discurrió paralelamente al aumento de menciones relacionadas con estudiantinas y carnaval.

Los datos obtenidos permiten constatar que la aparición del estudiante como tipo costumbrista no responde a una simple frecuencia descriptiva, sino a un proceso de selección cultural que favoreció determinados perfiles socialmente reconocibles frente a otros posibles.


 Tabla 1. Aparición de los descriptores en la prensa histórica

Año

S

SB

SC

SdeC

Sopas (total)

HC

EP

CdeE

E

EE

ES

1843

4

5

0

0

5

8

1

1

3

0

0

1844

2

3

0

0

3

7

0

1

7

0

0

1845

1

0

0

0

0

2

7

0

2

0

0

1846

3

1

1

0

2

6

0

2

7

0

0

1847

49

1

0

0

1

5

0

0

0

0

0

1848

13

1

0

0

1

1

0

1

9

0

0

1849

2

0

1

0

1

5

0

0

1

0

0

1850

3

1

0

4

5

4

0

1

2

0

0

1851

2

3

0

0

3

13

0

7

1

0

0

1852

59

0

0

5

5

15

0

2

1

0

0

1853

6

15

0

3

18

2

0

0

1

0

0

1854

28

8

0

12

20

3

1

0

0

0

0

1855

7

4

1

3

8

11

1

3

6

0

0

1856

2

9

0

3

12

4

0

4

1

0

0

1857

2

5

0

5

10

4

0

0

0

1

0

1858

76

3

0

1

4

9

1

1

2

0

0

1859

10

2

0

8

10

2

2

1

5

0

0

1860

6

5

0

1

6

7

4

6

9

0

0

1861

3

2

0

17

19

0

0

0

1

0

0

1862

3

0

0

6

6

7

4

1

2

0

0

1863

6

53

1

5

59

4

3

0

1

0

0

1864

14

6

3

2

11

15

1

2

3

0

0

1865

8

96

3

56

145

8

0

1

1

0

0

1866

23

38

2

12

52

9

4

0

7

0

0

1867

13

3

4

9

16

5

4

0

2

0

0

1868

20

13

3

48

64

7

1

3

4

0

0

1869

4

21

1

3

25

6

1

0

5

0

0

1870

1

54

2

5

61

5

1

1

32

0

0

1871

54

11

1

9

21

4

0

0

4

0

0

1872

28

11

0

6

17

11

2

3

2

0

0

Totales

452

374

23

223

620

189

38

41

121

1

0

Leyenda: S. Sopista. SB: Sopa boba. SC: Sopa conventual. SdeC: Sopa de los conventos. HC: Hambre canina. EP: Estudiante pobre. CdeE: Comparsa de estudiantes. E: Estudiantina. EE: El estudiante es. ES: Los estudiantes son.

Tabla de elaboración propia.

 

2.1.2. Tendencias evolutivas de los descriptores

Las gráficas que mostramos a continuación muestran una elevada oferta de contenidos relacionado con la sopa ofrecida a las puertas de los conventos y un desplazamiento progresivo desde el modelo tradicional del estudiante pobre hacia su representación festiva.

 

Gráfica 4. Tendencia de los descriptores relacionados con el hambre y la sopa

Tabla de elaboración propia

 

Gráfica 5. Tendencia de los descriptores sopista y estudiante pobre

Tabla de elaboración propia

 

Gráfica 6. Tendencia de los descriptores Comparsa de estudiantes y Estudiantina

Tabla de elaboración propia

Consideradas en conjunto, estas gráficas permiten observar no sólo una variación en la frecuencia de los descriptores, sino la transición entre dos modelos culturales de representación del estudiante, lo que confirma la existencia de un proceso de transformación simbólica progresiva. De igual modo, muestran la realidad práctica y asistencial de las agrupaciones postulantes (comparsas de estudiantes y estudiantinas) que, como veremos luego, fue reelaborada culturalmente por la prensa y el costumbrismo

 

2.1.3. Interpretación estadística básica

 

Más allá de la mera distribución cuantitativa, el interés historiográfico de estos datos reside en lo que revelan sobre los mecanismos culturales de selección y estabilización de los tipos sociales.

El análisis conjunto de los descriptores permite observar no sólo la frecuencia de determinadas expresiones, sino también la existencia de un desplazamiento discursivo en la representación del estudiante a lo largo del periodo estudiado. Mientras que las referencias al sopista y a las formas tradicionales de pobreza estudiantil remiten a un imaginario heredado del Antiguo Régimen, la creciente presencia de términos como estudiantina y comparsa de estudiantes evidencia un proceso de reinterpretación cultural en clave festiva característico del siglo XIX.

Este comportamiento sugiere que la prensa no se limitó a reflejar la realidad social del estudiante, sino que contribuyó a reorganizar sus representaciones culturales, desplazando progresivamente el énfasis desde la precariedad material hacia su dimensión lúdica y carnavalesca. En este sentido, los datos muestran la coexistencia de dos modelos de representación cultural: el estudiante necesitado heredado de la tradición universitaria y el estudiante festivo construido por la cultura impresa decimonónica.

Más que una sustitución inmediata de modelos, los datos sugieren un proceso de superposición representacional en el que ambos imaginarios coexistieron durante buena parte del siglo XIX. Sin embargo, la escasa coincidencia entre los descriptores asociados al estudiante sopista y los vinculados al estudiante festivo sugiere la existencia de una discontinuidad representacional más que una evolución progresiva.

El desplazamiento progresivo de descriptores asociados a pobreza, supervivencia o marginalidad hacia otros vinculados a sociabilidad festiva y performatividad pública apunta además a un proceso de resignificación simbólica de la figura estudiantil. Los datos sugieren así un tránsito desde una marginalidad socioeconómica efectiva hacia una marginalidad representada y dotada de una estética propia, característica de los procesos culturales del costumbrismo. En este contexto, el estudiante dejó progresivamente de aparecer como un problema social para convertirse en un personaje cultural.

En conjunto, los datos permiten afirmar que la transformación del estudiante en tipo costumbrista no respondió únicamente a cambios sociales objetivos, sino a un proceso de simplificación tipológica favorecido por la reiteración discursiva de la prensa, lo que confirma el papel activo de la cultura impresa en la producción de categorías sociales reconocibles.

Teniendo esto en cuenta, llama la atención que sólo hubiera un artículo  que habló de las cualidades atribuidas al estudiante. El artículo, centrado en las antiguas universidades, comentaba:

Regíanse y reglamentaban por sí mismas, proveían por oposición las cátedras, siendo a veces electores los discípulos, que no solían extraviarse en sus juicios porque el estudiante es un juez excelente del catedrático…

(Las Novedades, 1857, p. 1)

 

Resulta significativo que las referencias explícitas a las cualidades del estudiante sean extremadamente escasas dentro del corpus analizado. Este hecho sugiere que la tipificación cultural de esta figura no se produjo mediante definiciones directas de sus atributos, sino a través de un proceso de acumulación representacional derivado de la reiteración de imágenes y atributos dispersos. De este modo, la imagen del estudiante no parece haber sido construida tanto mediante descripciones programáticas como mediante la sedimentación progresiva de rasgos culturales reconocibles. Este comportamiento refuerza la hipótesis de que el costumbrismo operó más como un sistema de reconocimiento cultural que como un sistema de definición sociológica, produciendo tipos sociales mediante familiaridad representacional más que mediante caracterización formal.

Por otra parte, la reiteración de determinados descriptores en la prensa sugiere asimismo un proceso de estabilización editorial mediante el cual la figura del estudiante festivo fue fijándose como tipo social reconocible. Este fenómeno confirma el papel del costumbrismo como mecanismo de reorganización simbólica de las categorías sociales.

Los resultados obtenidos no deben interpretarse únicamente como una evolución léxica, sino como indicios cuantificables de un proceso de transformación cultural en la forma en que la sociedad decimonónica construyó la figura del estudiante, en la medida en que, como señaló Hobsbawm, “traditions which appear or claim to be old are often quite recent in origin and sometimes invented” (Hobsbawm, 1983, p. 1).

En síntesis, el análisis cuantitativo de los descriptores asociados a la figura del estudiante permite identificar un proceso de transformación cultural mediante el cual la sociedad decimonónica redefinió esta figura, desplazándola desde su asociación tradicional con la pobreza hacia una representación festiva y tipificada, lo que confirma el papel del costumbrismo como mecanismo activo de producción de categorías sociales. De este modo, el estudiante decimonónico aparece no sólo como una realidad social heredada, sino como una construcción cultural progresivamente reconfigurada por la prensa y el costumbrismo.

 

2.2. Clasificación temática de las representaciones del estudiante

Las cifras obtenidas permiten identificar la existencia de tres grandes ámbitos de representación del estudiante en la prensa decimonónica, que responden a tradiciones culturales distintas y a funciones sociales diferenciadas:

Vida universitaria antiguorregimental

Estudiante pobre
Precariedad
Dependencia de instituciones benéficas

Estudiante pobre

Imagen literaria del sopista
Vínculo al hambre y necesidad

Estudiante festivo

Carnaval
Comparsas
Estudiantinas

Esta transición sugiere una progresiva redefinición cultural del estudiante.

El rango tan grande de sus magnitudes determinó que optáramos por la explotación estadística de los datos, dejando el relato de contenidos para el caso del estudiante pobre y su máxima expresión medieval, el estudiante sopista.

De igual modo, la panorámica anterior obligó a normalizar los descriptores, que pasaron a ser: sopista, hambre canina, estudiante pobre, estudiantina/s y comparsas de estudiantes. Finalizamos el análisis con los contenidos de los artículos en los que encontramos las expresiones los estudiantes son  y el estudiante es.

Berger y Luckmann recordaron “all societies construct typifications which make social reality understandable” (Berger & Luckmann, 1966, p. 52), permitiéndonos interpretar estas generalizaciones como mecanismos de inteligibilidad social más que como simples descripciones literarias.

Consideradas en conjunto, estas categorías muestran que las representaciones del estudiante en el costumbrismo no responden a invenciones literarias aisladas, sino a un proceso de reelaboración cultural de prácticas sociales preexistentes. Más que crear tipos ex novo, la prensa y la literatura costumbrista transformaron realidades estudiantiles documentables en modelos culturales reconocibles mediante procesos de selección temática, reiteración editorial y estilización simbólica.

En este sentido, los datos permiten interpretar el costumbrismo no sólo como un género descriptivo, sino como un mecanismo activo de producción de tipos sociales, evidenciando el papel de la cultura impresa en la redefinición de las categorías sociales del siglo XIX. Este proceso confirma que la figura del estudiante festivo no surgió únicamente como construcción literaria, sino como el resultado de la reinterpretación cultural de realidades históricas previas dentro de los nuevos marcos simbólicos de la sociedad liberal.

Así, el estudiante costumbrista aparece no sólo como personaje literario, sino como resultado de un proceso de construcción cultural verificable empíricamente,  proceso que puede comprenderse mejor si se analiza su contexto histórico y cultural.

 

Análisis histórico-cultural

El análisis temático precedente permite identificar las principales modalidades de representación del estudiante en la prensa costumbrista. Sin embargo, estas categorías sólo adquieren pleno significado si se interpretan dentro de su contexto histórico-cultural, ya que muchas de estas imágenes no constituyen creaciones originales del siglo XIX, sino reelaboraciones de tradiciones representacionales anteriores.

Desde esta perspectiva, la evolución observada puede entenderse como el resultado de la coexistencia y progresiva reconfiguración de dos grandes marcos culturales: por un lado, la pervivencia de modelos heredados del Antiguo Régimen, vinculados a la pobreza estudiantil y a las formas tradicionales de sociabilidad universitaria; por otro, la emergencia de nuevas representaciones asociadas a la cultura urbana, festiva y liberal del siglo XIX.

Para comprender este proceso resulta necesario analizar, en primer lugar, los elementos de continuidad que remiten a la tradición universitaria preliberal, antes de examinar las transformaciones que dieron lugar a las nuevas formas de representación del estudiante en la cultura decimonónica.

Este enfoque permite observar cómo las representaciones del estudiante no responden únicamente a cambios sociales inmediatos, sino también a la persistencia de tradiciones culturales que fueron reinterpretadas en el nuevo contexto liberal.

Lo que muestran los resultados anteriores no es únicamente una variación en la presencia de determinados términos en la prensa, sino la coexistencia de distintos estratos culturales de representación del estudiante. Los datos permiten afirmar cómo, junto a las nuevas formas de visibilidad festiva propias de la sociabilidad liberal, persistieron imaginarios heredados de la tradición universitaria preliberal, especialmente los vinculados a la pobreza estudiantil y a las prácticas asistenciales.

Desde esta perspectiva, la evolución observada no puede interpretarse como una simple sustitución de modelos culturales, sino como un proceso de sedimentación representacional en el que tradiciones antiguorregimentales fueron reinterpretadas dentro de los nuevos marcos simbólicos del siglo XIX. Precisamente por ello, el análisis histórico-cultural resulta imprescindible para comprender que muchos de los rasgos que el costumbrismo fijó como tipos sociales no surgieron como invenciones literarias, sino como reelaboraciones de prácticas y representaciones preexistentes.

Este enfoque permite situar el proceso de tipificación del estudiante dentro de una genealogía cultural más amplia, en la que la tradición universitaria del Antiguo Régimen actuó como repertorio simbólico de partida sobre el que operaron los mecanismos de simplificación y estilización característicos del costumbrismo. Para comprender esta continuidad representacional resulta necesario examinar primero los elementos heredados de esa tradición.

 

3.1. Tradición antiguorregimental

La figura del estudiante pobre cuenta con una larga tradición literaria, visible ya en la literatura del Siglo de Oro. Miguel de Cervantes describió de la siguiente manera la precariedad en la que vivía el escolar de antaño:

Esta pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya en frío, ya en desnudez, ya en todo junto; pero, con todo eso, no es tanta, que no coma, aunque sea un poco más tarde de lo que se usa; aunque sea de las sobras de los ricos, que es la mayor miseria del estudiante esto que entre ellos llaman andar á la sopa...

(Cervantes Saavedra, 1605, p. 323)

A pesar de ello, la precariedad de las arcas del reino no permitía mejorar la red asistencial. Buena muestra de ello es que en 1834:

…el país solo disponía de un monte de piedad, no había casas de maternidad, hospitalidad domiciliaria ni lavaderos, se recomendaba el socorro domiciliario como medida para suprimir la mendicidad, y se promulgaba la Nueva Ley de Pobres como un intento de corregir la situación.

(Martín Sárraga, 2022b, pp. 87-88)

 

A pesar de ello las desamortizaciones habidas en el entorno de la Guerra de la Independencia determinaron la venta y desaparición de los conventos y obras pías que repartieron la sopa boba de modo continuado hasta entonces, detectando únicamente su reparto puntual entre 1822 y 1868 en Madrid y su entorno, así como en la provincia de Valencia (Martín Sárraga, 2022b, pp. 98-99).

 

3.2 La construcción costumbrista del tipo

 

El costumbrismo consolidó esta imagen mediante su repetición editorial. Este proceso responde a dinámicas de institucionalización simbólica, ya que, como indican Berger y Luckmann, “institutionalization occurs whenever there is a reciprocal typification of habitualized actions” (Berger & Luckmann, 1966, p. 54).

El proceso mediante el cual el costumbrismo transformó figuras sociales reales en tipos culturales reconocibles puede entenderse como una operación de simplificación representacional. Los cuadros de costumbres no pretendían describir individuos concretos, sino fijar rasgos característicos que permitieran identificar rápidamente categorías sociales reconocibles por el lector. Este mecanismo implicaba la selección de atributos visibles —vestimenta, comportamientos, espacios de sociabilidad— que funcionaban como marcadores simbólicos de pertenencia social.

El estereotipo del estudiante protagonizó muchas representaciones teatrales, como el sainete La astucia estudiantina, que encontramos en cartelera durante varios años (La Posdata, 1843 a Diario oficial de avisos de Madrid, 1849), y la comedia La Estudiantina, o el Diablo de Salamanca (El Español, 1847 a El Genio quirúrgico, 1863) y obras literarias.

El interés por contenidos del costumbrismo estudiantil continuó durante la primera mitad del siglo XX, sirviendo de ejemplo la novela El libro del mal estudiante (Aunós Pérez, 1919) y el “poema de la clásica vida escolar española” Farsa de estudiantina (Hernández, 1930), cuyas portadas continuaron tipificando la imagen de los escolares.

Imagen 1. Portadas de novelas costumbristas

Fuentes: Izqda.: Aunós Pérez, E. (1919). El libro del mal estudiante. Madrid: imprenta Clásica Española. Drcha.: Hernández, A. (1930). Farsa de estudiantina (poema de la clásica vida escolar española). Madrid: Imprenta Sáez Hermanos.

 

Aguirre Gómez sostiene que el costumbrismo literario tuvo lo estético como sentido sin olvidar su contextualización dentro de la totalidad histórica y social, de la que se nutre, que surgió para aumentar los ratos de ocio de la ascendente burguesía industrializada (Aguirre Gómez, 1980, pp. 204, 206 y 208).

Para Caballero López, los autores costumbristas recurrieron al prestigio literario de la mitología clásica para elevar la trivialidad de los tipos y ambientes que describen (Caballero, 2002, p. 175). Entre las novelas que tuvieron a los escolares pobres como protagonistas fue Murcia que se fue, que comienza plasmando la precariedad de unos estudiantes pobres que vivían cerca de la catedral en la persona del sopista Caña-Eja (Fuentes y Ponte, 1872, pp. 27 y ss.). Otros ejemplos son El bachiller de Salamanca (Le Sage, 1845), Cantos del trovador (Zorrilla, 1859), La capa del estudiante (Lustonó, 1880), Cuentos viejos (Monreal, 1880), La casa de la Troya (Pérez Lugín, 1915), La capa del estudiante (León, 1922: León, 1944) y Huerto cerrado (Montenegro, 1949).

Sólo hemos detectado a un autor abarcando el costumbrismo estudiantil, Fermín Ezpeleta Aguilar, evidenciando el desconocimiento generalizado sobre los tipos costumbristas que han trascendido al presente.

Imagen 2. Literatura hallada

 

Izqda.: Ezpeleta Aguilar, E. (2019). Vicente de la Fuente y el costumbrismo estudiantil. Zaragoza: Taula Ediciones. Dcha.: Ezpeleta Aguilar, E. (2024). La novela española de costumbres universitarias. Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza.

 

La música fue precozmente una aliada en la transmisión del costumbrismo estudiantil, con la aparición de un nuevo género musical, la jota estudiantina; sirva la siguiente letra como ejemplo hallado en El cantor de las hermosas. Trovas de amor dedicadas al bello sexo por unos aficionados. (Anónimo, 1861):

I

Caballero generoso

échenos una peseta

que tenemos la barriga

como un farol de retreta.

III

Caballero respetuoso

Alargue esa mano amiga

Para liberar del hambre

Nuestra escuálida barriga.

V

Échenos cuatro reales,

Caballero del bigote,

para comprar una escoba

con que barrer el gañote

II

Es tanto el hambre que tengo

que ahora mismo me comiera

ocho panes de seis libras

y detrás la panadera.

IV

Señora de esa ventana

si a usté le place esta luna

échenos un peso duro

para aplacar esta gazuza (*).

VI

Usté, señor farmacéutico

bien puede aplacar filantrópico

con el jarabe de Méjico (**)

el hambre de un escolástico.

                       

(*) “Hambre molesta o vehemente” ( Salvá, 1846, p. 550).

(**) Posible alusión, por alegre, al jarabe, baile zapateado mexicano que aparecía por primera vez en un diccionario en 1846. (Salvá, 1846, p. 632).

También detectamos el costumbrismo en la zarzuela durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, como La estudiantina, zarzuela en tres actos y en verso (Sierra, 1893).

 

La tipificación decimonónica mostró la imagen del estudiante galante, muy utilizada (Imágenes 2 y 3), así como a las banderas de las Estudiantinas y Tunas de la época (Imagen 4).

Imagen 2. Cortejo estudiantil

Fuente: Ilustración Non Plus Ultra. (1887). Barcelona. Junio de 1887, p. 298.

 

Imagen 3. Maja y estudiante con pipa

Fuente: Rafael Juliá Entraigues. (ca 1910). Maja y estudiante con pipa, óleo sobre tabla. Colección de Rafael Santalla.

Imagen 4. Bandera de la Tuna Escolar Vallisoletana (1902)

Fuente: Museo de la Universidad de Valladolid. (1902). Bandera pintada por el académico Luciano Sánchez Santarén. Imagen reparada digitalmente por el autor. Recuperada de https://demucientes.wordpress.com/2020/11/26/dibujos-y-pinturas-ineditas-deluciano-sanchez-santaren/ el 30-01-2022.

 

En el caso del estudiante, este proceso supuso la transformación de una realidad histórica compleja y diversa en una serie de imágenes relativamente estables que podían ser reproducidas y reconocidas culturalmente. De este modo, la reiteración editorial de determinadas escenas y atributos contribuyó a fijar un repertorio visual y narrativo que terminó funcionando como un sistema de reconocimiento social más que como una descripción sociológica precisa.

Desde esta perspectiva, el costumbrismo actuó menos como un espejo de la realidad social que como un dispositivo cultural de clasificación, capaz de transformar prácticas sociales existentes en categorías culturales estables mediante su repetición y estilización. En este sentido, no sólo describió la sociedad contemporánea, sino que , el costumbrismo contribuyó activamente a organizarla cognitivamente mediante la producción de repertorios tipológicos reconocibles.

 

3.3 La carnavalización del estudiante

 

Durante el siglo XIX la figura estudiantil se integró progresivamente en la cultura festiva urbana, en la que desde la década de 1830 predominó el carnaval. Desde sus orígenes, las comparsas de estudiantes y posteriormente las estudiantinas y tunas académicas mostraron un elevado compromiso social, destinando el 76% de lo recaudado en sus salidas postulantes y conciertos a la beneficencia (23%), socorrer a las víctimas de catástrofes naturales (18%), auxiliar a los heridos de las guerras (17%), allegar fondos para los hospitales (9%) y aliviar la pobreza (9%), destinándose el resto a otras iniciativas altruistas (Martín Sárraga, 2022b, p. VI).

Este dato resulta especialmente significativo porque muestra que la imagen festiva del estudiante no surgió como una invención literaria desvinculada de la realidad, sino como fruto de su compromiso asistencial y de la estilización cultural de prácticas efectivas que gozaban de visibilidad pública (Martín Sárraga, 2022b), como apreciamos en la siguiente letra de Miguel de Palacios y de José María de la Torre (El Álbum Iberoamericano, 1896, p. 10):

La Estudiantina

Pronto empezará la orgía, pronto la

locura empieza, pronto empieza el

desenfreno, pronto reina la careta.

Ya pronto el Champagne espuma, ya entre

restos de una cena habrá flores por el

suelo, mustias, marchitas y secas,

y habrá muertas esperanzas e

ilusiones también muertas.

 

Ya no cabe duda alguna, la gran

bacanal se acerca: ya se oye la

estudiantina

por las calles y por plazuelas.

Ya van en tropel los jóvenes, y al

compás de sus vihuelas, ensayan

alegres cantos,

que en los oídos resuenan como

placeres que vienen, como

esperanzas que llegan.

 

Estudiante y Carnaval ambos a dos se

completan: siempre son los estudiantes

los que animan estas fiestas.

Ya con con su negro manteo

y la chupa también negra,

con su sombrero cruzado y

con su calada media, van

recorriendo las calles al son

de canciones bellas, y

entonando alegres jotas,

que en nuestra bendita tierra ese canto

popular es himno de independencia.

 

Los niños con embeleso

al verlos pasar se alegran,

y los viejos al mirarlos

tiempos felices recuerdan.

Bien haya la estudiantina,

que con sus cantos alegra

y anuncia todos los años

que ya el Carnaval se acerca,

que ya comienza la orgía,

que ya la locura empieza,

que ya sus alegres cantos

en los oídos resuenan.

 

 La cultura costumbrista no creó estas figuras, sino que contribuyó a reorganizar su significado cultural, desplazando el énfasis desde su función asistencial hacia su dimensión representacional.

En este sentido, el estudio del estudiante costumbrista permite observar cómo las sociedades no sólo producen representaciones culturales, sino que, mediante su reiteración, terminan convirtiéndolas en tradiciones aparentemente naturales.

 

Generalización tipológica

 

El proceso analizado permite observar que la tipificación costumbrista del estudiante no fue el resultado de una mera invención literaria, sino la consecuencia de un proceso de generalización cultural mediante el cual representaciones reiteradas de prácticas sociales concretas terminaron funcionando como categorías sociales abstractas.

En este sentido, las descripciones recurrentes presentes en la prensa decimonónica muestran el paso desde la representación de comportamientos individuales hacia la formulación de atributos colectivos, proceso característico de los mecanismos de tipificación social descritos por Berger y Luckmann.

Los ejemplos analizados permiten así observar no sólo la evolución de un tipo social concreto, sino también los mecanismos culturales mediante los cuales el costumbrismo contribuyó a fijar repertorios reconocibles de clasificación social.

La reiteración de descripciones generales como el estudiante es o los estudiantes son responden a procesos de clasificación social, como señalan Berger y Luckmann al decir “all societies construct typifications which make social reality understandable” (Berger & Luckmann, 1966, p. 52). Estas generalizaciones muestran el paso desde la descripción individual hacia la categoría social abstracta. De este modo, los resultados confirman que el costumbrismo no sólo describió tipos sociales, sino que contribuyó activamente a producirlos mediante su reiteración cultural.

 

Discusión

 

Más allá del caso concreto del estudiante universitario, estos resultados permiten observar cómo el costumbrismo funcionó como un dispositivo cultural de clasificación social que no se limitó a reflejar la realidad, sino que contribuyó activamente a organizarla mediante la fijación reiterada de tipos reconocibles, proceso en el que la prensa desempeñó un papel fundamental como mecanismo de difusión y estabilización de estas representaciones.

En este sentido, Roger Chartier, al señalar que “representations of the social world are themselves components of social reality” (Chartier, 1992, p. 18), permite interpretar la prensa no sólo como vehículo de transmisión cultural, sino como agente activo en la construcción del imaginario social, en la medida en que la reiteración editorial puede transformar representaciones culturales en categorías aparentemente naturales.

Desde esta perspectiva, los resultados obtenidos permiten formular algunas consideraciones de carácter historiográfico sobre el papel del costumbrismo en la construcción cultural de las categorías sociales. El fenómeno analizado confirma que el mundo social no constituye una realidad dada sino una construcción histórica, en la medida en que “the social world is not simply there: it is constructed” (Berger & Luckmann, 1966, p. 13).

En consecuencia, el costumbrismo puede interpretarse no sólo como un género literario descriptivo, sino como una tecnología cultural de clasificación social y producción de inteligibilidad cultural mediante la cual la sociedad decimonónica aprendió a reconocerse a sí misma a través de repertorios tipológicos estables.

 

Conclusión

Los resultados obtenidos permiten demostrar que la figura del estudiante en el costumbrismo español no debe entenderse únicamente como un reflejo de la realidad social universitaria, sino como el resultado de un proceso de construcción cultural mediante el cual determinadas prácticas sociales fueron progresivamente transformadas en tipos sociales reconocibles a través de mecanismos de selección representacional, reiteración editorial y estilización simbólica.

A partir de estos resultados pueden sintetizarse tres conclusiones principales. En primer lugar, el análisis cuantitativo de la prensa permite constatar la existencia de una evolución en los descriptores asociados al estudiante, evidenciando su progresivo desplazamiento desde su identificación con la pobreza universitaria hacia su integración en el imaginario festivo y cultural del siglo XIX. Este proceso pone de manifiesto que la configuración de los tipos costumbristas respondió a dinámicas culturales de estabilización simbólica más que a la mera descripción de realidades sociales estáticas.

En segundo lugar, el estudio confirma el papel activo de la prensa como agente en la producción y consolidación de estos tipos sociales, en la medida en que la reiteración editorial contribuyó a fijar modelos reconocibles que facilitaron su identificación colectiva. De este modo, el costumbrismo puede entenderse como un espacio privilegiado de observación de los procesos mediante los cuales determinadas prácticas sociales fueron simplificadas y convertidas en repertorios tipológicos culturalmente inteligibles.

En tercer lugar, los resultados obtenidos permiten plantear una consideración de carácter metodológico e historiográfico más amplia: el análisis longitudinal de la prensa histórica constituye una herramienta especialmente eficaz para estudiar empíricamente los procesos de construcción de tipos sociales y las transformaciones de los imaginarios culturales. Desde esta perspectiva, el trabajo sugiere que la combinación de aproximaciones cuantitativas y análisis histórico-cultural permite avanzar hacia una comprensión más precisa de los mecanismos mediante los cuales la cultura impresa participó en la organización simbólica de la sociedad contemporánea.

En conjunto, el estudio muestra que el costumbrismo no sólo funcionó como un género descriptivo, sino también como un mecanismo cultural de producción de inteligibilidad social mediante el cual la sociedad decimonónica dio forma reconocible a sus propias transformaciones, contribuyendo a fijar representaciones que terminaron por percibirse como expresiones naturales de la realidad social.

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Publicación: 03-06-2026

 

 

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